Viernes, 14 de Agosto de 2026

Los adolescentes evitan ser grabados y fotografiados por temor a exposición en redes

ChileEl Mercurio, Chile 14 de agosto de 2026

Especialistas advierten que el miedo a volverse virales o a que se difundan stickers de ellos está modificando experiencias propias de la juventud, como participar de bailes en las alianzas del colegio o en pijama parties .

Cada vez que su hermana mayor va a subir una foto con ella a redes sociales, Mariana Rojas (16) hace la misma petición: "No subas esa foto, me da vergüenza que la vean o que le tomen captura".
La adolescente cuenta que entre sus compañeros es poco común publicar imágenes permanentes en Instagram. Prefieren las historias que desaparecen en 24 horas y, por el mismo miedo a la exposición, muchas veces no participan en actividades del colegio: "Hay muchas amigas que no bailan en las alianzas porque les da vergüenza que las graben o les saquen fotos".
Gabriel Moreno (15) describe un temor parecido: "Qué miedo que me saquen una foto mientras duermo en una pijamada y la publiquen en redes sociales".
Incluso, dice, cuando desde el colegio toman fotos, "y alguno (de mis compañeros) sale mal, ahí queda el sticker ".
Según los escolares, este tipo de fotos en las que salen "mal" las llaman "vendidas" y se suelen difundir como stickers en grupos de WhatsApp.
Aunque en Chile no hay estudios sobre este fenómeno, investigaciones internacionales evidencian que la exposición permanente en redes está cambiando la conducta de los adolescentes. En un estudio de 2024 la U. de Gales del Sur (Reino Unido) concluyó que sienten que "siempre están siendo observados", lo que influye en lo que deciden mostrar.
Ese mismo año, una investigación de la U. del Sur de California (EE.UU.) determinó que el uso masivo de smartphones ha modificado la cultura del baile y la vida nocturna, ya que los jóvenes bailan y se alcoholizan menos por "miedo" a volverse virales.
"Muchos jóvenes regulan cuándo y dónde bailar porque saben que cualquier momento puede ser grabado y difundido", dice la psicóloga infantojuvenil de Clínica Santa María, Jennifer Conejero. Según ella, la pandemia marcó un punto de inflexión: "Hace cuatro o cinco años empezó a aparecer más este fenómeno, porque los vínculos eran a través de imágenes (...). Ahí comenzaron las capturas de pantalla y las burlas por cómo se veía una persona en Zoom".
De hecho, la especialista relaciona esto con un nuevo tipo de bullying : el "doxeo". "Es cuando publican una foto (sin consentimiento) en la que tú estás en la pantalla del Zoom, por ejemplo. Eso me lo explicó un paciente que no quería prender la cámara en clases online ".
A su juicio, este tipo de conductas puede llevar a los jóvenes a la pérdida de experiencias: "Están perdiendo la espontaneidad de bailar, de reírse y de hacer bromas como adolescentes por temor a volverse virales", sostiene. La especialista agrega que hoy "ya no sabes quién va a usar tus fotos y cómo las va a usar", especialmente en un escenario donde la inteligencia artificial permite manipular imágenes con facilidad.
"Todo les da más vergüenza porque tienen que cumplir con estándares imposibles, por eso usan filtros (...). Si no experimentan con nada porque todo les da miedo, al momento de tomar decisiones les cuesta más porque no han practicado y eso tendrá consecuencias en su vida adulta", añade.
Padres que publican
Según la Radiografía Digital de Niños, Niñas y Adolescentes 2026, elaborada por Criteria y Claro Chile, el 64% de los padres publica fotos o videos de sus hijos en redes sociales.
"Algunos niños y adolescentes sienten que su identidad digital comenzó a construirse antes de que ellos mismos pudieran decidir sobre ella", dice Conejero. Y agrega: "La adolescencia es una etapa especialmente sensible a la evaluación social y la tecnología lo amplifica".
El estudio también mostró que el ciberacoso disminuyó de 24% en 2025 a 17% en 2026, aunque para Natalia Miranda, académica del Centro de Investigación en Sociedad y Salud de la U. Mayor, la exposición en redes sigue siendo preocupante: "Siempre los jóvenes se han molestado entre ellos. Pero antes hacer el ridículo quedaba reducido a un grupo de personas y hoy puede ser reproducible por un grupo de desconocidos".
Y advierte: "Estamos ante una generación que se está perdiendo experiencias y que le da miedo hacer el ridículo porque la vigilancia ya no solo proviene de figuras de autoridad, como padres o profesores, sino que también de sus propios compañeros, amigos o desconocidos conectados a través de redes".
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