Miércoles, 19 de Agosto de 2026

Problemas en el PDG

ChileEl Mercurio, Chile 19 de agosto de 2026

Mientras crece su influencia política, se evidencia su debilidad institucional.

Varias de las múltiples y contradictorias caras del PDG han quedado de manifiesto en estos días.
El partido ha celebrado esta semana el regreso a sus filas del diputado Roberto Arroyo, quien se había alejado en 2022, cuando la primera bancada de la colectividad estaba empezando a hacer crisis (posteriormente se terminaría quedando sin un solo integrante). El retorno de Arroyo tiene así algo de simbólico: en esta nueva etapa, el PDG busca no repetir errores pasados. La estrategia es aprovechar al máximo la expectante posición de que hoy goza en la Cámara, donde, con sus 14 congresistas, tiene el potencial de definir las mayorías. Su rol en la aprobación de la Ley Miscelánea lo evidenció, junto con mostrar a su líder natural, Franco Parisi, negociando de igual a igual con el ministro de Hacienda.
Con todo, Parisi y los suyos se encargan cada tanto de recordarle al Gobierno que sus votos no están asegurados. El domingo, por ejemplo, el economista arremetió contra el Presidente Kast, acusándolo de no tener liderazgo y poniendo en duda un eventual respaldo a la reforma constitucional sobre seguridad pública. Fue también una manera de cobrarle la falta de apoyo del Ejecutivo al proyecto de su hermana, Zandra Parisi, para declarar feriado el 17 de septiembre. Y, claro, un mensaje a los votantes que en la última elección creyeron en aquel eslogan de "ni facho ni comunacho".
Pero si las jugadas políticas del PDG han estado haciendo noticia, tanto o más lo han hecho los problemas legales de la colectividad. Estos incluyen una investigación del Ministerio Público por presuntas falsificaciones de firmas de directivos y otra a raíz de una denuncia del Servicio Electoral por irregularidades en sus balances. Y se agrega a todo eso el bochorno en que derivó su renovación de directiva, luego de que el Tribunal Supremo anulara la elección interna de abril, en que sorpresivamente fue derrotada la lista más cercana a Parisi. Dicha resolución está siendo revisada por el Tricel, al tiempo que el último proceso de nombramiento de reemplazantes fue hace unos días objetado por el Servicio Electoral.
Parisi ha restado trascendencia a estos problemas. Según él, las investigaciones judiciales apuntan contra personas específicas que ocuparon cargos en la colectividad y no contra el partido, de modo que no debieran afectarlo. Sea así o no, lo que esta suma de situaciones pone en evidencia es una inmensa debilidad institucional. En efecto, las dificultades para justificar gastos, las decisiones intempestivas o las denuncias judiciales por parte de exautoridades partidarias no se compadecen con la importante posición que hoy ostenta el PDG. O, por decirlo de otra manera, no es razonable que no exista claridad respecto de quién preside un partido que está decidiendo el futuro de importantísimos proyectos de ley. A menos, claro, que ese dato sea más bien irrelevante, que es lo que parece estar ocurriendo acá: resulta, en efecto, inimaginable que algún timonel partidario pudiera tener un poder interno comparable al de Parisi o al de su núcleo más cercano. Ello da cuenta de un proyecto político profundamente personalista, que ha crecido alimentándose de la popularidad de su líder, pero donde ese mismo personalismo empieza a asomar hoy como causa de algunos de sus más graves problemas.
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