"Ni EE.UU. ni China han sumado plenamente a Chile a la guerra comercial. Pero podrían hacerlo"
El experto norteamericano comenta que Donald Trump radicalizó una tendencia comercial en su país que se estaba labrando desde hace décadas. Su nota de cautela para Chile: "Ser neutral y comerciar es una ilusión. Se puede ser neutral y no ser un país comerciante".
El martes por la mañana, el politólogo Craig VanGrasstek, autor de una trilogía sobre la política del comercio global, visitó las oficinas de la Subsecretaría de Relaciones Económicas Internacionales (Subrei). Allí expuso su visión sobre lo que por estos días -o en rigor, años- preocupa a los gobiernos sobre el nuevo EE.UU. que usa aranceles como herramienta política. Autor del recién publicado "On Trade War" ("Sobre la guerra comercial"), editado por Cambridge University Press, VanGrasstek (66 años, doctor en ciencia política por Princeton, exacadémico de Harvard y consultor internacional) considera que la política comercial de Donald Trump es una versión radical de una tendencia que se venía fraguando desde hace décadas.
-En "On Trade War" usted sostiene que estos años de libre comercio fueron una excepción. ¿Estamos presenciando el fin de esa excepción?
"Definitivamente, estamos presenciando una transformación del sistema. Los países son libres de seguir comerciando libremente, pero se vuelve cada vez más difícil jugar según las reglas cuando el país que solía ser el principal creador de esas reglas viola sus propias reglas. Ese es un escenario muy difícil en el cual operar".
Cuenta que en la teoría de la estabilidad hegemónica, que él sigue, existe un gran poder (un hegemón) que permite que los mercados estén abiertos. Fue el papel del Reino Unido en el siglo XIX y EE.UU. en el XX. Desde al menos la década de 1970 se advertía un deterioro, dice. En 2019, VanGrasstek sostuvo que, antes de volverse abiertamente proteccionista, EE.UU. había avanzado hacia una política comercial cada vez más discriminatoria. "Cuando Estados Unidos empezó a negociar acuerdos como el TLC entre Estados Unidos y Chile, fue un paso adelante para la liberalización comercial, pero también fue un paso lateral hacia la discriminación".
-Es decir, discriminando a todos los demás.
"A quienes no están negociando esos acuerdos".
La "vieja normalidad"
Comenta que Donald Trump aceleró en una dirección que ya existía. "Lo que tenemos hoy es una especie de versión radical de aquello hacia lo cual ya nos estábamos encaminando".
-¿Esto es algo así como el fin de la historia del libre comercio?
"El argumento que planteo es que esto no es realmente la nueva normalidad; es el regreso de la vieja normalidad. Porque la vieja normalidad, la posición por defecto de la economía mundial, es aquella en que los países tienden a proteger sus mercados".
-Mercantilismo, en este caso.
"Sí. Sostengo que ya nos dirigíamos hacia la tercera era del mercantilismo. La primera, el mercantilismo original, es la que todos conocen, la del siglo XVII aproximadamente, practicada por los países europeos. Eso era el mercantilismo 1.0. El mercantilismo 2.0 fue practicado por potencias medianas, como lo fue Estados Unidos en el siglo XIX, pero también por los países latinoamericanos en las décadas de 1950 y 1960: intentaban protegerse de lo que consideraban la competencia de los grandes actores. Cuando Estados Unidos ya se había convertido en el líder, los países latinoamericanos practicaban el mercantilismo 2.1 en las décadas de 1950 y 1960".
"El mercantilismo 3.0 es uno que nuevamente practican grandes potencias como Estados Unidos, pero que involucra, entre otras cosas, tratados de libre comercio y otros instrumentos destinados a convertir el comercio en parte de nuestros objetivos más amplios de política exterior y seguridad".
"Estados Unidos comenzó a avanzar hacia lo que llamo mercantilismo 3.0 ya durante la administración Reagan, en la década de 1980. Pero avanzamos lentamente, de manera casi imperceptible, hacia esa posición. Cuando llegó Trump, mucha gente pensó dos cosas. Una es: esto es un cambio radical, esto es completamente distinto de lo que teníamos antes. Bueno, sí, es radical, pero no es completamente distinto de lo que teníamos antes (...). Pero la otra cosa en la que la gente se equivoca es que supone que esto comenzó con Trump y terminará con Trump. Entonces, cuando Trump ya no esté, Estados Unidos seguirá involucrado en una guerra comercial con China. Lo hará de una manera distinta. Quienquiera que sea el próximo Presidente, sin duda seguirá librando una guerra comercial con China. Y mientras exista una guerra comercial entre Estados Unidos y China, hará las cosas difíciles para países que, como Chile, quieren comerciar con ambos".
-¿Hay algún espacio para países como Chile en estas guerras comerciales?
"Hasta ahora, en el caso de Chile vemos más vulnerabilidad potencial que una participación efectiva en la guerra comercial. Es decir, ni Estados Unidos ni China han sumado plenamente a Chile a la guerra comercial. Pero podrían hacerlo".
-Si quisieran.
"Si quisieran. Y existe una tendencia, especialmente por parte de la administración Trump, a considerar que el objetivo de la política no es solamente promover los intereses estadounidenses, sino también perjudicar los intereses chinos. Entre otras cosas, eso significa persuadir a otros países para que no comercien con China, para que no mantengan relaciones de inversión con China, y así sucesivamente".
"Estados Unidos está presionando a Chile"
-La Casa Blanca acaba de incluir a Chile entre los países que considera de riesgo elevado de triangulación ilegal de productos chinos para eludir aranceles estadounidenses, en un informe de Peter Navarro ilustrado con un caballo de Troya. ¿Hasta qué punto podría esto afectar ahora la relación bilateral entre Chile y Estados Unidos?
"Sin duda, ofrece evidencia adicional en apoyo de mi argumento general de que para un país es difícil ser a la vez neutral y comerciante, porque los beligerantes en una guerra, sea una guerra armada o una guerra comercial, intentarán obligar al neutral a tomar partido, y también respalda mi planteamiento más específico de que Estados Unidos está presionando a Chile en ese sentido".
VanGrasstek ilustra el asunto con las guerras napoleónicas, cuando Estados Unidos quiso ser neutral y además comerciar con británicos y franceses. Pero Londres y París sostenían que Washington violaba su neutralidad al comerciar con el otro, y "finalmente, Estados Unidos terminó en guerra con Gran Bretaña, la Guerra de 1812".
-¿Ser neutral es una ilusión?
"Ser neutral y comerciar es una ilusión. Se puede ser neutral y no ser un país comerciante".
-El 6 de julio, el ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Francisco Pérez Mackenna, dijo que Estados Unidos es el principal socio estratégico de Chile. Semanas después, Estados Unidos impuso el arancel máximo aplicado a varios países.
"Hay tres cosas en las que Donald Trump es muy distinto de los presidentes estadounidenses anteriores. La primera es que la mayoría de los presidentes estadounidenses, en última instancia, consideran que el poder importa más que la riqueza. Donald Trump cree que la riqueza importa más que el poder. En segundo lugar, la visión que Donald Trump tiene de la riqueza es muy de suma cero. Es decir, cualquier dinero o cualquier valor económico que tenga otra persona existe a costa mía. Y la tercera es que no tiene ningún respeto por las alianzas existentes. Y eso vale tanto para alianzas económicas, como un tratado de libre comercio, como para alianzas militares, como la OTAN".
"Así que, en términos generales, el hecho de que hoy tengamos una guerra comercial en marcha encaja en un patrón histórico. Pero muchos de sus detalles particulares son atribuibles a Donald Trump. Entonces, ¿cómo pasamos de que Chile exprese formalmente la posición de que básicamente se inclina más hacia Estados Unidos que hacia China -digámoslo de esa manera- a que Estados Unidos no corresponda y no muestre algo de afecto hacia Chile del mismo modo en que Chile muestra afecto hacia Estados Unidos? Bienvenidos al mundo de Donald Trump".
-¿Es lidiar con el caos?
"Exactamente. El caos y la imprevisibilidad son lo peor para el sistema comercial".
-De todos modos, algunos países tuvieron más suerte que Chile en este último episodio de los aranceles. ¿Acaso las autoridades chilenas deberían contratar más lobistas en el Capitolio?
"Puede intentar persuadir al Capitolio todo lo que se quiera, pero hay que tener presente que, aunque de acuerdo con la Constitución el Congreso debería controlar la política comercial, Donald Trump no recibe instrucciones de la Constitución (...). Lo que usted sugiere respecto de contratar más lobistas es una solución de los años ochenta. Se hacía mucho en los años ochenta, y podía ser eficaz. Pero no se llega a Trump a través del Congreso".
-Qatar le regaló un avión, ¿no?
"Sí. Y parte del problema, por supuesto, es que estamos en una época en que la gente actúa sin vergüenza. Hay actos claros y evidentes de corrupción que no son identificados como tales, porque las reglas del juego parecen haber cambiado de manera muy profunda".
''Para un país es difícil ser a la vez neutral y comerciante, porque los beligerantes en una guerra... intentarán obligar al neutral a tomar partido... EE.UU. está presionando a Chile en ese sentido".
''Contratar más lobistas es una solución de los años ochenta. Eso era algo que se hacía mucho en los años ochenta, y podía ser eficaz. Pero no se llega a Trump a través del Congreso".
¿Está muerta la OMC?Hace 13 años algunas personas, como el chileno Alejandro Jara (ex director general adjunto de la OMC) le sugirieron a Craig VanGrasstek que escribiera sobre la historia de la Organización Mundial de Comercio. En eso pensó que debería llamarse "historia y futuro de la OMC", porque "lo primero que escuchaba cuando decía: 'Oh, me han pedido escribir su historia', era: 'Ah, entonces se acabó. Ya no hay OMC'. Yo decía: 'No, tenemos que afirmar desde el principio que la OMC es una institución vigorosa'".
En general, describe había dificultades incluso antes de que China y Rusia ingresaran, y luego con rondas de profundización que no terminaron de materializarse.
-Entonces, ¿se puede decir que la OMC está viva y bien, o apenas viva?
"La función legislativa, que consiste en negociar acuerdos, definitivamente ha estado en serias dificultades durante ya una generación. La función judicial ha sufrido, en primer lugar, por la falta de consenso respecto de contar con un Órgano de Apelación o de que ese Órgano de Apelación desempeñe la función que cumplía anteriormente en la OMC. La función ejecutiva sigue funcionando bien, aunque podría sostenerse que es la menos importante de las tres".
"El principal desafío que enfrenta ahora la OMC es que su principal miembro original ya no respeta las reglas. Y para la OMC es muy difícil lidiar con eso".
Un turbo para la inversión en ChileEl Gobierno lleva apenas 158 días al mando del país, pero este acotado tiempo ya es suficiente para advertir ciertos elementos reveladores de su conducción e impronta económica.
La gestión del Comité de Ministros es uno de ellos.
La recuperación del dinamismo económico fue, junto con el combate a la delincuencia, una de las dos promesas electorales por las que el candidato José Antonio Kast se convirtió en Presidente. Y la realidad de estos cinco meses no ha sido una copia feliz del edén. La economía apenas suma un mes de crecimiento en el último semestre y todos los pronósticos independientes proyectan una expansión cercana al 1,5% al cierre de 2026.
La tasa de desempleo se empina al 9,4%, sumando 41 meses consecutivos por sobre el 8%, lo que se traduce en que 983.000 personas que quieren trabajar no encuentren un empleo donde hacerlo. Esto explica que las expectativas de empleo estén en su peor momento desde los estertores de la pandemia, según los datos de Cadem. Y, paradójicamente, hace que resulte inexplicable que el Gobierno no impulse un plan agresivo para hacerle frente.
En este contexto adverso, el rol que ha tomado el Comité de Ministros para impulsar las inversiones es destacable y esperanzador. En lo que va de gobierno se ha reunido nueve veces: tres por calendario ordinario y otras seis por convocatoria extraordinaria.
En mayo se congregó tres veces, y dos veces en julio y abril, una frecuencia muy poco habitual. Si se toman los datos desde 2020 a la fecha, el Comité de Ministros solo se había juntado dos veces en noviembre de 2020, diciembre de 2024 y marzo de 2026, ya con este gobierno instalado. Y nunca lo había hecho tres veces en un mismo mes.
El volumen de inversiones autorizadas también sobresale: la instancia integrada por Francisca Toledo (Medio Ambiente), Daniel Mas (Economía y Minería), Ximena Rincón (Energía), Jaime Campos (Agricultura) y May Chomali (Salud) ha aprobado 20 proyectos por un monto total de US$ 12.012 millones. La cifra equivale a casi el 13% del presupuesto público aprobado para este año o cinco veces los excedentes de Codelco de 2025.
Un segundo dato relevante es la cantidad de proyectos de alcance millonario: de la veintena de iniciativas, la mitad son inversiones de al menos US$ 200 millones. Y casi la totalidad de ellas (19 de 20) se concentran en cuatro sectores, todos altamente intensivos en capital y empleo: minería, energía, infraestructura e inmobiliario.
A nivel de impacto laboral, solo los proyectos de energía generarían 14.600 empleos temporales y otros 260 permanentes.
Guste a quien le guste, y moleste a quien le moleste, los hechos demuestran que el Comité de Ministros se ha convertido en una suerte de ángel de la guarda a favor de la inversión en el país, especializándose en conjugar de todas las formas posibles los verbos agilizar, impulsar, dinamizar, facilitar, activar y estimular las fuerzas de la economía.
A partir de esta realidad, surgen dos preguntas incómodas. La primera es por qué estos proyectos no fueron aprobados durante el gobierno anterior, si la mayoría de ellos ya estaban presentados, están siendo analizados por los mismos cuadros ministeriales de antes y tampoco se han allegado antecedentes técnicos adicionales que signifiquen un giro copernicano de cada uno de ellos.
La segunda es comparar los números actuales con los dos gobiernos anteriores. Durante la segunda administración del Presidente Sebastián Piñera, el Consejo de Ministros viabilizó 33 proyectos, ya sea porque mantuvo su visión favorable o le dio su visto bueno, aprobando inversiones por un total de US$ 9.647 millones. En el gobierno del Presidente Gabriel Boric, el consejo autorizó 40 iniciativas, por una inversión agregada de US$ 19.520 millones.
Sería un error analizar estos números sin considerar contextos económicos, procesos políticos (con convenciones constitucionales de por medio), tasas de interés y costos de capital, cambios regulatorios e incluso precios del cobre. Pero tampoco se puede soslayar algo obvio: el Consejo de Ministros del Gobierno actual está conduciendo un cambio por arriba que las versiones de los años anteriores, aplicando una velocidad turbo que no se conocía hasta ahora. Y los datos lo respaldan.
Hay, en el fondo, una cuestión de actitud en la forma en que se enfrentan a la discusión de pavimentar o poner obstáculos antojadizos a proyectos que, en su inmensa mayoría, llegan al consejo con perspectivas favorables. Y eso es valiente y valorable, en un contexto en el que sería mucho más fácil dilatar definiciones, pedir infinitos nuevos antecedentes, mirar para el lado y lavarse las manos como un célebre prefecto romano.
LOS HECHOS DEMUESTRAN QUE EL COMITÉ DE MINISTROS SE HA CONVERTIDO EN UNA SUERTE DE ÁNGEL DE LA GUARDA A FAVOR DE LA INVERSIÓN EN EL PAÍS.