El Comercio, Perú
21 de agosto de 2026
En Lima, una lluvia extraordinaria dura horas; la improvisación, décadas
En Lima, una lluvia extraordinaria dura horas; la improvisación, décadas. Cada aniego reactiva el mismo ritual: motobombas, declaraciones de emergencia y autoridades discutiendo a quién pertenecía la pista. El agua, bastante más sensata, ignora los límites distritales. El problema técnico no es la ausencia de alcantarillado sanitario, sino de drenaje pluvial: un sistema distinto, compuesto por superficies de captación, pendientes, sumideros, colectores, áreas de retención e infiltración, cauces y puntos seguros de descarga. Si estos elementos no se planifican como una red, la obra que protege una avenida puede trasladar la inundación al barrio vecino.La norma ya reconoce esta lógica. El Decreto Legislativo 1356, modificado por la Ley 32389, obliga a incorporar drenaje pluvial en las inversiones desde la preinversión. Para las áreas urbanas consolidadas exige una implementación progresiva mediante un plan integral de drenaje pluvial aprobado por la municipalidad provincial, coordinado con los distritos y asistido técnicamente por el Ministerio de Vivienda. Es decir, la responsabilidad es compartida, pero no indistinta.La municipalidad metropolitana debe conducir el sistema, definir cuencas, corredores, estándares y prioridades según el riesgo. Los municipios distritales deben identificar puntos críticos, ejecutar componentes locales y garantizar operación y mantenimiento. Al Ejecutivo le corresponde ejercer rectoría, financiar infraestructura estratégica y fortalecer capacidades.Las pistas, veredas, espacios públicos, drenaje y saneamiento continúan tratándose como proyectos separados cuando deberían funcionar como activos estratégicos conectados. Cada sector atiende su pieza, pero ninguno garantiza el conjunto. Una calle rehabilitada sin drenaje es una inversión incompleta; un parque sin capacidad de infiltración, una oportunidad perdida.Lima no carece únicamente de tuberías: carece de una política urbana de adaptación climática que vincule vivienda, movilidad, saneamiento, espacio público y gestión del riesgo. Mientras cada entidad defienda su pequeño ámbito, el agua seguirá demostrando que la ciudad es una sola. Y continuará cobrando el costo público de nuestra cómoda y persistente fragmentación institucional.