Lunes, 31 de Agosto de 2026

Illapel escrito a mano

ChileEl Mercurio, Chile 31 de agosto de 2026

Un libro de 600 páginas me desafía: "Libro Becerro de Illapel"

Un libro de 600 páginas me desafía: "Libro Becerro de Illapel". Hay dos libros "Becerro" en todo Chile. Conservan documentos oficiales: uno, de Santiago, y otro, de Illapel, que antes se llamó San Rafael de Rozas.
Abro el que tengo en mi poder, el de Illapel, copia documentos de los siglos XVIII y XIX, recién publicado. Esto es hacer historia, algo que se mueve entre las ciencias sociales y las humanidades.
Dos especialistas en descifrar escritos a mano de esos tiempos, Natalie Guerra y Nena Torres, hicieron de puente. El libro resultante, financiado por el proyecto "Pelambres futuro" de la Minera Los Pelambres, nos acerca a la infancia de una comunidad.
En los primeros capítulos, los antropólogos Rolf Foerster y Manuel Escobar dibujan el contexto. No hay todavía que sumergirse en la gramática antigua de los documentos. Aparecen los personajes de estos años, 1787 a 1845. Y detalles. Cómo pagarle al carcelero, el camino indispensable hacia un puerto en Pichidangui, la limpieza de las acequias... la Iglesia, las escuelas, un hospital... los tributos... los azotes (25, a José León por el hurto de un caballo).También el abogado e historiador Gastón Fernández Montero, illapelino, escribe de su infancia: en los años 50 llegó el libro Becerro a su casa. Recién lo guarda el municipio en 1961. Hoy es oficialmente "Monumento Histórico".
El libro le inyectó, cuenta Gastón Fernández, su amor por la historia.
Otros bocados, en lenguaje de hoy, como capítulos de una serie, enfocan el palpitar, las tensiones. Y al fin, desde la página 178 aparecen los documentos guardados en el cuero de becerro.
Leo más lentamente este español oficial, mucho más elegante de lo que imaginaba, escrito por personas educadas, poderosos de la historia de Illapel, parientes de los potentados mineros que explotaban el oro, el cobre.
Ellos que eran propietarios de las minas, de los trapiches para procesar los metales. Y también de los terrenos pobres para la agricultura, pero con leña para las fundiciones.
Los operarios, en los textos, aparecen en segundo plano. Como en una obra teatral, van desplegándose personajes, como Ambrosio O'Higgins, ejecutor; la familia Gatica, el poder; Martín de Larraín. Muchos apellidos. El índice que los enumera toma 64 páginas, antepasados.
Aquí, unas líneas de la "Foja 30":
"...puesto el mismo Presidente don Ambrosio O'Higgins sobre el terreno, y reconocido el atrás (sic) de tan importante población, formó la idea de restaurarla, haciendo que el Subdelegado ingeniero delinease de nuevo su planta deslindando solares, señalando los principios para cárcel y casas del Ayuntamiento".
Estas vocales y consonantes de antaño me generan algo como cuando recorro el cementerio, nombres y epitafios. Vidas de desconocidos y conocidos. El placer de la historia escrita.
Por algo algunos de los grandes relatos orales de la antigüedad se conservan escritos. Y aquí degustamos, como paladeándolos, los trazos, obra de letrados vivos entre 1787 y 1845. Son 239 años desde esas manos.
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