Hoy el desafío es mayor que nunca
La columna del Dr
La columna del Dr. Giancarlo Mejía Azuero, construida sobre las reflexiones del profesor Eduardo Pizarro, retrata la complejidad del momento histórico que vive Colombia. Nos recuerda que los desafíos de hoy no pueden entenderse con las categorías del pasado. Como señalamos con un grupo de expertos en el libro La seguridad en tiempos de inteligencia artificial, la multicriminalidad, la corrupción, la captura institucional, la desigualdad social y territorial, la debilidad del Estado, la pérdida de confianza ciudadana y la desesperanza en el rostro de millones de jóvenes y de colombianos exigen una respuesta mucho más profunda que el simple fortalecimiento de la Fuerza Pública. Exigen un Propósito Nacional. Pero ese propósito no depende únicamente del nuevo gobierno. Depende de cada uno de nosotros. La historia ofrece muy pocas oportunidades para cambiar el rumbo de una nación. Colombia tiene hoy una de ellas. Aprovecharla o desperdiciarla será una decisión colectiva, construida a partir de 52 millones de decisiones individuales. Cada ciudadano puede convertirse, desde su propio ámbito de acción, en protagonista de la transformación que el país necesita. No hace falta ocupar un cargo público ni esperar un nombramiento, un reconocimiento o una posición de poder. Basta con asumir el compromiso de hacer lo correcto, incluso cuando nadie nos observa; de actuar con integridad, más allá del simple cumplimiento de la ley; de rechazar la corrupción, la indiferencia y la cultura del atajo; de trabajar productivamente, respetando la democracia, las instituciones y los derechos de los demás. Cada empresario puede generar oportunidades. Cada maestro puede formar ciudadanos. Cada servidor público puede ejercer su función eficaz y transparentemente. Cada padre y cada madre pueden educar en el respeto, el esfuerzo, la honestidad, la empatía y la solidaridad. Cada joven puede demostrar que el talento, el trabajo y las ganas de progresar son más poderosos que la autocompasión. Cada colombiano puede tender una mano a quien lo necesita y contribuir a cerrar las brechas sociales y regionales que durante décadas han dividido al país. No construiremos una Colombia segura únicamente con más armas; la construiremos con ciudadanos responsables. No consolidaremos una economía próspera solo con buenas políticas públicas; la lograremos con millones de personas invirtiendo, trabajando, emprendiendo, innovando, exportando y generando confianza. No acabaremos la corrupción ni fortaleceremos la justicia únicamente con reformas legales, lo haremos cuando cada uno decida actuar con transparencia, respeto a la ley y rectitud. El futuro de Colombia no está escrito. Depende de nuestra capacidad para entender que los derechos siempre van acompañados de deberes y que el progreso colectivo comienza con la conducta individual. Las generaciones que vendrán juzgarán si estuvimos a la altura de este momento histórico. Nos preguntarán si fuimos capaces de dejar de lado el individualismo para asumir la responsabilidad de construir un mejor país. Que el 7 de agosto todos demos un paso al frente, para decirle a Colombia Sí. Que cada uno aporte desde donde está. Que cada empresario invierta y genere riqueza y empleos. Que cada uno sirva con generosidad, sin esperar recompensas distintas a la satisfacción del deber cumplido. Porque una Colombia segura, justa, educada, emprendedora, incluyente, respetuosa de la ley y en paz no será solo la obra del gobierno. Ni tan solo la responsabilidad del presidente De la Espriella. Será resultado de millones de colombianos que decidieron cambiar la fatalidad por la decisión de actuar con conciencia, integridad y compromiso. Ese es el mandato que nos impone nuestra circunstancia. Es el legado que esperan de nosotros nuestros hijos, nietos y las generaciones futuras. Este es el momento de escribir otra historia.
Todos debemos aportar
Marta Lucía Ramírez
Cada ciudadano puede convertirse, desde su propio ámbito de acción, en protagonista de la transformación que el país necesita. No hace falta ocupar un cargo público, basta con asumir el compromiso de hacer lo correcto.