Sábado, 11 de Julio de 2026

El poder del "¡Ro!" noruego: qué hay detrás de los rituales que unen a un equipo

ChileEl Mercurio, Chile 10 de julio de 2026

Este tipo de acciones, como el Haka de los rugbistas neozelandeses o cantar el himno a capela y hasta el final de los chilenos, ayudan a construir pertenencia, regular las emociones, reducir la ansiedad y enfrentar con mayor confianza los desafíos deportivos.

Tras cada triunfo en la Copa del Mundo, el equipo noruego comienza un ritual frente a su hinchada: los jugadores se sientan en el pasto, ordenados como si estuvieran en un barco vikingo, y un jugador toma el bombo para llevar el ritmo. Tras cada golpe al instrumento, jugadores y fanáticos hacen el gesto de remar y gritan "!Ro¡" (!remen¡, en noruego).
Este es quizás uno de los momentos que será más recordado del Mundial de Fútbol por la mancomunión que logran los jugadores y la hinchada. Es tal el interés que ha causado que la televisión transmite por largos minutos esta ceremonia colectiva.
Rituales como este traen a la memoria otros que se realizan en el ámbito deportivo como el Haka , danza ceremonial de los pueblos maoríes, que el equipo neozelandés de rugby, los "All Blacks", ejecutan mirando a los ojos a sus rivales en los partidos entre selecciones.
"Estos rituales se enmarcan en un fenómeno llamado sincronía conductual, que es lo que construye una identidad colectiva. Por ejemplo, el equipo noruego al 'remar' todos juntos y con los hinchas, crea la imagen de un 'nosotros' que los diferencia de los otros equipos y refuerza la pertenencia, aumenta la cooperación y la confianza mutua", dice Carlos Araos, doctor en Ciencias de la Información, experto en ciberpsicología y rector del CFT Estatal de Arica y Parinacota.
En general, explica Araos, "los rituales, psicológicamente hablando, tienen una función de reducción de la incertidumbre ante escenarios incontrolables. Dan una especie de sensación de control, incorporando acciones rutinarias en este tipo de ambientes".
Coincide con ello Pablo Urrutia, académico de la Escuela de Psicología de la U. de los Andes. "Los rituales aportan a la identidad, a la cohesión y a la regulación emocional de las personas. En un equipo ayuda a que sientan que forman parte de algo en común, que comparten una historia y les ayuda a enfrentar nuevos desafíos", explica.
Así, "ayudan a manejar mejor la ansiedad y la presión en contextos de alta exigencia, como lo es un partido del Mundial, ya que funcionan como un ancla psicológica, lo que quiere decir que ordenan emocionalmente al grupo y refuerzan la confianza colectiva", aclara Urrutia.
"Los rituales en un equipo -deportivo o de trabajo- favorecen la cohesión porque son una instancia de espacio y tiempo compartido, y tienen la lógica de que si hacemos algo en conjunto, las piezas del equipo ya no están tan distanciadas. Ello se puede traducir en un mejor rendimiento", dice Ignacio Gallardo, experto en psicología deportiva y académico del Departamento de Psicología de la U. de Chile. Y agrega: "En una sociedad cada vez más digital, estos rituales más corporales están tomando mayor importancia".
Los rituales pueden ser personales, dice Araos, "como cuando Rafael Nadal ordena las botellas de agua y las deja perfectamente alineadas antes de empezar un partido", y también colectivos y simples, "como los círculos de jugadores abrazados antes de un partido, que es un ritual de sincronización del grupo y de activación para enfrentar el desafío", aclara.
Los rituales se pueden intencionar o no. "Pero la clave es que el grupo lo viva como algo auténtico y propio. Se pueden propiciar condiciones para que aparezcan, aunque los rituales más potentes suelen mezclar espontaneidad y un significado compartido", dice Urrutia.
Cantando a viva voz
Algo así pasó con Chile y su propio ritual en las dos Copas América en las que el país salió campeón. "La selección chilena cantaba el himno hasta el final sin la música. Tanto jugadores como los hinchas lo hacían a viva voz", dice Urrutia.
En el caso del "remo vikingo", añade el especialista, "se une el movimiento sincronizado y la imagen de remar juntos, lo que comunica muy bien la idea de avanzar como equipo".
También hay rituales más intencionados que han logrado notoriedad. "Por ejemplo, los hinchas japoneses cantaron como lo hacen las barras argentinas y eso fue creado y hubo preparación", dice Andrés Ried, doctor en Ocio y Potencial Humano, y director de Investigación del Campus Villarrica de la U. Católica.
Ahora, si se concibe al Mundial como una gran fiesta colectiva, rituales como el de los noruegos tienen una explicación desde otra perspectiva. "En el Mundial, como un gran espacio de ocio, se pueden hacer cosas que no están permitidas en la cotidianeidad y se establecen nuevas reglas y manifestaciones. Las personas quieren participar en estas fiestas colectivas, alargarlas y generar eventos que permitan recordarlas y volver a sentir esa emoción o esa alegría", explica Ried.
Pero los rituales no logran milagros deportivos. "No reemplazan a la preparación o al talento, pero sí te predisponen a tener una mejor competencia", aclara Urrutia.
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