Weimar Asprilla, el arquero que pasó del anonimato a la gloria
Pablo Romero - Redactor de EL TIEMPO@PabloRomeroET
A Weimar Asprilla le llegó la fama de manera inesperada
Pablo Romero - Redactor de EL TIEMPO@PabloRomeroET
A Weimar Asprilla le llegó la fama de manera inesperada. Un día estaba sentado en el banquillo, esperando su oportunidad, y de repente estaba parado bajo el arco en un estadio épico, tramando una atajada milagrosa que lo sacara del anonimato, en una tanda de penaltis contra River Plate. En la soledad del arco, escuchaba los bramidos de esa afición, pero el ruido no le iba a quitar la gloria. Atajó un penalti para demostrar que conocía su oficio, y anotó el definitivo, para que su hazaña no pareciera casualidad. Seguramente Asprilla no había imaginado ese desenlace, quizá no pensó en que su noche heroica iba a ser justamente esa, en el Monumental, para catapultar a Santa Fe a los cuartos de final de la Copa Sudamericana y mandar a River al precipicio. Los héroes no escogen sus hazañas, simplemente, les pasan. Desde el miércoles, la noche de su gloria, Asprilla dejó de ser el arquero intrascendente, el que no muchos recordaban, "¿cómo es que se llama?", el que hacía extrañar al titular Andrés Marmolejo cada que se lesionaba, como ahora. Nunca en su carrera profesional había atendido a tantos periodistas, nunca se había hablado tanto de él en Colombia, Argentina y el mundo: el arquero que eliminó a River es una noticia que vende en cualquier idioma. Asprilla era hasta entonces un apellido respetado que pertenecía a los héroes del ataque, no al solitario guardián del arco. Desde que hizo lo que hizo, atajar ese penalti con sus piernas, como si quisiera agarrar la gloria con los pies, y anotar con precisión de goleador el cobro final, Asprilla acapara los titulares deportivos; tampoco nunca le habían tomado tantas fotos, en este retrato viste la camiseta amarilla de arquero y encima un peto que revelaba en la espalda el secreto de su hazaña, "fe". Asprilla es un portero de pocas palabras, parece muy silencioso, al menos en el fragor de las batallas del área. Su voz casi ni se conocía, pues como no era la figura, no lo entrevistaban mucho. Cuando se acabó el partido en el Monumental, habló con mucha sencillez, su mensaje estuvo lejos del autoelogio y eso le dio más grandeza a su gesta. Asprilla, como si aún no cayera en cuenta de lo que acababa de hacer, le agradeció primero a Dios, dijo que Dios lo puso en ese lugar en ese momento. Si Dios fue al Monumental, con seguridad intervino a su favor. También le agradeció al equipo y a Rufay Zapata, el preparador de arqueros que le dio cátedra antes de la tanda de penaltis, para darle los consejos finales, confiando en que el pupilo iba a parar algún remate, pero quizá sin pensar en que además le iba tocar patear el cobro definitivo. Weimar también se acordó de Marmolejo, y cómo no, si ha sido su escudero, su aprendiz. Si Marmolejo era la garantía para los hinchas cardenales, Asprilla se convirtió en un amuleto. ¿Pero de dónde viene Asprilla, dónde forjo su repentina gloria? Weimar tiene hoy 27 años. Nació en Quibdó, Chocó, donde le dio por eso de ser arquero. Su formación la hizo en las divisiones menores del Independiente Medellín, donde no llegó a debutar, pero dejó buenas credenciales. El técnico Alejandro Restrepo, insignia del cuadro Poderoso, dijo en 2025: "Weimar se hizo en Antioquia, lo conozco muy bien, sé que es un gran arquero. Estuvo acá en las divisiones menores, en el primer equipo. Sabemos de sus condiciones". Su debut llegó en la segunda división, quizá tarde, en 2021, en el Orsomarso. Luego pasó al Valledupar (hoy Real Cundinamarca). Allí tuvo como entrenador a Julián Barragán, quien hoy celebra la hazaña que acaba de tener Asprilla. Lo describe como un hombre muy creyente, muy serio, muy trabajador. "Tiene una familia maravillosa, transmite una muy buena energía y siempre lucha para adelante en la adversidad, en la dificultad. Es alguien con muy buena disposición en todo", dijo en el portal Gol Caracol. Después de un paso por Tigres, también de la B, le llegó su hora en un equipo grande. Santa Fe se fijó en él en 2025 y desde entonces trabaja silencioso al lado de Marmolejo y bajo la batuta de Rufay. Esa es toda su historia en el fútbol, una historia que acaba de tener una primera gran página memorable que lo encumbró a nivel estelar. Y eso que Asprilla era de los futbolistas menos prestigiosos en ese duelo contra River, con un valor de mercado cotizado en 200.000 euros de acuerdo con la plataforma especialista Transfermarkt. Thiago Almada, estrella de River, está en 20 millones de euros. Asprilla es un arquero humilde, sencillo y trabajador, eso dicen quienes lo conocen. También tiene su humor. Un día contó entre risas que en su etapa juvenil le tocó atajar un partido sin guantes porque se quedó dormido y del afán no los llevó. Por fortuna su equipo ganó. Un arquero capaz de atajar sin guantes no le teme ni al Monumental. Cuando Asprilla llegó a Bogotá, luego de su gesta, se enteró de que en Colombia todo el mundo hablaba de él, de su atajada, de su gol e incluso de que es chocoano, departamento que vivió la tragedia del terremoto del pasado 10 de agosto. Lo primero que quiso aclarar Asprilla fue que su familia no perdió todo, como se dijo. "Apenas hubo daños leves en infraestructura, pero no se perdió todo. Hay personas que me está brindando ayuda, pero hay otras que necesitan más eso", dijo. La noche de gloria Weimar Asprilla ya había tenido una buena noche en el partido de ida, tuvo atajadas que llenaron de seguridad a la afición. Pero su consagración llegó en Buenos Aires cuando evitó el disparo y luego tuvo el coraje de ir a cobrar. Entonces miró al cielo, al arco, un láser le pegaba en la cara, luego miró atrás y vio a su compañero Nahuel Bustos riéndose, no lo podía creer, cómo se reía en esos momentos, "me bajó las pulsaciones". Luego, un trotecito y el derechazo al centro del arco, con precisión, como si le apuntara a esa bandera de Millonarios colgada justo detrás del arco, porque cuando la gloria llega, llega completa.