El efecto IA en el registro marcario: solicitudes vinculadas con esa tecnología irrumpen en Chile
Según exdirector del Inapi, la inteligencia artificial ya dejó de concebirse solo como "tecnología". Ahora es un atributo valioso para las empresas.
¿Explotaron las marcas de IA en Chile? Al parecer la respuesta es sí, sobre todo tras la irrupción global de ChatGPT a fines de 2022. Así lo muestra un análisis del estudio de abogados Silva sobre la base de las solicitudes de marcas disponibles en el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (Inapi).
De acuerdo a la información del registro marcario se observa que entre 2020 y 2025 el uso de expresiones vinculadas a inteligencia artificial (IA) dentro de los nombres de marca ha tomado importancia. Mientras entre 2020 y 2022 el volumen se mantuvo prácticamente estable, con 35, 29 y 31 solicitudes por año, respectivamente; desde 2023 comenzó una aceleración sostenida: de 49 solicitudes solicitadas ese año, el 2025 cerró con 142. Solo tomando estos últimos tres años, el crecimiento es de 189% (ver infografía).
Además, desde Silva señalan que este fenómeno es mayoritariamente local, ya que de las 372 solicitudes identificadas en el período 246 corresponden a titulares chilenos, equivalentes al 66% del total.
Además, esta expansión tiene fuerte componente tecnológico: 67,5% del total se concentran en software y servicios tecnológicos. Aun así, el término empieza a instalarse también como lenguaje de marca en salud, educación, finanzas, retail y servicios profesionales.
Juan Pablo Silva, socio fundador de Silva, comenta que estos términos se están utilizando como señales rápidas de innovación o especialización, ya que desde el punto de vista estratégico, pueden ayudar a comunicar de inmediato el tipo de solución o propuesta que ofrece una empresa. El desafío, no obstante, es que esa misma claridad comercial puede reducir la capacidad diferenciadora del término si muchos actores comienzan a utilizarlo de manera similar, precisa.
"La paradoja de este efecto IA es que cuanto más atractivo se vuelve un término comercialmente, mayor es la probabilidad de que múltiples actores quieran utilizarlo. Y mientras más común se vuelve dentro de un sector, más difícil resulta que ese elemento, considerado aisladamente, funcione como una señal exclusiva de origen empresarial".
La mirada experta
María José Martabit es arte y parte. La abogada y fundadora de la legaltech Theodora AI sostiene que "la inteligencia artificial llegó para quedarse. La moda de ponerle 'IA' a todo, probablemente, no". En todo caso, dice que el crecimiento de las solicitudes de marcas revela que hay una adopción tecnológica real. Aunque otra cosa es convertir la "IA" en parte del nombre de cada producto o empresa, agrega. "Cuando un término se vuelve omnipresente, pierde justamente lo que una marca necesita: su capacidad de distinción. Hoy, llamarse 'algo IA' empieza a sonar como habría sonado hace unos años llamarse 'web' solo porque usamos internet. Ya pasó con '.com' y con 'e-'. Creo que esta ola se va a depurar, y van a sobrevivir las marcas capaces de construir una identidad propia más allá de la tecnología que utilizan", indica.
Desde su experiencia, comenta que Theodora tiene una estrategia de propiedad intelectual que combina marcas y patentes en distintos mercados, sobre todo en EE.UU., Unión Europea, Chile y México en el caso de marcas, mientras que la patente de invención está registrada en EE.UU. "Para nosotros la propiedad intelectual no es un trámite que viene después del negocio. Está en el centro de cómo construimos valor desde el comienzo", acota la emprendedora.
En su opinión, las marcas que perduran no necesitan describir la tecnología ni la industria en la que operan para ser reconocibles. Incluso suma un riesgo nuevo: el "AI washing". "Ocurre cuando una empresa atribuye a un producto capacidades de inteligencia artificial que en realidad no tiene. No basta con poner 'IA' en el nombre o en la publicidad. Esas capacidades tienen que ser reales y poder demostrarse", asegura Martabit.
Consideraciones legales
Para Maximiliano Santa Cruz, exdirector de Inapi, las cifras reflejan una tendencia natural: "La inteligencia artificial está dejando de ser percibida solo como una tecnología para transformarse también en un atributo que las empresas quieren comunicar. 'IA' empieza a cumplir un papel parecido al que tuvieron expresiones como 'digital', ' smart ' u ' online ', transmitiendo innovación, automatización o eficiencia".
Pero desde el punto de vista marcario, el socio de Santa Cruz IP coincide en que incorporar "IA" puede tener valor comercial, pero que mientras más descriptiva y habitual se vuelva la expresión, menor será su capacidad para distinguir a una empresa y más difícil será pretender exclusividad sobre ella. "Una cosa es que 'IA' ayude a comunicar innovación y otra distinta es que, por sí sola, constituya una marca fuerte y apropiable", afirma.
Finalmente, Silva dice que una discusión relevante es que el desafío no termina con obtener el registro: "Si una marca asociada a términos como 'IA', 'AI' o 'GPT' llegara a convertirse con el tiempo en una designación usual y perdiera su capacidad distintiva, podría configurarse una causal de caducidad y dar lugar a su cancelación a partir del próximo año. Por eso, mientras más próxima esté al lenguaje común de una tecnología, más importante será preservar sus elementos distintivos y reforzar activamente su carácter de marca registrada".