La interrupción, una nueva pandemia
Ana Carolina Murillo C
Ana Carolina Murillo C.
Una persona abre el computador para preparar una propuesta importante. Antes de escribir la primera línea, responde un WhatsApp, revisa correos, atiende una notificación y confirma una reunión. Han pasado veinte minutos. No le faltó tiempo: le fragmentaron la atención. Esta escena se repite todos los días en millones de organizaciones. Las empresas invierten en inteligencia artificial, automatización y herramientas de productividad, pero continúan operando bajo culturas que interrumpen constantemente a las personas. Microsoft encontró que, durante la jornada laboral, un trabajador puede ser interrumpido cada dos minutos por correos, reuniones o mensajes: cerca de 275 veces al día. Además, la mitad de las reuniones ocurre durante las horas de mayor productividad. La paradoja es evidente: tenemos más tecnología para trabajar más rápido, pero cada vez resulta más difícil pensar con profundidad. El neuropsicólogo Aarón Fernández del Olmo explica que los teléfonos inteligentes operan mediante cuatro grandes trampas: sobreestimulación, hipervelocidad, superficialidad y ultraconexión. No solo nos ofrecen más información de la que podemos procesar; también nos acostumbran a saltar de un estímulo a otro. No estamos trabajando más rápido. Estamos interrumpiéndonos más rápido. La investigadora Gloria Mark, de la Universidad de California, encontró que en 2004 las personas permanecían en promedio dos minutos y medio en una pantalla antes de cambiar de foco. Hoy, 2026 lo hacen durante apenas 47 segundos. Cuando una tarea es interrumpida, recuperar la concentración puede tomar cerca de 25 minutos. La multitarea tampoco es tan eficiente como parece. La Asociación Americana de Psicología advierte que los pequeños bloqueos mentales producidos al cambiar continuamente de tarea pueden consumir hasta el 40% del tiempo productivo. Pero sería un error concluir que la distracción es un problema exclusivo de los jóvenes, que nacieron con internet. El uso de redes sociales y teléfonos inteligentes también ha crecido significativamente entre generaciones mayores. El verdadero choque está en las expectativas: para algunos, responder inmediatamente demuestra compromiso; para otros, proteger períodos de silencio es indispensable para trabajar bien. Unos prefieren llamadas; otros, mensajes. Cuando esas diferencias no se conversan, se interpretan como lentitud, desinterés o falta de respeto. Por eso, la gestión de la atención y la interrupción deben ser una prioridad organizacional. Comencemos por acordar qué significa urgente, definir para qué sirve cada canal, crear bloques sin reuniones ni notificaciones y medir a las personas por el valor que generan, no por la velocidad con la que responden. La atención es la materia prima de la creatividad, el aprendizaje y las buenas decisiones. En la economía de la IA, el recurso más escaso puede no ser el tiempo. Puede ser la capacidad de decidir conscientemente a qué se lo entregamos.
La Nerd del Futuro. anita@lanerddelfuturo.com