Jueves, 13 de Agosto de 2026

La nueva oportunidad cuprífera

ChileEl Mercurio, Chile 13 de agosto de 2026

Dejar pasar este ciclo significa resignar ingresos, empleo e inversión que no volverán en las mismas condiciones.

El cobre atraviesa un ciclo excepcional que, por su origen, parece será duradero, y para Chile es una oportunidad histórica. Pero para capturar los recursos de lo que se configura como un nuevo superciclo, la actual administración debe implementar una agenda ambiciosa y disruptiva.
El metal rojo está cotizando en torno a los US$ 6,4 la libra, empujado por fuerzas estructurales de demanda. La primera de esas fuerzas es ya conocida: la electrificación. Casi todo lo que define la transición energética -redes, vehículos eléctricos, generación renovable- demanda cobre en volúmenes crecientes y Chile está llamado a aprovechar esa oportunidad. La segunda fuerza es la inteligencia artificial, cuyos centros de datos consumen electricidad de forma intensiva. Solo en Estados Unidos, este sector podría captar el 14% de la demanda eléctrica hacia 2030, casi el triple que hoy. Por el crecimiento global de ambos factores, se proyecta que el consumo mundial de cobre suba de 28 a 42 millones de toneladas hacia 2040.
A lo anterior se suman las tensiones inmediatas, en principio de impacto transitorio, pero que pueden generar cierta inercia en el mediano plazo. China, que concentra cerca del 57% del consumo mundial, genera variaciones en el precio en función de sus decisiones estratégicas; por ejemplo, frente a caídas circunstanciales del valor, el país asiático repone inventarios, lo que genera rebotes constantes. Por su parte, EE.UU. ha convertido los minerales críticos en asunto de seguridad nacional. Durante las últimas semanas, la amenaza de la administración Trump de imponer aranceles sobre este mineral (entre otros) ha provocado una acumulación sin precedentes en dicho país (las importaciones superaron las 200.000 toneladas en julio, el mayor nivel mensual en doce años), mientras la Casa Blanca ha anunciado nuevos proyectos mineros por millonarios montos y ha contabilizado unos 160 acuerdos por US$ 40.000 millones para asegurar sus cadenas de suministro.
Por el lado de la oferta, las restricciones también han presionado el precio al alza. El accidente en El Teniente de julio del 2025, la prohibición de exportar concentrados impuesta por la República Democrática del Congo y las secuelas de la inundación en Kamoa-Kakula (2025) restan toneladas de producción cuando más se necesita.
Nada de esto garantiza precios altos para siempre. En un escenario de desaceleración global, el cobre podría retroceder hacia los US$ 5,9 la libra, con un piso cercano a los US$ 5. Sin embargo, sin señales ciertas de cambios en las condiciones de demanda, el sesgo estructural apunta a un mercado estrecho y altos precios por algunos años.
Aquí aparece la incómoda paradoja chilena: en el país que debería ser el gran ganador del ciclo, la economía tuvo un primer semestre de mínima actividad y, si bien el último Imacec fue más positivo, los signos para la segunda mitad del año no parecen especialmente boyantes. Más aún, respecto del cobre en particular, Cochilco prevé un retroceso de 2,6% este año en la producción nacional, hasta 5,27 millones de toneladas. El símbolo del problema es Codelco, donde El Teniente producirá apenas 301.000 toneladas en 2026.
En ese marco, la decisión de la administración Kast de capitalizar por primera vez el 100% de las utilidades es una señal positiva. Pero inyectar recursos no equivale a mejor gestión. La verdadera prueba será demostrar la eficiencia y la disciplina financiera comprometidas y, con ellas, la capacidad de atraer capital privado que multiplique el esfuerzo fiscal; sin ese salto, la capitalización pospone el problema en vez de resolverlo.
De ahí la conveniencia de al menos discutir las distintas opciones de abrir la puerta al capital privado. No se trata de privatizar Codelco ni de renunciar a la propiedad estatal del recurso, sino de emplear instrumentos que financien y aceleren inversiones hoy trabadas. El capital privado aporta disciplina, tecnología y velocidad, esenciales para aprovechar las oportunidades actuales. Y la ventana no seguirá abierta indefinidamente. Como la historia ha enseñado, los altos precios de un producto estimulan nueva oferta y sustitución por otros.
Dejar pasar este ciclo significa resignar ingresos, empleo e inversión que no volverán en las mismas condiciones. Chile cuenta con el recurso, la geología y la reputación. Una estrategia que combine certezas regulatorias, un Codelco saneado y la participación ordenada de capital privado permitiría aprovechar nuestras ventajas comparativas, abriendo una oportunidad para retomar la senda del crecimiento. Concretarlo es una cuestión de liderazgo y decisión.
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