Sábado, 11 de Julio de 2026

Un joven, un puente y el futuro

ColombiaEl Tiempo, Colombia 11 de julio de 2026

En Colombia todos gritamos: ¡educación! Educación para los niños, para los jóvenes, para los adultos

En Colombia todos gritamos: ¡educación! Educación para los niños, para los jóvenes, para los adultos. Educación pública y privada. Educación técnica, tecnológica y universitaria. Educación para los pobres y para los ricos. Educación para todos. Pero pocas veces nos detenemos a hacer una pregunta de fondo: ¿educación para qué? La respuesta parece obvia: para tener un futuro. Sin embargo, basta conversar con cualquier familia para descubrir que esa promesa ya no resulta tan evidente. Llevamos varios años con más de cuatro millones de jóvenes en la educación superior, entre universidades, instituciones técnicas, tecnológicas y el Sena. Nunca habíamos logrado que tantos colombianos llegaran a ese punto del camino y, aun así, nunca habían sido tan frecuentes las dudas sobre si estudiar realmente garantiza un mejor porvenir. Durante años hemos construido el puente al futuro de una forma desactualizada. Imaginamos que bastaba con levantar una gran infraestructura entre el colegio y el empleo, y que al otro lado esperaba una vida mejor. Pero cuando miles de jóvenes comenzaron a recorrerlo descubrieron algo distinto: el puente estaba hecho de tramos desnivelados, algunos terminaban en el vacío, otros cambiaban de dirección sin previo aviso y varios simplemente nunca se encontraron. Lo más paradójico es que no faltaron ingenieros. Tampoco constructores. Cada institución levantó su propio tramo con los recursos que les damos. El colegio hizo una parte; las universidades, otra (8 billones), el Sena construyó la suya (6 billones), el Icetex financió parte del recorrido (3,8 billones), las empresas esperaron al otro lado, las familias aportaron buena parte de sus ingresos para que el puente pudiera levantarse, y en general Estado destinó billones de pesos para sostener toda la obra. Todos hicieron algo. Sin embargo, nadie pareció responsable de una pregunta elemental: ¿el puente realmente lleva a los jóvenes hasta el futuro? Ese es, quizás, el verdadero problema de la educación superior en Colombia. No es la falta de esfuerzo ni de recursos. Es un fracaso colectivo de coordinación. Y cuando por fin un joven ingresa a la educación superior aparece un nuevo tramo por recorrer: permanecer. El transporte, la alimentación, la conectividad, los materiales, la salud mental o la necesidad de trabajar expulsan del sistema a muchos estudiantes antes de graduarse. Y quienes llegan al final descubren con frecuencia que el diploma, por sí solo, tampoco garantiza empleo, ingresos dignos ni autonomía económica. El puente termina, pero el futuro todavía no comienza. Llevamos años discutiendo el costo de las matrículas, el futuro del Icetex o el número de cupos disponibles. Son debates necesarios, pero siguen siendo discusiones sobre un tramo del puente. El verdadero desafío consiste en dejar de administrar piezas aisladas y empezar a construir un sistema. Uno que conecte acceso con permanencia; educación con empleo; formación con innovación; bienestar con salud mental; universidades con empresas; tecnología con oportunidades; y financiamiento con movilidad social. En otras palabras, un sistema pensado para que los jóvenes aprendan, innoven, emprendan, generen ingresos y construyan autonomía. La educación superior no puede seguir entendiéndose como un servicio. Es, probablemente, la política de futuro más importante que tiene un país. Porque cuando funciona no solo entrega diplomas: construye productividad, fortalece la ciencia, impulsa la innovación, reduce la desigualdad, amplía la movilidad social y transforma la vida de las familias. En los próximos meses Colombia volverá a debatir el rumbo de la educación superior. Ojalá esta vez vayamos más allá de cómo administrar cada tramo del puente. Es un imperativo ético. Porque un país les falla a sus jóvenes cuando los obliga a convertirse en equilibristas para alcanzar el futuro que les prometió.
Estudiar con propósito
Patricia Rincón Mazo
El verdadero problema de la educación superior en Colombia no es la falta de esfuerzo ni de recursos. Es un fracaso colectivo de coordinación: el diploma por sí solo no es garantía de un mejor futuro.
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