El Comercio, Perú
16 de agosto de 2026
Radiografía. Se elevó desde el 2021 (40%) y supera al Minsa (43%), que ha experimentado también un aumento desde ese año (30%). La deteriorada situación del sistema de salud perjudica a los más vulnerables.
El deterioro del sistema de salud se hizo más evidente en estas últimas semanas. Las deficiencias en la atención y la creciente insatisfacción de los usuarios son algunos de sus síntomas. Abordar una reforma del sector requiere una mejor gobernanza, infraestructura y equipos, y una provisión del servicio eficiente y oportuna en alianza con el sector privado.?Sistema en deterioro ? En la última década, la satisfacción de la ciudadanía con los servicios médicos públicos cayó de 36% a 24%, según Ipsos. Más aún, la atención es percibida como mala o muy mala por el 29% de la población en el caso del Minsa y 41% en el caso de Essalud, según la Enaho.El grado de mortalidad por causas evitables por cada 100.000 habitantes en el Perú (405) es bastante mayor que el promedio de la región (305) y que en países como Colombia (309) o Chile (192), según la OCDE. La insuficiente disponibilidad del personal médico es un primer factor clave. Perú cuenta con solo 16,9 médicos por cada 10.000 habitantes, por debajo del promedio de América Latina (25). A ello se le suma el desabastecimiento de medicamentos. A junio del 2026, según la Digemid, 19% de los medicamentos vitales y esenciales en los establecimientos públicos de salud se encontraban desabastecidos o con existencias insuficientes. En regiones del oriente, como Loreto y Ucayali, este valor alcanza cerca del 30%.La precariedad de la infraestructura y equipos agrava estas deficiencias. Según el Minsa, en el 2025, el 95% de los establecimientos del primer nivel de atención y 85% de los hospitales presentaban una capacidad instalada inadecuada. ?Más recursos, avances limitados? Estas deficiencias están vinculadas a la gestión de recursos, cuya flexibilidad es cada vez menor, lo que limita el margen para financiar la compra de medicamentos o equipamiento. Así, al 2025, el pago de remuneraciones representa 50% de los recursos de EsSalud, lo que es bastante mayor que en el 2021 (40%), y supera al Minsa (43%), que también aumentó con respecto a ese año (30%).El caso de Essalud evidencia cómo mayores recursos no implican necesariamente más servicios. Si bien sus ingresos crecieron 34% en la última década en términos reales, solo el componente remunerativo tuvo un avance similar (33%). Las consultas (21%), horas médicas programadas (20%) y oferta de camas hospitalarias (6%) aumentaron en menor magnitud. Esta brecha también se refleja en el tiempo promedio de espera entre la solicitud de una cita y la atención, que se más que duplicó entre el 2019 (10,4 días) y el 2025 (25,2), según Essalud. La frecuente rotación de autoridades debilita los equipos técnicos y retrasa decisiones claves. En el último quinquenio, Essalud tuvo 21 gerentes generales y 14 presidentes ejecutivos, una rotación sin precedentes. En el mismo lapso, el Minsa acumuló ocho ministros, prolongando la inestabilidad observada durante el quinquenio previo a causa de la pandemia.?Impacto en los hogares ? La situación del sistema perjudica a la población de menores ingresos. Según la Enaho, en el 2025, más del 30% de las personas de los niveles socioeconómicos más bajos no buscó atención, pese a reportar una enfermedad grave. Ello es mayor en zonas rurales, donde el 42% no se atiende. Entre quienes sí se atienden, en los segmentos de menores ingresos predomina la atención en Minsa o Essalud; mientras que los de mayores ingresos acceden más a clínicas y farmacias.Fortalecer la capacidad de atención requiere de una mejora en la disponibilidad de medicamentos. No hacerlo afecta en mayor medida a los más vulnerables, que destinan una mayor proporción de sus ingresos a cubrir gastos en medicinas. Al 2025, el quintil de menores ingresos destinó 11,5% de sus ingresos laborales a medicinas, ocho veces más que el quintil de mayores ingresos (1,4%).Hay una cartera de 10 proyectos APP de salud en ProInversión por una suma de US$4.000 millones, pero deberían ser más y ejecutarse en el tiempo más breve. Cambiar la situación del sector requiere más que declaratorias de emergencia. No será inmediato, pero un paso importante será dejar claro que el Estado es responsable de garantizar la prestación del servicio de salud, no necesariamente de proveerlo directamente. Ello involucra entonces incorporar prontamente más participación privada.