Martes, 25 de Agosto de 2026

EDITORIAL

ColombiaEl Tiempo, Colombia 24 de agosto de 2026

La paciencia rinde
La acción de la farmacéutica Moderna subió la semana pasada alrededor de 177% en una sola jornada y llegó a US$174

La paciencia rinde
La acción de la farmacéutica Moderna subió la semana pasada alrededor de 177% en una sola jornada y llegó a US$174. El detonante fue el anuncio de que su vacuna personalizada contra el melanoma, desarrollada con Merck, cumplió el objetivo principal de un ensayo aleatorizado de fase III, de evitar que el cáncer regrese en pacientes de alto riesgo a los que ya se les extirpó el tumor. Merck avanzó más de 12%. BioNTech y Arcturus Therapeutics, que trabajan con la misma tecnología, subieron 22% y 25%, respectivamente. Hacía años que la compañía no sonaba así de fuerte. La última vez fue en plena pandemia, cuando su vacuna de ARN mensajero contra el covid-19 la llevó a ingresos cercanos a US$18.000 millones en 2022. Después vino el desinfle de mercados saturados, demanda en caída y la tesis, repetida en informes de analistas, de que había sido apenas el vehículo afortunado de una emergencia sanitaria puntual. Un salto de esa magnitud mide tanto el hallazgo como el pesimismo previo. El mercado había descontado que la plataforma de ARNm no tendría segunda vida. Se equivocó. Moderna lleva una década trabajando con Merck en vacunas contra el cáncer, y el desarrollo contra el covid fue una desviación oportuna de ese camino, pero no su punto de partida. La plataforma ya existía y por eso pudo reprogramarse en semanas. La investigación de ciclo largo rara vez rinde cuando el trimestre lo exige. Cuando rinde, lo hace de golpe. Conviene moderar el entusiasmo, eso sí. La compañía no publicó los datos completos y la vacuna no tiene aprobación regulatoria. Lo que se conoce con detalle viene de un estudio anterior y más pequeño: quienes recibieron la vacuna junto con Keytruda, la inmunoterapia de Merck, registraron un riesgo de recurrencia o muerte 49% menor a cinco años. Queda la pregunta de fondo: quién la paga. Una terapia que exige ‘biopsiar’ el tumor de cada paciente, secuenciarlo y fabricar una molécula a la medida será cara, y esa discusión será tan difícil como la científica. Colombia estuvo adentro. La Fundación Valle del Lili, de Cali, reclutó pacientes colombianos para ese ensayo internacional, el mismo que en una jornada movió miles de millones de dólares en valor bursátil. Esta institución fue reconocida en febrero como el mejor hospital de Colombia y el segundo de América Latina en el escalafón de Brand Finance. El contraste con las cifras del país es incómodo. En 2023 se registraron cerca de 39.700 estudios clínicos nuevos en el mundo y en Colombia las solicitudes de protocolos ante el Invima pasaron de 85 en 2014 a 87 en 2024, pese a que hay 162 centros certificados en Buenas Prácticas Clínicas. El gremio farmacéutico culpa a los 5,1 meses que tarda en promedio un concepto del Invima y a una normativa sin actualizar hace más de 15 años. Otros investigadores matizan que esos tiempos son parecidos a los de vecinos con mucha más actividad, y que lo que ahuyenta al patrocinador es la imprevisibilidad, no la demora. Las dos lecturas conducen al mismo lugar: la capacidad médica ya está probada y lo que falla es lo barato de arreglar. El camino hacia una cura nueva es largo y casi nunca recto. Moderna tardó 10 años en llegar hasta aquí, con una pandemia de por medio y un mercado que ya la había dado por amortizada. Insistir acabó pagando. Y mientras tanto, Colombia tiene instituciones para ser parte de este tipo de historias y una lista de trámites para revisar.
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