La volatilidad del dólar que pone a prueba la recuperación del peso
Aunque analistas ven espacio para una apreciación del peso, advierten que la Fed, el petróleo y las posiciones cortas de extranjeros siguen poniendo presión.
Hace poco más de dos meses que el dólar en Chile opera sobre los $900. El 22 de junio el billete verde cerró en $900,6 y, desde entonces, ha fluctuado en un rango entre los $910 y $946.
Después de alcanzar ese peak comenzó a retroceder y llegó a tocar los $911. Pero esa tendencia se frenó en los últimos días: el billete verde encadenó cuatro sesiones al alza y volvió a ubicarse en torno a los $930.
"El peso chileno ha mostrado una depreciación más pronunciada que el resto de sus pares emergentes en el último tiempo, y eso tiene una explicación que va más allá del dólar global", dice Rodrigo Lama, CBO de Global66.
A su juicio, existen tres razones. Primero, el resultado del PIB del primer semestre "deterioró la percepción sobre la economía local y abrió la puerta a que el BCCh acelere su ciclo de recortes, lo que ampliaría el diferencial de tasas a favor del dólar", asegura Lama.
También destaca "el rebote del petróleo sobre los US$ 86 por la persistente incertidumbre del Estrecho de Ormuz, que para Chile opera como un factor negativo adicional al encarecer la factura energética e impactar en la inflación importada".
Y lo tercero es que "el cobre no está siendo suficiente para compensar la presión del contexto global sobre el CLP, dado que las posiciones cortas de no residentes que aún superan los US$ 14.300 millones actúan como un freno estructural que impide que el metal se traduzca plenamente en apreciación del peso", sostiene Lama.
Aunque los fundamentos todavía dan argumentos para una apreciación del peso, el mercado continúa operando al ritmo de la Fed, el petróleo y los flujos extranjeros, dejando al tipo de cambio dentro de un escenario de alta volatilidad y sin una dirección definida.
Entre los mercados emergentes de América Latina, el peso chileno muestra el peor desempeño en 2026. Mientras el peso colombiano lidera los avances (+17,85%), seguido del peso mexicano (+5,69%), el real brasileño (+5,09%) y el sol peruano (+0,33%), la moneda local cae en el año -2,93%.
Para Alfonso Molinare, country manager de Ebury Chile, "el dólar no ha mostrado una tendencia clara y el mercado ha ido ajustando principalmente en función de las expectativas de movimientos de tasas de la Fed".
En ese ajuste, agrega, la actividad y la inflación de EE.UU. han sido determinantes, mientras que el petróleo se ha convertido en "el principal catalizador" de las expectativas inflacionarias. Molinare sostiene que las señales han favorecido una visión más cauta sobre la inflación futura y el compromiso de la Fed con su meta de 2%, en un contexto en que la inflación estadounidense permanece sobre el 3%.
Ese cambio en las expectativas, plantea, ha tenido un impacto directo sobre la paridad entre el dólar y el peso chileno, contribuyendo a un alza de unos $15 en el tipo de cambio durante los últimos días.
"A falta de una tendencia clara, esperamos que sigamos viendo un rango de 30 pesos de movimiento en la divisa", anticipa Molinare.
Fundamentos apuntan al peso
Pero la debilidad del peso no significa que el mercado haya agotado su espacio para una recuperación. En su más reciente informe, BTG Pactual sostiene que la apreciación del CLP sigue siendo "ampliamente consistente con los fundamentos" y que, incluso después del avance registrado el último mes, sus modelos todavía apuntaban a una subvaloración de la moneda cercana a una desviación estándar respecto de su valor razonable.
El banco de inversión identifica varios factores que podrían jugar a favor del peso hacia adelante: una recuperación de la actividad durante el segundo semestre y 2027, una mejora de las perspectivas de inversión tras la aprobación de la agenda procrecimiento del Gobierno y un eventual cambio en el debate monetario hacia nuevas alzas de tasas del BCCh durante 2027. Se suma el cobre, que se mantiene en niveles históricos.
BTG advierte que el peso se ha convertido en una moneda más sensible al sentimiento de riesgo global durante la última década, por lo que shocks externos adversos podrían generar depreciaciones mayores que en el pasado. Entre los principales riesgos menciona el conflicto en Medio Oriente, el petróleo, las tensiones comerciales de EE.UU. y el riesgo de correcciones en los mercados financieros.