Sábado, 25 de Julio de 2026

Cada vez más niños y jóvenes componen rimas y se suman al freestyle

ChileEl Mercurio, Chile 25 de julio de 2026

Esta modalidad gana espacio no solo en las plazas, también en las salas de clases, donde se utiliza para potenciar la comunicación y la autoestima.

"Yo sí les puedo ganar a los adultos", asegura Abigail Montecinos Zambrano (10), competidora de batallas de freestyle , una disciplina basada en la improvisación de rimas sobre una base musical de rap.
Bajo el nombre artístico Zagacy y con más de 29 mil seguidores en Instagram, se mide de igual a igual con personas de distintas edades en las plazas de Rancagua. "Me siento bacán cuando rapeo. Soy chica, pero grande", dice.
Ella no es la única menor de edad atraída por el freestyle. Martín Requena (15), conocido como Destello, descubrió esta disciplina a través de videos de YouTube en la pandemia y cree que la popularidad ha crecido entre niños y adolescentes en el último tiempo. A su juicio, uno de los principales impulsos fue el triunfo del chileno El Menor en la Red Bull Batalla Internacional 2026, considerado el campeonato más importante del freestyle en español. "Muchos jóvenes se inspiraron al verlo ganar. Demostró que desde Chile también se puede llegar a lo más alto".
El Menor, cuyo verdadero nombre es Efraín Reeve, es un joven que vivió en hogares de menores y que con 23 años es una figura en el freestyle .
En este circuito, explica Requena, la edad pasa a segundo plano: lo que importa es el talento para improvisar.
"Antes el sueño de muchos niños era ser futbolista; ahora quieren ser raperos", agrega. Él mismo dejó el fútbol por el freestyle : "Yo antes era cadete de fútbol, pero me frustré. Los futbolistas de la selección chilena muchas veces dan malos ejemplos y, además, últimamente no han tenido tan buenos resultados. Me metí al freestyle y, gracias a Dios, se me han dado las cosas".
Según Requena, las batallas suelen partir cerca de las seis de la tarde. Allí un jurado (en general organizadores o exganadores) califica a los participantes según habilidades de improvisación (como uso de juego de palabras y figuras retóricas), además del remate, entre otros aspectos. Los participantes están rodeados por el público que los anima.
Ambos jóvenes entrevistados coinciden en que el ambiente no es conflictivo. "Antes era más común que el contenido fuera decir los defectos del otro, pero cada vez se da menos (...). Por ejemplo, yo intento hablar de referentes de deporte y libros, personalizando eso a lo que me dice el rival", afirma Requena.
Además, comentan que es común ver a niños y adolescentes como ellos en las competencias. Según Requena, en el Parque Almagro suelen juntarse de forma regular cerca de 20 menores de un total cercano a 200 personas. "Es un ambiente familiar", asegura Danae Zambrano, la madre de Abigail Montecinos.
El fenómeno también ha llegado a los colegios. Ambos relatan que durante los recreos, estudiantes de distintos cursos organizan improvisadas batallas de freestyle . "Para el Día del Alumno me hicieron rapear", recuerda ella. A él, en cambio, lo han invitado a presentarse en distintos establecimientos educacionales de comunas como Puente Alto y Santiago.
Sentir confianza
El profesor de Lenguaje Álvaro Hernández utiliza desde años el freestyle como una herramienta para enseñar a sus estudiantes y acercarlos a la lectura, escritura y expresión oral. Sus clases -en las que improvisa rimas junto a sus alumnos para explicar contenidos- se han viralizado en redes. "El rap conecta con las juventudes porque es visual, es auditivo y genera mucha interacción", afirma Hernández.
El profesor asegura que incorporar el freestyle ha tenido un efecto visible en sus estudiantes, especialmente en aquellos más tímidos: "He visto cambios completos, sobre todo en la actitud y la confianza".
Es justamente ese potencial el que llevó al periodista Alejandro Gutiérrez y al psicólogo Sebastián Mendoza, ambos exraperos, a levantar en 2020 "Creo de Creer y Crear". El proyecto ha llegado a más de 500 establecimientos educacionales del país y utiliza el freestyle para fortalecer la comunicación entre los estudiantes. "Nuestro objetivo no es crear raperos; es hacer que los niños hablen de sus emociones", resume Gutiérrez.
Amigos desde antes de convertirse en socios, ambos se conocieron improvisando rimas en las micros. Hoy esa experiencia los llevó incluso a ser invitados en octubre al Congreso Mundial de Educación en España, en el que expondrán sobre cómo la música puede contribuir a resolver problemas de convivencia escolar, como el bullying. Mendoza explica que el f reestyle no solo desarrolla la creatividad y la rapidez mental: "También ayuda al sentido de pertenencia, al desarrollo de la autoestima y a la canalización de emociones".
Esos efectos también los perciben los propios jóvenes. Mientras a sus diez años Abigail Montecinos asegura que el freestyle le permite "conversar con cualquier persona sin vergüenza", Requena cree que la disciplina ha fortalecido su confianza para enfrentar las presentaciones escolares. Además, despertó en él un interés especial por una asignatura: Lenguaje. "Me gusta leer y buscar nuevas figuras literarias".
Similares, pero diferentesEl hip-hop nació en el Bronx durante la década de 1970. Este, dice Gutiérrez, incluye el baile. El rap, en cambio, es un género musical. "Y el freestyle es una práctica de improvisación de rap". La principal diferencia entre el rap y el freestyle , explica, es que "las canciones de rap son escritas y en el freestyle hay batallas en las que hay que pensar rimas en el momento".
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