Sábado, 25 de Julio de 2026

Rosalía tuvo una noche triunfal , envuelta en el pop orquestado

ChileEl Mercurio, Chile 25 de julio de 2026

La cantante española transitó entre la intimidad y el éxtasis en un Movistar Arena repleto, con repaso extenso de "Lux", pasos de ballet y una aparición sorpresa de Francisca Valenzuela.

Rosalía queda suspendida en puntas de pies, al centro del escenario, demostrando, ligera, que también puede bailar ballet mientras canta una bella versión de "Porcelana". Por momentos, luce como una muñeca articulada. Es casi el inicio del show, en la primera de cuatro noches en que la cantante española se presentará en Chile. Unos minutos antes se habían abierto algo así como unas compuertas, que representan la parte posterior de un cuadro (con firma de Rosalía incluida), y que cumplen la función de un telón.
Ya con todo despejado, aparece un montaje de apariencia sencilla en el Movistar Arena, con el público que se había manifestado ansioso por un retraso de casi media hora en la partida. Hay unas escalinatas cubiertas por telas, como resguardando el polvo, y una caja tamaño humano, de esas con el distintivo de "frágil". Aunque ese "frágil" también iba a tener que ver con la exposición total de la cantante española en el espectáculo.
Adentro de esa caja, claro, está ella, que se deja ver interpretando a esta muñeca bailarina con tutú, de movimientos rígidos al inicio. Suenan las cuerdas de la Heritage Orchestra, dirigida por la cubana Yudania Gómez Heredia, que está ubicada en la cancha, a nivel de piso. Y todo se despliega dentro de este mundo que propone "Lux", un disco de inspiración en los sonidos clásicos, orquestales y de alegorías religiosas, pero todo eso resuelto siempre desde el pop.
Así pasan "Sexo, violencia y llantas" y "Reliquia", mientras unos tramoyas-bailarines recorren el lugar poniendo orden y aseo, entre coreografías en cámara lenta, subiendo y bajando peldaños, con escobas que barren el aire. Cada canción es una escena que avanza como si fuera un videoclip grabado en vivo. Los estímulos se multiplican en el escenario, y las pantallas laterales van mostrando otra perspectiva de este relato, desde distintos ángulos. Y todo esto con una versión subtitulada de las letras de los temas, que corren por una pantalla en lo alto del montaje. Con un detalle: pasan en español, traduciendo esa decena de lenguas que hay en "Lux".
La voz de Rosalía, en el comienzo, proyecta una interpretación que sintoniza con el canto lírico y desde el público le llueven los piropos a grito limpio, algo que rompe la solemnidad y pulcritud que hay en el escenario. A ella le cuesta entender lo que le dicen: "mijita rica" a coro, pero cuando lo comprende, se ríe, lo agradece y lo devuelve, casi con las mismas palabras. "Siempre me habéis respaldado", dice.
Todo lo que muestra ahora Rosalía es una profundización de su propuesta artística que nació mestiza, cuando arrancó su carrera fundiendo el flamenco con los sonidos sintéticos y urbanos. En esta nueva etapa le agregó una cobertura sinfónica, que en su trasvasije en vivo suma la danza, y más sonidos sintéticos, que al final resultan como un gran musical pop. En "Divinize" frasea "Thank you", de Dido, y sigue con "Mio Cristo piange diamanti", con la pulcritud de un aria. Logra una ovación. Con eso cierra un primer acto con una mirada celestial, casi rompiendo en la emoción. El show viene dividido en cuatro momentos, y el segundo trae su contraparte terrenal.
La cantante ahora sale de negro, con una especie de cuernos en su cabeza, y rodeada de bailarines para "Berghain". Todos lucen como si fueran un solo cuerpo compacto. En los altavoces se oye la voz de Björk, antes que las cuerdas de la orquesta se vuelvan caóticas, envueltas en sonidos electrónicos, que terminan rompiendo como una especie de rave operática en el escenario. Y le sigue "Saoko", donde coqueta, se levanta el vestido de espaldas al público. El concierto toma otro tono, más latino.
"La fama", pasa como una bachata orquestada, con esta cobertura "Lux". Y siguen "La combi Versace", también recordando a "Motomami".
Llega un tercer acto, y un nuevo cambio de vestuario. Un cover a Frankie Valli, con su clásico "Can't take my eyes off you", para un momento donde ella misma se representa como una obra de arte. Rosalía está ahora al centro de un marco y se transforma en un cuadro al que todos están mirando.
Y llega el Confesionario, que se ha transformado en uno de los momentos más virales del Lux Tour. Rosalía da algunos rodeos antes de presentar a su invitada sorpresa. "Hoy voy a estar tan bien acompañada...más de lo que ya lo estoy", dice y agrega, "es una artista que escribe con el corazón", para introducir a Francisca Valenzuela. Y lo que sigue, se traslada a las pantallas.
La española entra en una especie de cabina religiosa donde, valga la redundancia, confiesa a su colega, que cuenta la historia de un antiguo romance con un "rockstar sudamericano", que acabó muy mal. Con un engaño con el que se encontró en vivo y en directo, "revolcándose con otra", cuenta Valenzuela, mientras el público exigía el nombre de la persona. Hay risas, pese la traición y Rosalía promete "venganza".
"Sabes, lo que has descrito, en mi país le llamamos un perla", dice para seguir con esa canción, "La perla", y esa letra que pisotea una relación decepcionante, para "un monumento a la deshonestidad", canta con gracia.
El momento resulta realmente notable en su interpretación, con una aparente sencillez que claro, está muy trabajada. Delante de un fondo negro, Rosalía está rodeada de sus bailarines camuflados en ese fondo, donde quedan apenas visibles con sus guantes blancos. Así, con sus movimientos muy coreografiados, van formando un vestido o un marco, que la va envolviendo. El efecto es genial.
Es uno de los espectáculos del año. Y le quedan tres funciones más en el Movistar Arena: hoy, el lunes y el miércoles. Para estas dos últimas fecha aún quedan entradas.
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