Sábado, 22 de Agosto de 2026

Los tontos de antes

ColombiaEl Tiempo, Colombia 22 de agosto de 2026

El terremoto de la semana pasada ha dado para sacar lo mejor de muchos colombianos con donaciones y campañas de reconstrucción, pero también ha servido para dejar en evidencia el alma oscura que en ocasiones tenemos los humanos

El terremoto de la semana pasada ha dado para sacar lo mejor de muchos colombianos con donaciones y campañas de reconstrucción, pero también ha servido para dejar en evidencia el alma oscura que en ocasiones tenemos los humanos. Empezamos por los políticos, que usaron el seísmo para lanzar arengas en contra de sus contrarios, argumentando desidia, ineficiencia de las instituciones y hasta designios de Dios. Que quede claro de una vez: esos que aprovechan el hambre, la violencia, las injusticias y los golpes de la naturaleza para buscar culpables de acuerdo a su ideología son unos indolentes a los que no les importa nada, tan solo los votos y el poder. Pisarían la cabeza del que fuera con tal de mantener sus privilegios. Pero se sabe que los políticos (y sus activistas) pueden caer bajo, de ellos nos extraña poco o nada; lo sorpresivo, aunque no tanto, fue la reacción de los influencers (mi nueva obsesión) tras el terremoto. Temprano en la mañana de ese lunes diez de agosto, antes de que se conocieran los alcances del hecho, varios de ellos salieron a promocionar pijamas y a decir que lo mejor que se podía hacer era ir al gimnasio porque nunca se sabía cuándo podía ser la última vez. Otros reseñaron el temblor desde un avión, y unos cuantos, habiendo salido ilesos, anunciaron planes sociales que tenían en mente para liberar el estrés y el miedo con que habían quedado. Su desidia pronto quedó en evidencia, y la gente empezó a reclamarles por su actitud, por lo que muchos cambiaron el discurso, apelaron al amor y las buenas vibras y pusieron a disposición sus redes sociales para hallar desaparecidos y hacer colectas para los damnificados. Bien me parece, pero hay un dejo de control de daños de su imagen y no de altruismo desinteresado porque, claro, luego muchos se grabaron llorando o viajando al lugar de los hechos para ayudar en medio de la crisis. A sus ojos, si ellos no son los protagonistas la historia carece de interés. Y es cierto que debería sorprendernos su actitud egoísta, pero, si miramos bien, ¿qué esperábamos de personas que destapan celulares, visitan almacenes de ropa y dan consejos de vida mientras se maquillan? Que no hay nada de malo en vivir de promocionar marcas, pero no puede ser que la existencia se limite a eso y que luego, amparados en su fama, se sientan referentes e, incluso, intocables. Hace rato la gente se cansó de los famosos tradicionales porque los sentía ajenos a la realidad y puso su foco en las figuras de internet porque las intuían cercanas, pero ahora esto ha cambiado y la desconexión de esos que antes parecían del común es alarmante, un ejército de personas que hacen pilates y yoga, meditan, estrenan los últimos productos que ofrece el mercado, vacacionan en blanquísimas playas y comen en los mejores restaurantes. Nada en sus posteos parece natural, tampoco nada luce roto ni feo ni sucio, viven en un mundo perfecto donde los colores y la estética superan cualquier diseño hecho con inteligencia artificial. Hace poco vi el reel de alguien que decía con profunda alegría que había sobrevivido a su viaje a Europa en clase económica. Un héroe, sin duda, en cualquier momento le dan la medalla al mérito. Es que no todos pueden ser influencers ni farmear aura, que el mundo necesita científicos, administradores, médicos, un diez para la selección; lo que sea, menos personas que, aunque paradójicamente se llaman generadoras de contenido, contenido es lo que menos generan. Entiendo que las marcas están para facturar primero que todo, pero deberían revisarse y ver en manos de quiénes ponen su imagen, porque muy bellos y atléticos y elocuentes podrán lucir algunos, pero los mira uno bien y son los tontos de antes, los desadaptados que vivían en la casa familiar hasta los cincuenta porque no servían para mayor cosa. No puede estar tan mal el mundo que hoy la sociedad los cubra de popularidad y billetes.
‘Influencers’ y el terremoto
Adolfo Zableh Durán
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