La Orquesta de Adultos Mayores de La Granja: "Nunca es tarde para descubrir un sueño
Más de 50 integrantes participan en el conjunto, una iniciativa municipal que comenzó hace casi un año y que les permite -de lunes a jueves- aprender instrumentos, presentarse ante la comunidad y formar nuevos lazos. La vida les dio limones y ellos hicieron un pisco sour.
"A mí me gusta levantarme tempranito e ir a la orquesta que me hace vibrar (...). Ahora es tiempo de llevar la sonrisa, pese a los años que me han visto pasar. Yo solo quiero tocar, tocar, tocar. Si la vida me da limones, limonada tendré que tomar", así comienza Sour Blues, una de las canciones originales de la Orquesta de Adultos Mayores de La Granja. Y sigue: "Si la vida a mí me cree desechable, la orquesta a mí me da mi lugar. Yo ya no soy invisible en esta sociedad. Si la vida me da limones, un pisco sour tendré que tomar".
La iniciativa municipal comenzó hace casi un año y, desde entonces, sus integrantes han estado ensayado principalmente en Espacio Matta para ampliar sus conocimientos y repertorio. "La gran mayoría de los músicos no había tocado un instrumento en su vida", cuenta su director, Álvaro O'Ryan.
Según el alcalde Claudio Arriagada, la comuna cuenta con una población de adultos mayores que supera el promedio de la Región Metropolitana, por lo que este tipo de actividades son una prioridad. "Con el mayor envejecimiento hay una cantidad importante de mujeres y hombres solos. Los esposos mueren, quedan solos; los hijos se van, quedan solos (...). Acá murió hace poco un abuelo de inanición, murió de hambre, solo. Eso interpela a la actividad pública, de que algo anda mal" afirma. Frente a las iniciativas dirigidas a este grupo, el alcalde destaca el entusiasmo de sus participantes: "Ellos están deseosos de participar. Son buenos para pasarla bien".
Esa es la energía que se refleja en Marta Cifuentes (80), percusionista de la orquesta, quien asegura que desde que comenzó a participar ya no le cuesta levantarse por las mañanas: "Yo nunca podía despertarme temprano, pero me gusta tanto venir que me despierto a las 8". Ella forma parte del elenco inicial de la orquesta, y cada mañana toma una micro para llegar a los ensayos. Se reúnen de lunes a jueves, entre las 10:00 y las 13:00 horas.
Tal como ella, Ángel Durán (87) participa en la agrupación desde sus comienzos. "Es una gran alegría compartir con gente de la edad", cuenta. Para él, la música siempre ha sido una de sus pasiones: "Con mi esposa no tuvimos hijos porque nos dedicamos a bailar, bailar y bailar". Sin embargo, nunca había tocado un instrumento hasta el año pasado. Hoy es uno de los guitarristas de la orquesta.
"Nunca pensé que iba a aprender algo nuevo", dice Iris Reyes (66), hoy pianista de la agrupación.
Durán no es el único que comparte esta afición con su esposa. Arturo Véliz (82) y Norma Garrido (79) llegaron a la orquesta luego de que su hija buscara actividades que pudieran realizar juntos. Hoy, Garrido cuenta emocionada que sus hijos prometieron comprarles un violín y unas castañuelas, los instrumentos que toca cada uno: "Voy a poder hacerles show, con muletas y todo". Los que usan en los ensayos, en cambio, son facilitados por la municipalidad. "Los profesores tienen harta paciencia", dice Garrido, entre risas, "ya que estamos en la edad de los olvidos".
Con asistencia completa, O'Ryan afirma que llegan más de 50 adultos mayores a los ensayos; sin embargo, debido al frío, en invierno la convocatoria baja. "Hay algunos que se enferman y no vienen, pero a mi no me importa el frío porque acá yo soy feliz", narra Véliz. "Siempre canté, pero no sabía cantar, ahora estoy aprendiendo esa técnica y además a tocar violín".
Mario Robinet (65) cuenta que lo que más le costó fue aprender a leer música. "Yo sabía tocar guitarra de oído, pero no sabía cómo se escribían las notas", explica. Desde joven tenía ganas de aprender a tocar violín y, cuando vio un cartel anunciando que se estaba formando una orquesta de personas mayores, no lo dudó: "Dije: esta es la mía". Robinet trabajó como contador y hoy, ya jubilado, asiste sin falta a los ensayos. Llega caminando.
Como él, Ronny Ramírez (54) ya tenía algunos conocimientos musicales antes de incorporarse a la agrupación. "De joven tocaba batería, pero mi trabajo después no me lo permitió", cuenta. Ahora, tras dejar las ventas, ha retomado la música y dice haber aprendido más de lo que sabía de joven.
Los profesores de la orquesta, O'Ryan y tres asistentes, se adaptan a las necesidades de sus alumnos. María Josefina Rojas (65), profesora de ocupación, tiene problemas de visión, por lo que le facilitan partituras de gran tamaño para poder tocar su yaogu.
Durante estos días, los integrantes preparan su próxima presentación en el Congreso del Adulto Mayor, donde abrirán el evento interpretando cuatro canciones. Los años no parecen restarles espontaneidad. "Silencio, niños", dice el director de la orquesta mientras espera que sus músicos terminen de ponerse al día. También corrige los errores cuando es necesario: "Las percusiones entran después en la Vicuña Roja", indica, mientras continúa el ensayo. Los instrumentos que componen la orquesta son violines, guitarras, vientos, percusiones, panderos y pianos.
Los participantes aseguran que el espacio es un tipo de terapia y que se ha formado un ambiente de amistad. "Hoy es mi cumpleaños", anunció casi al final de la jornada Jaime Galleguillos, quien cumplió 68 años y decidió celebrarlo con el grupo, al que se integró hace dos semanas. "Me gusta venir porque me despeja la mente. No tengo mucha familia, así que acá comparto con gente", cuenta. Entre todos le cantaron el cumpleaños feliz, acompañados por los instrumentos de la orquesta.
Para Javier Rodríguez (82), la agrupación también se ha convertido en su compañía. Su esposa falleció hace dos años y él se incorporó a la orquesta hace uno. Juntos solían cantar en la iglesia; él tocaba la guitarra. Ahora, sigue con la música y ha encontrado un nuevo tipo de acompañamiento en la banda.
"Cuando escuché el violín, me llegó al corazón", cuenta Miriam Torres (66). Antes no sabía cuánto le gustaba la música, pero ahora piensa que quizás su inclinación también influyó en sus hijos, quienes tocan instrumentos. Desde pequeños, recuerda, ella solía cantar y mantener la radio encendida en la casa. Hoy siente que es su turno: "Nunca es tarde para descubrir un sueño".