La mala y la buena
Recordó Jonathan, días atrás, que cuando niños pasábamos las "horas de invierno de nunca acabar" resolviendo acertijos de diferentes calibres
Recordó Jonathan, días atrás, que cuando niños pasábamos las "horas de invierno de nunca acabar" resolviendo acertijos de diferentes calibres. "Mi papá nos pedía buscar tres números consecutivos que sumen 45. O nos decía: Un gavilán saluda a un grupo de palomas: Buenos días, cien palomas. Una de ellas le dice: Nosotras no somos cien, pero nosotras más nosotras, más la mitad de nosotras, más la cuarta parte de nosotras y más tú, ahí sumamos cien. ¿Cuántas eran? Nos entreteníamos harto".
-No olvido -me dice- que el que más nos hizo pensar fue el caso del hombre que está en una pieza que tiene dos puertas: la L, que da a la libertad, y la M, que lleva a la muerte. En cada puerta hay una mujer. Una es mala, siempre miente y quiere que el hombre muera. La otra es buena, siempre dice la verdad y quiere que él se salve. Ellas conocen las puertas. Él tiene derecho a una sola pregunta. Se acerca a una mujer, le formula la pregunta, ella responde, entonces él sabe cuál es la puerta L. ¿Qué preguntó?
"Fue un buen caso ese. Otro problema que nos gustó...".
-!No, no te escapes¡ Tienes que darme la solución.
-Le dice, sin saber si es la buena o la mala: si usted fuese la otra mujer, ¿qué puerta me aconsejaría? Ella le responde. Entonces él se va por la puerta contraria y se salva...