Martes, 25 de Agosto de 2026

Uruguay 2026

UruguayEl País, Uruguay 24 de agosto de 2026

La actual atonía, la pesada sensación que las trabas que inmovilizan el país son insuperables, ataca preferentemente a los jóvenes.

A pesar que una última encuesta mejora en unos puntos el apoyo al desempeño presidencial, el rechazo a su figura y a su gestión sigue siendo fuertemente negativa. Un tema que no solamente debería preocupar al partido de gobierno sino a toda la ciudadanía. Una negativa tan marcada, casi sin precedentes en la historia del país, no ayuda al mejor desempeño de la democracia urgida de sintonía entre pueblo y gobierno. En este agrisado presente las expectativas de los uruguayos no son las mejores enfrentados como están a un panorama de estancamiento tanto demográfico como económico que nada augura pueda revertirse a corto plazo. Los especialistas señalan que en un período muy corto, perderemos el 15% de la actual población. Fenómeno que a nadie parece preocupar. No tan lejos estamos de los tiempos del país modelo posterior a la segunda guerra mundial, cuando parecía que el crecimiento no tenía techo, tanto que en ese decenio aumentamos nuestro PBI en más de un 30%. Un porcentaje actualmente estratoférico.

Quizás los más grave es que la actual atonía, la pesada sensación que las trabas que inmovilizan el país son insuperables, es que esa percepción ataca preferentemete a los jóvenes, que ni aprenden (sólo la mitad concluyen secundaria), ni trabajan (aquejados por el mayor índice de desempleo etario) nada de lo cual es buen augurio. No en balde la pobreza infantil que rápidamente se traduce en pobreza adolescente es la más extendida en el país. Un fenómeno que sumado a otros relacionados, como la proliferación de zonas urbanas marginadas, hace que la desazón se traduzca en violencia social y delito. Ningún empleo obtiene mejor remuneración que el de las drogas, desde sus estratos más altos volcados a su importación y exportación, cosechando millones, hasta los más humildes ocupados con su distribución y venta a nivel barrial. Nada impide que a su lado, como actividad complementaria pero no sustitiva, se desarrolle el sicariato, la compra-venta de asesinos al menudeo. Por algo los homicidios ocupan parte sustancial de los informativos televisivos con monótonos y reiterativos informantes de sus detalles. Por algo no sorprende que el Uruguay tenga uno de los índices de prisionalización más altos de la región, cercano al de los Estados Unidos, campeón del mundo en esa materia.

Todo ello redunda en un descaesimiento de valores que aisla a la sociedad que procura defenderse dividiéndose en regiones independientes. Barrios apretados contra la costa con invisibles barreras frente al peso de rojas zonas que las rodean, por más que no logren evitar perforaciones más y más frecuentes. La respuesta más obvia es la represión pero sabido es que la misma, ni es permanente ni reintegra valores sociales perdidos. No es objetivo de esta nota listar desgracias, pero no es posible obviar que ellas conviven con nosotros. Hace unos años, Mujica insistió que la única solución era educar, educar y seguir educando (algo que él en definitiva no hizo), aun así, tenía razón. Fuera de las utopías, del milagro tecnológico o de la eliminación de la marginación, por ahora fuera de planes, no existen otras soluciones, ello exige un acuerdo interpartidario general, no programas propios, separados entre sí. Es hora de asumirlo.
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