El amante del siglo
Esplendor del cine mudo, histeria de masas y un ídolo trágico: el actor italiano murió un día como hoy hace 100 años, lo que dio inicio a la leyenda del mayor latin lover del cine. Su estela sigue definiendo el arquetipo del seductor.
Por Enrique Planas
Era el hombre más hermoso del mundo. Y también mal actor, pero qué importa. Conoció como muy pocos artistas el fervor público y ganó a todos en la captación del alma femenina. A todos impuso sus maneras aristocráticas y dejó para la estética del cine mudo una maquillada y arrogante teoría de interpretación. Ebrio de triunfos y de millones, Rodolfo Valentino murió un día como hoy, hace un siglo.Su vida fue lujuriosa y trágica. Su deseo de conocer el mundo lo llevó a los salones de baile del París de la Belle Époque, donde aprendió el arte del tango y ofreció compañía a mujeres opulentas dispuestas a pagar. De allí partió a Estados Unidos, donde llegó a fines de 1913. Tras meses durmiendo en las bancas de Central Park, consiguió ingresar al Maxim?s, cabaret donde pasaba horas en la pista bailando con millonarias. Tras un incidente confuso con la esposa de un empresario, abandonó Nueva York y tentó suerte en Hollywood, al otro lado del país.Allí continuó ganándose la vida como gigoló, hasta que meses después consiguió pequeños papeles de reparto. El joven frecuentaba el círculo de la actriz rusa Alla Nazimova, famosa por organizar fastuosas fiestas, donde conocería a su primera esposa, la actriz Jean Acker. Un matrimonio condenado a ser efímero, pues ella estaba involucrada con otra actriz, Grace Darmond. En 1921 se casó con Natacha Rambova, actriz y escenógrafa, quien le enseñó cómo acomodar su imagen a los requerimientos de la industria. Asimismo, la guionista June Mathis lo adoptó y lo impuso ante los jefes de la Metro para que protagonizara ?Los cuatro jinetes del Apocalipsis?, que supone el primer éxito de Valentino. Luego protagoniza ?El Sheik?, filme que confirma su imagen del latin lover gracias a una masculinidad sofisticada, atildada y romántica, nunca antes registrada en pantalla. Desde entonces, su vida se transforma en un vodevil extravagante propio del babilónico Hollywood de la época. En 1925 se divorció para anunciar, en marzo del año siguiente, su compromiso matrimonial con la avasalladora actriz Pola Negri. Es entonces cuando la fatalidad eclipsa su estrella. En el verano de 1926, Valentino estaba en Nueva York para promocionar ?El hijo del Sheik?, y las semanas previas de dolores en el estómago derivan en una urgencia en su habitación de hotel, la tarde del 15 de agosto. Lo que al principio fue diagnosticado como una apendicitis pronto devino en una peritonitis fulminante que supuso ocho días de agonía. Valentino tenía apenas 31 años.En la edición del lunes 23 de agosto de 1926, en su portada El Comercio titula escuetamente: ?Ha muerto Rodolfo Valentino? y comparte un breve despacho telegráfico que así inicia: ?Tras una penosa enfermedad bastante corta, desaparece una rutilante estrella de Hollywood?. Al día siguiente, el Diario añade detalles de los momentos previos a su muerte, consignando que sus últimos sacramentos le fueron administrados por el padre italiano José Cangedo, a las 10 de la mañana, originario del mismo pueblo de Valentino?.El sepelio fue un megaevento. La puesta en escena en Nueva York incluyó supuestos suicidios de mujeres enloquecidas de amor, camisas negras fascistas custodiando el féretro y una catarata de desmayos entre las ochenta mil personas que despidieron al gran amante latino. Luego se sabría que muchas de esas extravagancias fueron orquestadas por George Ullman, agente del actor, y por el gerente de la casa funeraria en Broadway. Algo más modestos, los funerales se repitieron en Los Ángeles.La angustia alcanzó también a sus admiradoras peruanas. En Lima, los empresarios del cine San Martín convocaron a la acongojada platea apurando la importación de sus tres últimas películas. En las páginas de El Comercio, se anuncia el estreno de ?Monsieur Beaucaire, el barbero del rey? el 21 de setiembre; de ?El hijo del Sheik? el 12 de octubre y ?El diablo santificado? el 23 de noviembre. Aquella histeria masiva generó un fenómeno local de taquilla sin precedentes. El mito de Valentino había crecido tanto que devoró a la persona. En su lugar, solo queda lo accesorio: la mirada seductora, los labios negrísimos y las cejas delineadas como una figura de cera. Lo que sí sobrevivió fue el arquetipo del amante latino, especie extinta ya, tras décadas de repetición del cliché exótico.
Rodolfo Alfonso Rafaello Pierre Filiberto Guglielmi di Valentino d?Antonguello (o Rodolfo Guglielmi, a secas) nació en Castellaneta, Italia, el 6 de mayo de 1895. Sus restos descansan en el Hollywood Memorial Park, en Los Ángeles.