Mujeres muestran que la pasión por emprender crece de la mano del "oficio acumulado por décadas"
Una exinformática que hoy abastece supermercados con huevos de codorniz, una viñatera que se adaptó al mercado y una pastelera que lleva más de 40 años trabajando, muestran que emprender no tiene edad. Coinciden en que seguir aprendiendo y trabajando es clave para mantenerse activas.
M aría Eva Duarte (71) dejó, a los 50 años, una exitosa carrera en informática para instalarse en una parcela en San Pedro de Quillota y comenzar desde cero. "Me iba muy bien, pero era trabajólica. Quise parar un poco (...) No me funcionó mucho porque empecé inmediatamente a ver qué podía hacer y me puse a emprender", relata.
Sin experiencia agrícola, fue probando distintos proyectos hasta consolidar un negocio que hoy abastece supermercados, entre ellos al gigante del retail Walmart, con huevos de codorniz. "Me encanta aprender. Hoy me considero especialmente experta en la reproducción de mis aves". Veinte años después, en su empresa, Los Espinos, sigue buscando nuevas formas de mejorar su producción e incluso utiliza inteligencia artificial para apoyarse en la toma de decisiones.
Para Duarte, emprender también es una forma de conservar la independencia. "Esto me mantiene viva, esto me mantiene activa, esto me mantiene al día", afirma. "No podemos pensar que ya sé todo lo que necesitaba, no necesito más. Eso no existe", sostiene.
El caso de María Ignacia Eyzaguirre (67) es, de alguna forma, similar. Ella no esperaba que, después de décadas dedicada a Viña Encierra, seguiría aprendiendo y redirigiendo los rubros de su empresa familiar: "El mundo va cambiando y no nos podemos quedar atrás. (...) Yo invité a mis hijos para que pensáramos nuevas formas de adaptarnos al mercado".
Eyzaguirre estudió Agronomía, pero dice que hoy, más allá de la parte técnica de la enología, lo que más disfruta es el trato con la gente. "Siempre me han gustado las personas, pero creo que la experiencia me ha dado más capacidades para tratar con los clientes".
En 2015, año en que incorporó a sus hijos al negocio, decidieron diversificar el campo familiar ante la caída del consumo de vino. Desde entonces incorporaron ciruelos, cerezos y ciruelos de consumo fresco, y este año plantarán naranjos. En paralelo, creó una línea de enoturismo y hace dos meses comenzó a vender vinos a Walmart.
"Si tú me dices cuál ha sido mi aprendizaje en este último tiempo, es aprender de los frutales", dice, pero recalca que no deja de lado el vino, porque quiere que la tradición "pase de generación en generación". Y resume su filosofía en una frase: "Tener la posibilidad de aprender a estas alturas, es un privilegio".
Para ella, la experiencia no reemplaza la innovación. Mientras sus hijos aportan conocimientos en retail y comercialización, ella sigue definiendo los vinos, visitando el campo dos o tres veces por semana y buscando nuevas ideas. "Siempre estamos tratando de sacar algo nuevo y que mejore lo que estamos haciendo", afirma.
La historia de Laura Rossetti (84) comenzó antes. Fundó la pastelería Laura R a los 27 años y, más de medio siglo después, continúa asistiendo a su oficina. Aunque hoy sus hijos participan en la empresa, asegura que no piensa dejar de trabajar mientras pueda.
"Me encanta trabajar, me encanta estar con gente, me encanta hacer cosas, estar activa, aprender, hacer cosas nuevas", dice.
Adaptarse
Rossetti reconoce que el mayor desafío ha sido adaptarse a la transformación tecnológica. Comenzó a emprender cuando no existían computadores ni internet, por lo que cree que empresas e instituciones deben facilitar esa transición para las personas mayores. "No se olviden de nosotros", plantea.
Aun así, asegura que el trabajo sigue siendo una fuente de bienestar. "Me mantiene activa, alerta, con ganas de aprender, de levantarme, de hacer más cosas".
Según el último informe CIPEM de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo, el 33,2% de los adultos mayores forma parte de la fuerza laboral, recuperando las cifras que habían disminuido tras la pandemia. Desde Walmart Chile, empresa que comercializa los productos de los tres emprendimientos, destacan precisamente ese valor de la experiencia. "Muchos emprendimientos liderados por personas mayores tienen algo que rara vez se enseña: oficio acumulado durante décadas. Nuestro compromiso es que ese conocimiento tenga un canal real para llegar a más clientes", señala Daniela Riutort, gerente de Asuntos Corporativos de Walmart Chile.
Aunque llegaron por caminos distintos, las tres coinciden en una misma idea: la edad no ha significado dejar de innovar. Al contrario, ha sido una etapa para abrir nuevos mercados, aprender herramientas distintas y seguir encontrando en el trabajo un motivo para mantenerse activas.
Duarte dice que le "cayó la teja" cuando llevó a una colaboradora suya, que le hacía las cajas, al supermercado. "Cuando ella vio a dónde llegaban los productos que hacíamos se puso a llorar y ahí yo entendí que lo que estaba haciendo era grande".
"Crear valor y hacer empresa no tiene precio", dice Rossetti al preguntarle si incentiva a que las personas mayores emprendan. Eyzaguirre, en tanto, insiste en que, sin importar la edad, "siempre se puede ser un aporte".