Diplomacia en riesgo
Aunque Milei y Lula nunca se han llevado, este episodio excedió los límites.
Es un hecho que Javier Milei nunca se ha llevado bien con Lula da Silva. Sin embargo, sus declaraciones en la convención del Partido Liberal que proclamó a Flavio Bolsonaro como su candidato presidencial, el sábado, excedieron las normas protocolares que deben regir las relaciones diplomáticas entre dos países vecinos, que tienen tratados que los convierten en socios principales en materias comerciales y comparten una larga historia de vínculos. El gobierno de Brasil y su Cancillería han reaccionado con cautela, convocando al embajador argentino a dar explicaciones y llamando a consultas a su representante en Buenos Aires. Son medidas que muestran el malestar con el que recibieron las palabras de Milei, pero que suponen la intención de no escalar, por el momento, el incidente, esperando quizás disculpas de la Casa Rosada. El gobierno argentino ha dado señales de que no pretende hacerlo, e incluso el domingo Milei insistió en algunos de sus dichos, al señalar que Brasil y Lula habrían contribuido a la "campaña antiargentina" durante el Mundial de fútbol, y acusándolo de entrometerse en las elecciones presidenciales de 2023 con los asesores brasileños de Sergio Massa, rival de Milei.
Lula ha evitado responder como en otras ocasiones en que se sintió ofendido por Milei y le exigió disculpas. Esta vez ha preferido dejar que sus ministros comenten. Ahí sí ha habido palabras fuertes. El titular de Hacienda llamó "payaso" a Milei y apuntó a las diferencias entre las economías de ambos países. El canciller, Mauro Vieira, lo consideró una "provocación sin precedentes en 200 años de relaciones bilaterales", pero sin avanzar a advertir una respuesta más contundente, que se ha dicho podría ser anunciada mañana, tras su regreso del cambio de mando en Perú. En Brasilia resienten que, a pesar de las diferencias ideológicas de los gobiernos, ellos han ayudado a Argentina en circunstancias internacionales adversas, como un juicio en Nueva York contra YPF, en el que apoyaron la postura del gobierno de Milei, o cuando se hicieron cargo de la embajada argentina en Caracas durante el régimen de Nicolás Maduro.
Un episodio como este daña la confianza entre ambos países, los que están obligados a relacionarse, convivir y comerciar tanto por los tratados que los vinculan como por la pertenencia a una región en la que los dos son protagonistas. El Mercosur es el escenario donde deben interactuar más estrechamente y también donde tienen grandes desencuentros. Para Milei, la integración no ha sido exitosa porque no ha cumplido los objetivos de prosperidad para todos que se plantearon con su creación. También critica el exceso de burocracia y, sobre todo, las restricciones que, a su juicio, han perjudicado a los argentinos y beneficiado a empresarios brasileños. De fondo, el mayor cuestionamiento es a la falta de flexibilidad, que impide a los miembros hacer tratados bilaterales con terceros países, como Estados Unidos, y que los obliga a buscar en bloque acuerdos complejos y de larga negociación, como el que se firmó con la Unión Europea. Más de una vez Milei ha amenazado con retirarse, pero esa es una cuestión compleja de materializar, y tal vez los insultos a Lula tienen algo que ver con la frustración que le ocasiona estar atado a Brasil en ese esquema.