No tengo tema
Hoy no tengo un tema para esta crónica
Hoy no tengo un tema para esta crónica. Nada particular me viene a la cabeza y no ronda mi mente ninguna idea especial y que valga la pena comentar. En este momento, por ende, confieso mi deseo incluso de estar ocupando el tiempo en otros quehaceres y no en explicarles por qué me veo sin un asunto sobre el cual escribir.
Mientras esto sucede, me levanto de mi escritorio para ver un rato un partido del Mundial y, por ende, el ejercicio de escritura lo postergo más de lo previsto. A eso le sumo que me preparo un café, intentando que estas pequeñas distracciones y este brebaje posibiliten que se me ocurra algo que me permita escribir esta columna. Sin embargo, mientras espero que hierva el agua de la tetera, pienso que estas líneas ya están en el fondo escritas, puesto que un breve artículo no tiene siempre que ser acerca de una materia relevante o de una cotidianidad demasiado significativa, sino también puede referirse a modestas trivialidades, tales como, por ejemplo, la de confesar el estado en balde de la reflexión. Pero dado que esta situación tampoco es definitiva, felizmente hay al final una vía de escape en el mismo hecho de contar sinceramente estas "penurias" de articulista meditabundo en torno a cómo salir del entuerto de la página en blanco.