Viernes, 14 de Agosto de 2026

Ceuta: inmigración y disputa europea

ColombiaEl Tiempo, Colombia 14 de agosto de 2026


Rafael Herz
Lo ocurrido en Ceuta, una enclave española en el norte de Africa, a finales de julio, no puede entenderse únicamente como una crisis migratoria


Rafael Herz
Lo ocurrido en Ceuta, una enclave española en el norte de Africa, a finales de julio, no puede entenderse únicamente como una crisis migratoria. La llegada masiva de decenas de miles de personas desde Marruecos, con el posterior desenlace de víctimas mortales, puso a prueba la capacidad de España para proteger sus fronteras y gestionar una emergencia humanitaria. Reveló algo más preocupante, la dificultad de la Unión Europea para responder de manera conjunta a un problema que ningún Estado puede solucionar por sí solo. La reacción de Italia resulta especialmente significativa. El gobierno de Giorgia Meloni, con una visión anti-inmigratoria y nacionalista, decidió restablecer controles fronterizos con España, alegando razones de seguridad y preocupación por la inmigración irregular. Sin embargo, la medida parece difícil de justificar. Ceuta no pertenece al espacio Schengen y la inmensa mayoría de quienes llegaron ya había regresado a Marruecos. Además, Italia no comparte frontera terrestre con España. El problema es que esta respuesta italiana debilita precisamente aquello que Europa necesita fortalecer, la confianza entre sus socios. Si cada país responde unilateralmente ante una crisis que afecta a otro Estado miembro, Schengen y la cooperación europea pierden sentido. La inmigración no debería convertirse en una competición entre gobiernos para demostrar quién es más duro. Sería igualmente ingenuo negar que España tiene derecho, pero sobre todo, el deber de controlar sus fronteras. La inmigración irregular plantea problemas reales de seguridad, integración, recursos públicos y gestión administrativa. Defender unas fronteras eficaces no significa ser contrario a los inmigrantes. Significa reconocer que una política migratoria sin control termina siendo injusta tanto para quienes llegan como para las sociedades que deben acogerlos. La solución: hace falta una política común basada en cuatro pilares: vigilancia eficaz de las fronteras exteriores, cooperación real con países de origen y tránsito, vías legales de migración, y procedimientos rápidos para devolver a quienes no tengan derecho a permanecer. La propia UE acaba de poner en aplicación su nuevo Pacto sobre Migración y Asilo, cuyo objetivo es combinar responsabilidad y solidaridad entre los Estados miembros. Lo ocurrido en Ceuta debería servir para demostrar si ese pacto funciona en la práctica o si queda subordinado a los intereses nacionales. España e Italia tienen una responsabilidad especial. En lugar de enfrentarse por una crisis que ninguno de los dos países puede resolver individualmente, deberían exigir a la UE una estrategia común. Europa necesita fronteras exteriores fuertes, y solidaridad interna. Convertir a Ceuta en un conflicto entre aliados solo beneficia a quienes quieren una Europa dividida y debilitada. La inmigración irregular se reducirá cuando Europa consiga controlar sus fronteras, combatir a las mafias de trata de personas, ofrecer alternativas legales y atacar las causas que obligan a miles de personas a jugarse la vida.
Analista Internacional.
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