Cambio responsable de emergencia
Jorge Restrepo
El gobierno que terminó el pasado viernes tuvo la mejor fortuna posible: a lo largo de cuatro años contó con una bonanza en los precios del petróleo, el oro, el café y el gas
Jorge Restrepo
El gobierno que terminó el pasado viernes tuvo la mejor fortuna posible: a lo largo de cuatro años contó con una bonanza en los precios del petróleo, el oro, el café y el gas. La Gran Emigración de nacionales colombianos alivió el mercado de trabajo después de la pandemia, y llevó a que las remesas que reciben del exterior los hogares superaran en 2025 los mil millones de dólares mensuales. El rebote de la pandemia impulsó, hasta hace poco, la actividad económica, que presionó el gobierno con gasto irrefrenado. El cambio de suerte lo recibió el nuevo gobierno: a la peor herencia fiscal posible, se sumó el terremoto del lunes 10 de agosto pasado. Como si pudiésemos seguir en el mal hábito fiscal del pasado, como si los límites no existieran al ignorarlos, muchos clamaron por más deuda y más impuestos para financiar la atención de la emergencia y la reconstrucción de las ciudades. No es conveniente seguir esa trayectoria. Imponer más impuestos mediante una emergencia económica le daría un puntillazo a las empresas frenando en seco la poca capacidad de inversión con la que cuentan y agotando su liquidez. Un aumento de impuestos llevaría, con toda probabilidad, a un choque recesivo, similar al de 1999 y 2000, después del terremoto del eje cafetero. No es conveniente tampoco volver a la emisión de deuda sin límite: subiría en cuestión de días el costo de la deuda de la Nación a los niveles de antes de las elecciones, desperdiciando la confianza ganada desde entonces y la oportunidad de pagar menos en su servicio en el futuro. La solución correcta, es la que planteó el ministro de Hacienda, Miguel Gómez Martínez, ayer en el Congreso, no subir los impuestos para aumentar el gasto, reprogramar el presupuesto de 2026 mediante recortes y traslados para financiar la atención de emergencia (bajo emergencia económica), reestructurar el presupuesto de 2027 para reasignar el gasto de uso ineficientes y no prioritarios a la reconstrucción y obtener un crédito multilateral para complementar los fondos de reconstrucción (lo que requerirá un buen vehículo de inversión). ¿Se puede reorganizar el gasto sin recurrir al extremismo de la motosierra? Es posible, con la emergencia, eliminar el gasto ineficiente en el presupuesto de 2026 para aplazar compromisos innecesarios y eliminar programas inefectivos, comenzando por los costosos programas de compra de capacidades militares que pueden renegociarse o aplazarse indefinidamente, eliminar el nuevo programa de sustitución de cultivos, recortar programas de gasto discrecional en salud fuera del sistema de aseguramiento, etc. Una reestructuración similar se puede hacer de forma simultánea en el presupuesto de 2027, que en correcta decisión el Congreso devolvió al Gobierno. Lo inconveniente es, por la emergencia, volver al pasado fiscal reciente. No oponerse al giro fiscal responsable es, tal vez, la mejor manera de un inicio de gobierno, con un cambio responsable, serio y seguro.
Profesor de economía, Pontificia Universidad Javeriana.