Traigan cemento...
El 8 de septiembre, invitado por el Club Social y Deportivo Colo Colo, retornará a Chile por algunos días el entrenador croata Mirko Jozic
El 8 de septiembre, invitado por el Club Social y Deportivo Colo Colo, retornará a Chile por algunos días el entrenador croata Mirko Jozic.
La idea de esta visita es obvia: rendirle un homenaje al octogenario DT quien, por razones no explicitadas por Blanco y Negro, no vino a la celebración del Centenario del club ni a la conmemoración de los 35 años de la obtención de la Copa Libertadores de América en la cual fue protagonista esencial.
Será entonces esta la ocasión para intentar, al menos, poner al adiestrador en el lugar que se merece: el del más importante y trascendente en su labor técnica en la historia de Colo Colo.
Sí, Mirko Jozic es el número uno. Y la razón es bien simple: fue tan revolucionario como el húngaro Francisco Platko, tan ganador como Claudio Borghi, y tan constructor ideológico como Luis Álamos. Es decir, fue la síntesis perfecta de lo mejor y más granado que ha pasado por la banca alba en sus más de 100 años.
¿Basta todo esto para considerarlo un ídolo?
Puede que no. En estricto rigor, solo podría alcanzar para dejarlo como un gran entrenador, un profesional de alto nivel, un innovador, porque para ser considerado ídolo se necesita otra cosa que es fundamental: que la sociedad, el pueblo, la comunidad o sea, la base colocolina en este caso, lo erija en esa categoría.
Y Jozic ahí sí que cabe en el molde de los ídolos.
¿Por qué se produjo esa "santificación"? No es fácil dar una sola respuesta, aunque se puede intentar una hipótesis a partir de lo que dicen los jugadores a los cuales dirigió, los trabajadores que lo asistieron y, claro, los hinchas y fanáticos que lo vieron en el momento de conducir a su equipo.
Con todo ello, surge la idea de que Mirko Jozic no solo fue un frío profesor o adoctrinador -que lo era- ni el obsesivo del líbero, los stoppers y los laterales y punteros abiertos, sino que también un tipo que se supo empapar de la realidad que le tocó conocer en un país extraño y lejano para él.
Jozic era exigente, pero sabía escuchar. Era un DT que mandaba, retaba y sancionaba a sus dirigidos, pero que también se esforzaba por conocerlos y entenderlos ("Pato" Yáñez fue su prueba de fuego mayor). Colo Colo, su historia y su gente pudieron ser para él una instancia más en su currículum, un check o una estación, pero eligió que todo ello fuera parte de su vida y la de su familia.
Por eso es un ídolo. Porque la gente le dio esa categoría. Que hoy se ponga siquiera en duda que Jozic está en la galería de los elegidos, de los más queridos, eso habla solamente de ignorancia. O de celos. O de ambas.
Si alguien alega porque no tiene el reconocimiento que dice merecer, que no es aplaudido, que no recibe homenajes, que no ponga a Mirko Jozic como adversario ni trate de minimizarlo dando a entender que "solo" fue un trabajador, un empleado, un asalariado.
Mejor será que se compre unos buenos sacos de cemento para construirse su propio monumento. Nadie lo hará por él...