El Comercio, Perú
21 de julio de 2026
Como tantas otras actividades económicas, el turismo sintió severamente el impacto de la pandemia del COVID-19 a principios de esta década
Como tantas otras actividades económicas, el turismo sintió severamente el impacto de la pandemia del COVID-19 a principios de esta década. Su recuperación, sin embargo, ha sido más lenta que la de la mayoría de ellas. En el 2025, el turismo representó el 3,3% del PBI, por debajo del 3,9% registrado en el 2019, y el empleo turístico apenas superó en 2% su nivel prepandemia. El año pasado, nuestro país recibió 3,4 millones de turistas internacionales, 22% menos que en el 2019 (4,4 millones). Según estimaciones del Instituto Peruano de Economía (IPE), si se considera la tendencia de crecimiento registrada entre el 2015 y el 2019, el Perú dejó de recibir casi 20 millones de turistas extranjeros en el período 2020-2025. Además, si se incorpora al cálculo el gasto promedio en el que ellos incurren al visitarnos, hemos perdido alrededor de S/102 mil millones en consumos de bienes y servicios. Podría quizá pensarse que este es un problema propio del negocio o de la región, pero una comparación con lo ocurrido en Colombia y Chile en el mismo período obliga a descartar esa idea. Tales países recibieron en el 2025 un 48% y 33% más visitantes que en el 2019, respectivamente. Entre tanto, si en el Perú las visitas internacionales crecieran al ritmo observado en el 2025 de 5%, el país recién volvería a sus niveles prepandemia en el 2031. Las razones del rezago del turismo son fáciles de identificar: el deterioro de la seguridad, la conflictividad social, la menor promoción y la gestión ineficiente de nuestros principales atractivos. Los casos más críticos son los de las regiones Loreto, Puno, Junín y Áncash, que registran una afluencia al menos 40% menor que la prepandemia. Pero cabe señalar que aun Machu Picchu, atractivo emblemático del país, registra hoy un 2,7% menos de visitas que en el 2019. Como se sabe, Prom-Perú tendría que desempeñar una función central en el fortalecimiento del sector, pero la parte de su presupuesto destinada a promover el turismo en el exterior se redujo 4% entre el quinquenio 2016-2020 y el quinquenio 2021-2025. En realidad, revertir este rezago requiere de una estrategia integral que combine una eficiente promoción del Perú con la mejora de la infraestructura, seguridad y servicios en los principales destinos turísticos. Una tarea que deberá enfrentar el nuevo gobierno, pero que dependerá también de que los ciudadanos de los lugares que concentran tales atractivos sepan elegir autoridades que comprendan el valor de los que tienen entre manos para aumentar empleo y reducir la pobreza en sus regiones y en todo el país.