El Comercio, Perú
28 de agosto de 2026
Estudio
La tragedia ocurrida recientemente en Nepal vuelve a poner la mirada sobre un peligro que también existe en el Perú, los eventos asociados al retroceso de los glaciares y a las lagunas que se forman en las montañas. Una evaluación elaborada por el Instituto Nacional de Investigación en Glaciares y Ecosistemas de Montaña (Inaigem) identificó 528 lagunas glaciares con algún nivel de riesgo de desborde, equivalente al 6% de todas las lagunas glaciares del país.De acuerdo con la evaluación, publicada en diciembre del 2024, del total, 336 lagunas presentan riesgo bajo, 43 riesgo medio, 91 riesgo alto y 58 riesgo muy alto.El retroceso de los glaciares favorece la formación y crecimiento de lagunas, mientras que factores como lluvias intensas, temperaturas elevadas, desprendimientos de roca o hielo y, en algunos casos, sismos pueden contribuir a generar condiciones para un desborde violento. El propio Inaigem advierte que el cambio climático está acelerando el retroceso glaciar y el crecimiento de estas lagunas. La laguna que ocupa el primer lugar entre las de mayor riesgo es Upiscocha, en la cordillera Vilcanota, Cusco. El estudio señala además que esta experimentó dos inundaciones por desborde violento de laguna glaciar en el 2022. Actualmente, existen unas 111 viviendas expuestas aguas abajo.Otro caso llamativo es el de Lazo Huntay, en la cordillera Huaytapallana (Junín), pues el estudio calcula 5.829 viviendas expuestas e identifica a la laguna como una amenaza para la ciudad de Huancayo. Esta evaluación del Inaigem corresponde al 2024 y todavía no se ha realizado una actualización nacional que permita establecer cuántas de las lagunas mantienen, han aumentado o han reducido su nivel de riesgo.?Prioridades?Paola Moschella, directora de la Dirección de Investigación en Glaciares del Inaigem, indicó que la institución necesita reunir nuevos datos. No obstante, eso no significa que el trabajo se haya detenido. Uno de los avances realizados ha sido la creación del Centro Nacional de Monitoreo de Glaciares y Ecosistemas de Montaña. Desde allí, el Inaigem monitorea en tiempo real tres lagunas de mayor riesgo: Upiscocha, en el Cusco; Palcacocha, en Huaraz; y Gangrajanca, en Huánuco.Sin embargo, existe una diferencia importante entre monitorear y alertar directamente a la población, ya que los gobiernos locales son responsables de implementar los sistemas de alerta para una eventual evacuación. Para Moschella, ampliar estos sistemas debería ser una prioridad. En los casos de mayor riesgo, un sistema de alerta temprana podría otorgar ?15, 20 o más minutos? para que la población se desplace hacia zonas seguras.Para Luis Morán Yáñez, presidente de la Comisión Nacional de Gestión de Riesgo y Desastres del Colegio de Ingenieros del Perú y docente de Ingeniería Civil de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, la respuesta debe avanzar en dos frentes: en la ingeniería y la preparación de las comunidades. También plantea que los gobiernos locales y regionales trabajen con especialistas para determinar qué lagunas requieren intervenciones físicas. El problema es también presupuestal. Inaigem no tiene una estimación nacional de cuánto costaría intervenir todas las lagunas prioritarias. El caso de Nepal también obliga a ampliar la mirada. Un evento de origen glaciar no necesariamente comienza con el desborde de una laguna. Inaigem viene monitoreando zonas críticas del nevado Huascarán y ha elaborado mapas de peligro sobre posibles desprendimientos que podrían generar un nuevo aluvión.Moschella señala que existen zonas de mayor inestabilidad en los sectores norte y sur del Huascarán y que los modelamientos permiten identificar las áreas que podrían resultar afectadas por un eventual aluvión. ?Tenemos aquí también el riesgo de avalanchas desde el nevado Huascarán?, explicó. El antecedente es Yungay, en 1970, cuando un desprendimiento del Huascarán, causado en el contexto del terremoto del 31 de mayo, generó un aluvión que sepultó la ciudad. Juan Manuel Arribas, fundador y director ejecutivo de Hombro a Hombro, advierte que la preparación ante un evento de esta naturaleza no puede limitarse a instalar una alarma.Arribas ha llamado la atención sobre un escenario asociado a la pared sur del Huascarán y un macizo que, según un reporte técnico que menciona, involucraría un volumen considerablemente mayor que el desprendimiento que causó el desastre de 1970.Los tres expertos están de acuerdo al decir que, luego de identificar las lagunas peligrosas, el desafío está en convertir esa información en prevención efectiva para quienes viven aguas abajo.