¡No más motos en los andenes!
Eduardo Behrentz
Es difícil desconocer lo que la motocicleta representa para millones de colombianos
Eduardo Behrentz
Es difícil desconocer lo que la motocicleta representa para millones de colombianos. Es un medio de transporte accesible, económico y versátil. Reduce tiempos de desplazamiento, permite generar ingresos y es alternativa a la ineficiente oferta de transporte público. En 2025 se registraron más de un millón de motocicletas nuevas, 35% más que en 2024. Durante el mismo período, se matricularon poco más de 250.000 vehículos de las demás categorías. Esto es, cuatro de cada cinco automotores que ingresan al mercado colombiano son motocicletas. Esta expansión no es anomalía ni moda pasajera. Es una consecuencia previsible de nuestro nivel de ingreso, del crecimiento desordenado de las ciudades y de las limitaciones del transporte público. La motocicleta seguirá ocupando un lugar dominante en la movilidad colombiana en lustros por venir. Y no podemos seguir ignorando sus enormes externalidades. En muchas ciudades se volvió cotidiano ver motociclistas que circulan en contravía, ignoran semáforos, invaden ciclorrutas o utilizan andenes para evitar una congestión. Y no son actuaciones excepcionales. En algunos sectores se forman filas de motos sobre los espacios peatonales, muchas veces a una velocidad que pone en riesgo a niños, adultos mayores y personas con discapacidad. La escena resulta tan frecuente como absurda: una motocicleta invade el andén y su conductor les pita a los peatones para que se aparten. Y si alguien reclama, puede encontrarse con una respuesta agresiva, como si transitar por allí fuese su derecho. No lo es. El artículo 94 del Código Nacional de Tránsito prohíbe que las motocicletas circulen sobre aceras y lugares destinados a los peatones. Tampoco pueden transitar por ciclorrutas. No estamos frente a un vacío jurídico. Lo que enfrentamos es falta de autoridad y de capacidad de las administraciones locales. En 2025 murieron más de 5.500 motociclistas en siniestros viales. Al incluir peatones y ciclistas fallecidos en hechos relacionados con motocicletas, estas estuvieron involucradas en cerca del 75% de las víctimas. Es cierto que existen notables excepciones, pero debemos concentrarnos en los infractores. Quien conduce a alta velocidad por un andén no está ejerciendo su derecho a la movilidad. Es un antisocial que pone en peligro a los demás. La motocicleta llegó para quedarse y cumple una función social indiscutible. Lo que no puede quedarse es la idea de que su utilidad concede licencia para incumplir las más elementales normas de seguridad vial. Termino con un llamado y un reclamo urgente a los alcaldes y autoridades de movilidad: no nos acostumbremos, no cedamos ante el desafío. Pocas cosas hablan peor de nuestra sociedad, de nuestra cultura y de nuestro sentido cívico que seguir normalizando lo que debería ser escandaloso e inaceptable. ¡No más motos en los andenes!
Rector@UniGermana.edu.co