" Queremos influir , queremos incidir. Lo hemos hecho históricamente. El CEP debe ser una suerte de alarma temprana"
Juan Luis Ossa enfatiza en que la institución siempre ha velado por la defensa de la democracia representativa y, ante el debate sobre "iliberalismo", plantea que la izquierda debe hacer una reflexión profunda frente el proyecto de la Convención Constitucional que "era iliberal", dice. Sobre el actual gobierno destaca que llevara adelante el proyecto de Reconstrucción y muestra preocupación por la actual fragmentación del sistema político chileno.
Juan Luis Ossa asumió este mes como nuevo director ejecutivo del Centro de Estudios Públicos (CEP), en reemplazo de Leonidas Montes, quien pasó a presidir el think tank .
Licenciado en Historia por la Universidad Católica de Chile y doctor en Historia Moderna por St Antony's College (Universidad de Oxford), Ossa fue previamente investigador del CEP, es académico y autor de libros como "Chile constitucional", aparecido en 2020.
Recientemente también fue coordinador programático de la campaña presidencial de la candidata de Chile Vamos, Evelyn Matthei.
A la hora de analizar las políticas impulsadas por el gobierno de José Antonio Kast destaca que el proyecto de Reconstrucción está bien orientado; descarta que la nueva administración pueda ser definida como "iliberal"; sostiene que los contrapesos institucionales han funcionado y revisa sus antiguas críticas al entorno del mandatario. Al mismo tiempo, reivindica una convergencia ideológica entre liberales y conservadores al interior del oficialismo; define al CEP como una institución que quiere "influir" e "incidir" y cuestiona a una izquierda que, a su juicio, todavía no procesa el fracaso de la Convención Constitucional.
-Usted dijo al asumir que uno de los principales peligros que ve el CEP tiene que ver con la democracia representativa, frente a fenómenos como el autoritarismo, el populismo o la indiferencia. A propósito de la reforma constitucional de seguridad del Gobierno, ¿le parece pertinente hablar hoy de un riesgo de iliberalismo?
-A mí no me gusta constitucionalizar la política. Creo que la excesiva constitucionalización del debate público genera odiosidades, polarización y pérdida de tiempo que podría haberse utilizado en otras materias.
"Respecto del concepto de iliberalismo, me da la impresión de que se está usando sin demasiada reflexión. Uno podría entender por iliberal a un gobierno que, habiendo llegado al poder por elecciones, se transforma progresivamente en autoritario: exagera el poder presidencial, coarta la libertad de los jueces o vuelve una quimera la separación de poderes. Hoy en Chile eso no ha ocurrido".
-Entonces, ¿no hay rasgos de iliberalismo?
-No. Otra cosa es que existan prácticas o acciones que puedan ser denominadas iliberales. Vimos muchas de esas prácticas en la Convención Constitucional.
-¿Por ejemplo?
-El fin del Senado. Esa propuesta no pudo haber sido más iliberal, porque concentraba el poder en una sola cámara. Ahí es donde creo que el CEP puede jugar un rol muy importante como alerta temprana.
-¿Pero no hay una pulsión iliberal o hacia el autoritarismo en el hecho de que la reforma constitucional en seguridad propusiera un estado de excepción que podría durar 120 días (prorrogables a 240) sin pasar por el Congreso?
-Yo me quedo con los hechos. Se conoció un borrador, hubo una reacción de actores políticos muy relevantes del propio oficialismo y eso tuvo como consecuencia que el proyecto se detuviera tal como estaba. Eso demuestra que los contrapesos funcionan.
"Kast demostró una gran apertura"
-Durante la campaña presidencial, en su condición de jefe programático de Matthei, usted fue crítico y señaló que había adherentes de Kast que compartían una visión de la política basada en "amigos y enemigos", que le hacía mal al país. ¿Sigue viendo ese riesgo ahora que Kast gobierna?
-Creo que el Presidente Kast demostró una gran apertura cuando construyó su primer gabinete. La retórica más agonística, más schmittiana, de amigos y enemigos, se ha reducido al mínimo.
-¿Dónde la ve hoy?
-En una izquierda muy dura, sin duda. Y también en esta idea de la "batalla cultural", que tiene en sí misma una aspiración de amigos y enemigos.
-¿Es un error hablar de batalla cultural?
-A mí no me gusta ese concepto, nunca lo he usado. Desconoce otras virtudes de la política: resolver conflictos, pensar en el mediano y largo plazo, abrirse a hablar con otras personas, no atrincherarse.
-El diputado y exconvencional Jaime Bassa (Frente Amplio) acaba de plantear que el proyecto rechazado de la Convención podría servir de base para futuros cambios constitucionales. ¿Qué le parece?
-Me parece sumamente voluntarista. Creo que la izquierda no ha hecho una reflexión profunda de lo que le ha ocurrido en el último tiempo y sería muy bueno que la hiciera. El 62% del Rechazo fue un llamado de atención muy estructural respecto de la decisión de jugarse el todo en un proyecto constitucional que sí era iliberal. Y sinceramente no he visto esa reflexión.
-¿Cree que no hubo aprendizaje?
-Veo una reflexión mucho más profunda en los centros de estudios de centroderecha, derecha, liberales y conservadores. En la izquierda no la veo. El documento ideológico del Frente Amplio de hace un mes es prácticamente calcado a la Convención. No han aprendido nada.
-¿Hay responsabilidad ahí del Socialismo Democrático?
-Si no existe una cancha común en la que centroizquierda, centroderecha y derecha participen con reglas conocidas, es muy difícil construir países en el tiempo. Esa cancha común se ha debilitado muchísimo. El Socialismo Democrático tiene una responsabilidad, porque se fue marginando de reglas que había contribuido a crear.
Su rol en campaña
-Usted fue coordinador programático de Evelyn Matthei. ¿Qué explica que una candidatura que durante mucho tiempo parecía sólida terminara siendo derrotada por Kast?
-Voy a responder como director del CEP. Estoy muy orgulloso de haber participado de esa campaña y de haber liderado un grupo de más de 400 personas que construyó un programa extraordinario, que está ahí para ser utilizado y al servicio de los chilenos. No me corresponde hacer análisis políticos en estos temas.
-¿Ese programa está siendo recogido hoy por el Gobierno?
-Hay algunas cosas que sí. Se le ofreció en la segunda vuelta. A mí a veces me llaman y me preguntan algunos detalles, y siempre estoy sumamente dispuesto, porque creo que es un programa que le hace muy bien a Chile.
-Durante la campaña usted sostuvo además que las principales diferencias entre Matthei y Kast estaban en el tono y en la praxis política más que en las ideas de fondo. Ahora que Kast gobierna, ¿hay algo en que lo haya sorprendido favorablemente?
-Que hayan sacado en tan pocos meses una reforma (de Reconstrucción) tan importante y estructural habla muy bien del equipo, del Presidente, del ministro Alvarado y del ministro Quiroz. Demostraron una muñeca política muy efectiva.
-¿Qué le parece esa reforma?
-Tengo una muy buena impresión. Da en el clavo respecto del principal problema de nuestra economía, que es una ralentización, un estancamiento brutal por razones regulatorias, por la famosa permisología y por la incertidumbre política que significaron el estallido social y los dos procesos constituyentes. Es una reforma muy procrecimiento.
-Hay analistas que afirman que hoy hay partidos de corte populista en Chile. ¿Podría convertirse en un riesgo para la democracia representativa?
-Hay cierta retórica en algunos líderes políticos que remite a lo que entendemos clásicamente por populismo: la idea de que el pueblo es virtuoso, prístino, no tiene problemas, versus una élite corrupta que se lleva la pelota para la casa. Eso ocurre en distintos sectores. Lo que pasa es que, al mismo tiempo, la política tradicional creo que ha perdido de vista por qué eso está ocurriendo. Por eso es tan importante estudiar a quienes apoyan esos liderazgos.
-¿Qué caracteriza a esos votantes que el CEP ha estudiado como "indiferentes"?
-Los indiferentes suelen tener menos apego a la democracia, suele importarles menos el debate ideológico y suelen ser mucho más cortoplacistas.
-¿Puede la política tradicional revertir esa indiferencia?
-Soy muy optimista respecto de la política y creo sinceramente que, a pesar de todos nuestros problemas, la democracia representativa y la institucionalidad chilena funcionan y funcionan bien. (...) Lo que pasa es que no hay que llegar al punto del colapso. Por eso la idea de la alerta temprana: ojo, estas cosas están pasando y hay que estudiarlas y conocerlas, para luego ver de qué forma la clase política o la dirigencia política las canaliza.
Sobre el debate entre Mascareño y Peña
-¿Dónde quiere intervenir ahora el CEP de manera concreta?
-El sistema político es un ejemplo. Tenemos un sistema muy fragmentado, ineficaz y que no genera gobernabilidad. El CEP siempre va a empujar la línea de la gobernabilidad y de la eficacia legislativa, que hoy pasa por menos partidos con representación parlamentaria y, por tanto, menos fragmentación.
-En su debut como director ocurrió el cruce de opiniones entre el rector Carlos Peña y Aldo Mascareño por el libro de este último "La condición posdemocrática en Chile". Peña dijo echar de menos mayor capacidad normativa y una mirada menos equidistante; Mascareño respondió que su libro no pretendía moralizar ni pensar por los demás. Cuando el "radar" que propone Mascareño detecta una desviación, ¿basta con advertirla o hay que decir que ese camino no se debe seguir?
-Ese debate fue extraordinariamente rico. Pero a mí el intelectual que cae en la moralización me parece que deja mucho de ser intelectual y pasa a ser más bien un activista. Peña está muy lejos de eso, obviamente. El libro de Aldo no es solo diagnóstico: sostiene que la democracia representativa convive con atractores como el autoritarismo, el populismo, el clientelismo o la indiferencia, que pueden debilitarla desde dentro.
-¿Y el CEP toma posición o solo diagnostica?
-Nosotros como institución participamos de la discusión normativa. Cuando nos invitan a comisiones vamos. Participamos en la discusión constituyente y propusimos alternativas de normas. Cuando creamos que tenemos que intervenir normativamente, lo vamos a hacer. Moralización y dimensión normativa son cosas distintas.
-Los centros de estudios buscan influir en el debate y que sus ideas sean escuchadas. ¿Acepta que mientras mayor sea esa influencia, mayor debe ser también el escrutinio?
-Por supuesto. Cualquier idea que se hace pública queda sujeta a escrutinio. Mientras más públicas sean las ideas que uno presenta, mayor será el escrutinio, y eso nos parece extraordinariamente bien.
-¿Y ese escrutinio debería incluir revisar las ideas que ustedes mismos defendieron en el pasado para ver si los hechos confirmaron los diagnósticos?
-Sí, claro.
-Le doy un ejemplo. En 2016 usted defendió usar la Constitución de 1925 como punto de partida para no comenzar de cero la discusión constitucional. Después Chile tuvo dos procesos fallidos. ¿Los hechos confirmaron su intuición o hay algo que hoy revisaría?
-En ese momento nos parecía una muy buena idea. Era un pie forzado para no empezar todo de nuevo y usar la Constitución del 25 como símbolo; nunca se trató de volver a su articulado. Pero esa discusión ya no ocurre hoy. Era una discusión propia de la época. Mirar con los ojos del presente lo que ocurrió hace diez años es muy anacrónico. Los historiadores debemos hacer un esfuerzo constante para evitar eso.
-Pero usted mismo sostiene que hay que revisar las ideas a la luz de lo que ocurrió después.
-Sí, pero hay que hacerlo entendiendo el contexto en que fueron planteadas.
-¿Y cuál debe ser el papel del CEP en esta etapa?
-Queremos influir, queremos incidir. Lo hemos hecho históricamente. Pero no hacemos política diaria. El CEP debe ser una suerte de alarma temprana: estudiar los cambios antes de que lleguemos al punto de colapso, advertir que algo está ocurriendo y poner conocimiento a disposición de la sociedad. La democracia representativa funciona en Chile, y funciona bien. Precisamente por eso hay que cuidarla antes de que deje de hacerlo.
"Creo que la izquierda no ha hecho una reflexión profunda de lo que le ha ocurrido en el último tiempo y sería muy bueno que la hiciera. El 62% del Rechazo fue un llamado de atención muy estructural respecto de la decisión de jugarse por el todo en un proyecto constitucional que sí era iliberal".
"El Presidente Kast demostró una gran apertura cuando construyó su primer gabinete. La retórica más agonística, más schmittiana, de amigos y enemigos, se ha reducido al mínimo".