Lunes, 17 de Agosto de 2026

Urge activar los músculos del Uruguay innovador y productivo, advierte Fernando Filgueira

UruguayEl País, Uruguay 17 de agosto de 2026

El Jefe de la oficina del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) aseguró que la arquitectura de protección social de Uruguay no está articulada con la nueva estructura de riesgos.

El sociólogo Fernando Filgueira advirtió que las instituciones y los programas dirigidos a la población más vulnerable fueron diseñados para una población "que ya no es la misma"; reconoció que en Uruguay se ha hecho una "recalibración" del estado de bienestar, "pero algo tardía y un poco débil de músculo fiscal". Filgueira expondrá está semana en Conferencia Regional sobre Población y Desarrollo organizada por Unfpa y Cepal en Montevideo, donde se analizarán los impactos del cambio demográfico en América Latina y el Caribe. El experto señaló que en el caso de Uruguay es necesario reorientar el gasto; "no debiéramos simplemente expandir carga fiscal para colocarla de la misma manera en que la estamos distribuyendo en la actualidad", remarcó, poniendo énfasis en la necesidad de invertir en potenciar las "capacidades humanas". A continuación, un resumen de la entrevista.

El ministro de Economía Gabriel Oddone advirtió recientemente sobre "una bomba de tiempo" derivada del incremento de las infancias en contexto de pobreza. ¿Comparte esa afirmación?

Es importante que lo haya dicho el ministro de Economía. Es algo en lo que varios académicos, el Fondo de Población de las Naciones Unidas y la Cepal venimos insistiendo: el reloj se está apurando en el proceso de envejecimiento de América Latina, pero en particular algunos países como Uruguay, Chile y Argentina, con un poco más de lentitud en Brasil y México, pero todos más acelerado de lo que creíamos.
Se están aproximando al cierre de la ventana de oportunidades demográficas y lo están haciendo en un contexto de marcado sesgo intergeneracional de la pobreza y con una fuerte infantilización de esa pobreza.

¿El calificativo de "bomba de tiempo" es preciso, entonces?

Lo es. Porque en un contexto en donde sabemos que vamos a estar enfrentando a cohortes activas más pequeñas por la muy marcada caída de la fecundidad que se ha producido en los últimos 10 años, sabemos también que vamos a tener que sostener con ese trabajo, producción, valor y con el tiempo de cuidados a una población más envejecida, en donde las cohortes de adultos mayores van a ser más grandes.
Para que esa longevidad, que es un logro civilizacional, no se convierta en un cuello de botella del desarrollo, requerimos cohortes altamente productivas, que tengan una plena inserción en este siglo XXI, que viene acompañado de un proceso marcado de revolución tecnológica en donde el conocimiento va a ser clave. Eso implica evitar situaciones en donde el 20, 30, en muchos países 40 o 50% de la población infantil y adolescente se encuentra en situación de pobreza.
Por tanto, está claro que hay que hacer un esfuerzo muy importante en materia fiscal para poder apoyar a estas nuevas generaciones, al mismo tiempo que hay que ir preparando los instrumentos de protección social.
En un documento reciente suyo encargado por Cepal, afirma que "las instituciones a través de las cuales las sociedades latinoamericanas o redistribuyen los recursos entre generaciones y entre los sexos, fueron diseñadas para una población que la región ya no posee". ¿Ese alerta también es para Uruguay?

Claramente. Uruguay, a diferencia de muchos países latinoamericanos tuvo tempranamente una composición de sociedad moderna, urbana, industrial. Un proceso de transición demográfica relativamente temprano, donde disminuyeron los niños, pero no habíamos envejecido todavía, porque teníamos una estructura familiar que había avanzado desde el modelo tradicional. También habíamos avanzado en un mundo de empleos relativamente formales. A partir de los años ´70, ´80 eso empieza a desdibujarse. Ingresamos en una etapa ya de mayor caída de la fecundidad en los ´90 que se profundizó, con un crecimiento importante de la población envejecida y una estructura familiar radicalmente distinta a la estructura familiar para la que fueron creadas nuestras instituciones.
Hoy nuestra arquitectura de protección social no está articulada en la nueva estructura de riesgo.

En Uruguay se ajustó el sistema previsional, se está modificando la forma en que se asignan los recursos a los hogares más pobres.

Eso es correcto. No es que el estado uruguayo haya asistido impávido ante estas transformaciones. Desde la temprana aparición de los CAIF, la expansión de las escuelas de tiempo completo y de las licencias maternales y parentales, la creación del sistema nacional integrado de cuidados, el intento de ajustar el sistema de pensiones y jubilaciones para hacerlo más sostenible y la creación del Fonasa como un sistema de expansión de la accesibilidad a un paquete de aseguramiento en salud relativamente importante, son señales poderosas.
Pero esa recalibración del estado de bienestar que hemos hecho, ha sido un poco tardía, es decir, corriendo de atrás, un poco débil de músculo fiscal. Tenemos hoy un sistema de prestaciones monetarias a la infancia que antes no teníamos, también un sistema de asignaciones familiares por vulnerabilidad que se entrega en general a la mujer, pero que claramente tiene algunos problemas de cobertura, pero sobre todo problemas de suficiencia; los montos son insuficientes para garantizar que junto con la remuneración que puedan conseguir esas personas en el mercado de trabajo y el apoyo de las familias, los niños no estén viviendo en situación de necesidad y de pobreza.
Lo otro que nos pasó es que ese músculo fiscal débil tiene que ver con que el ajuste de la inercia fiscal expansiva del modelo anterior que ya no cubre adecuadamente ciertos riesgos, se mantuvo.

El sistema de jubilaciones y pensiones es, en términos absolutos, el que más creció en erogación, junto con el sistema de salud.

El sistema de salud, creció fundamentalmente por acceso a medicina de alta complejidad. Y está bien, porque la población adulto mayor la demanda. ¿Pero qué pasa con la parte preventiva, para extender el tiempo de autonomía y autovalencia del adulto mayor?, ¿qué pasa con un sistema de indexación de jubilaciones y pensiones, que tal vez es necesario para seguir mejorando las jubilaciones de los sectores más vulnerables, pero que tiende a ser un subsidio regresivo si lo mantenemos para los sectores medios altos y altos?

Hay una clara tensión entre las restricciones fiscales y las demandas de gasto.

Así es. Tenemos que poder contener el gasto desde un principio de equidad, tanto los subsidios regresivos como la apropiación corporativa de la renta que en el sistema de salud se produce, para que nos quede margen para realizar las inversiones necesarias en los sectores más vulnerables, porque ese porcentaje de población importante que está pasando por niveles de infraconsumo muy claros, son las generaciones futuras que van a sostener al país y al contrato social.
Quiere decir que necesitamos recortar, limitar o contener la expansión del gasto en ciertas áreas para que, en la medida en que la economía va creciendo, pueda volcarse a las áreas que aumentan productividad. Personas más preparadas, que pueden insertarse claramente dentro de las tecnologías del siglo XXI, y cuyas condiciones de vida le permitan una plena inserción en el mercado laboral, incluida las mujeres que hoy no pueden participar. A cambio del esfuerzo fiscal, que puede ser mayor en algún momento, se le va a dar a las empresas la posibilidad de contarcon mano de obra preparada.
Está claro que no debiéramos simplemente expandir carga fiscal para colocarla de la misma manera en que la estamos distribuyendo en la actualidad. Tenemos que reorientar el gasto.

¿Y qué alternativas de política se plantean?

Yo creo que es una muy buena noticia, aunque insuficiente, el proceso que se propone de integración de los sistemas de transferencias monetarias y fortalecimiento del valor de esas transferencias monetarias hacia la mujer gestante y niños de entre 0 y 3 años.
Creo que eso constituye un paso adelante en términos de eficacia y eficiencia de política pública y también, aunque tímido, de esfuerzo fiscal.
La otra política pública que me parece que está en ciernes, pero le falta encontrar una estructura de financiamiento razonable y modelos de servicio adecuados, es el sistema nacional integrado de cuidados. Tenemos que poder tener realmente una cobertura universal allí.
Lo otro que tenemos que hacer es la distribución de cuidados, para permitir una mayor inserción de la mujer al mercado laboral. Esto nos da oxígeno en la ventana de oportunidades demográficas, porque hay un 2030% de diferencia entre la tasa de participación de varones y de mujeres; redistribuyendo cuidados entre estado y mercado y familia y entre varones y mujeres, podemos mejorar esa tasa de participación laboral.
Allí tenemos un paquete de reformas importantes.

¿Qué otras visualiza?

Urge activar los músculos del Uruguay innovador y productivo. La inversión en ciencia y tecnología, en educación y en el proceso de reconversión laboral es también, junto con la inversión en infancia y en liberación del tiempo de la mujer a través de cuidados, parte del paquete de sistema de bienestar que no es solo más equitativo, más justo y que enfrenta con dignidad la etapa que estamos atravesando demográficamente, sino también más productivista, con una fuerte apuesta a las capacidades humanas.

El mercado de trabajo tiene deficiencias, desde altas tasas de desempleo juvenil, pasando por la informalidad y la necesidad de insertar mujeres y extender la vida laboral en general.

Hay una parte que no controlamos; el contexto internacional hoy está golpeando duro a los países emergentes e implica desafíos para poder captar inversiones y desarrollar procesos de innovación a partir de dichas inversiones productivas.
La parte que sí controlamos, es la capacidad de reorientar fiscalmente nuestro estado y generar las alianzas adecuadas con el mercado para, por ejemplo, aprovechar más plenamente las capacidades productivas de los adultos mayores.
Esto tiene que estar acompañado de la capacidad del país de captar inversiones internacionales y de realizar reformas microeconómicas que disminuyan los costos de transacción en el país e incrementen la productividad agregada. Si junto a eso lo hacemos más atractivo porque tenemos una infancia que se crió en razonables condiciones de bienestar y una educación que produzca capacidades humanas, podemos esperar mejores resultados.
Tenemos las garantías institucionales, tenemos estabilidad macroeconómica, pero tenemos una sociedad partida, esa bomba de tiempo que nos puede llevar a perder alguna de esas ventajas que son competitivas en un mercado de captación de inversiones, más en un contexto de revolución tecnológica que va a afectar el empleo.

Precisamente como antesala de la conferencia regional sobre población y desarrollo, este lunes hay una reunión con el sector privado. ¿Qué se busca?

Hay dimensiones no menores de oportunidades que tienen que ver con la llamada economía plateada. Una parte de esa población adulta mayor tiene un componente de ahorro y de riqueza acumulada muy importante, y tiende a consumirla en esta etapa de la vida. La consumen en salud, en turismo, en servicios. Hay que tener la capacidad de adaptarse y proveer los bienes y servicios propios de esa economía plateada, que constituye un espacio potencial.
Pero además, hay un espacio de desarrollo de innovaciones tecnológicas muy importantes desde la biotecnología, pasando por la asistencia en salud telematizada, etcétera, que son también mecanismos de innovación que pueden generar empresas e innovación, productividad y empleo, que luego pueden escalar no solo a nivel nacional.
Por ejemplo, el servicio de acompañamiento que nosotros tenemos en Uruguay, que nace como una innovación privada, hoy lo están adoptando otros países.
Esa es la señal que queremos trasladar al privado. Hay oportunidades.Esa nueva arquitectura de protección que hay que reconstruir requiere de las cuatro esferas: familia, comunidad, estado y mercado.
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