Como Thomas Edison: con un cilindro y una corneta, Guillermo Elías recreará la primera grabación de sonido hecha en la Argentina
En el principio fueron el cilindro de cera y la corneta
En el principio fueron el cilindro de cera y la corneta. Así comenzó, en 1877 y gracias a Thomas Edison, la historia del sonido grabado. Este miércoles, Día de la Fonografía Argentina, a las 18, en el Salón de los Angelitos de la Academia Nacional del Tango (Avenida de Mayo 833) se hará entrega de los Premios Tagini a la Trayectoria Fonográfica. En su sexta edición, los recibirán los maestros Víctor Lavallén y Walter Ríos, y por su labor en la promoción, la difusión y la preservación de la actividad fonográfica, AES Argentina.
Y los diplomas de honor "Mordechai Max Glucksmann" -en homenaje al empresario de origen austriaco que llegó al país a fines del siglo XIX- serán para los musicógrafos, docentes y conductores Gerardo Quilici, Oscar del Priore y Gabriel Soria, este último actual presidente de la Academia Nacional del Tango y director del Museo Casa Carlos Gardel. El acto es con entrada libre y gratuita.
El premio Tagini -que reconoce a las cuatro generaciones de la familia Tagini, la primera en instalar un estudio de grabación a principios del siglo XX, en la esquina de avenida de Mayo y Perú- y los diplomas Max Glucksmann fueron ideados por el académico, coleccionista e investigador Guillermo Elías. El primero consiste en un cilindro de cera fabricado por él mismo, con la grabación personalizada de la designación de los premiados y la recreación de la primera grabación hecha por los ingenieros Cayol y Newman en la Sociedad Científica Argentina el 2 de septiembre de 1878, nueve meses después del hallazgo de Edison.
Elías, que integra la Academia Nacional del Tango y es vicepresidente de la Academia Porteña del Lunfardo, nació en Salta en 1970. Discófilo, especialista en paleofonografía, locutor nacional, docente y bibliotecario, es autor del libro Historias con voz. Una instantánea fonográfica de Buenos Ayres a principios del siglo XX, publicado por la Fundación Industrias Culturales Argentinas junto con un DVD con 47 registros sonoros originales de hechos sociales relevantes, como la primera versión instrumental en disco del Himno Nacional, la primera publicidad grabada en la argentina, una milonga de Ángel Villoldo y la voz del poeta Carlos Guido y Spano, en la grabación más antigua de una persona registrada en el país.
"Vamos a celebrar el Día de la Fonografía no soplando velitas en una torta sino haciendo una recreación de la primera grabación de Edison en papel de estaño en público", dice Elías, poseedor de la mayor colección de fonógrafos y gramófonos originales que hay en la Argentina. Corre con ventaja: su pasión por el sonido grabado comenzó en Salta, cuando tenía seis años.
"Mi hermano encontró en el fondo de casa un motor eléctrico para discos de pasta y lo hizo funcionar -recuerda-. Viendo en el diccionario que con un cucurucho de papel y una aguja en la punta se podían escuchar los discos, hicimos la prueba. Como mi madre temía que quedáramos pegados con la electricidad, cortaba la corriente cuando se iba a trabajar, y yo ahí entonces con un dedo hacía girar el disco y con el cucurucho en la otra mano lo escuchaba. Después la gente empezó a regalarme discos que, de niño, imaginaba que eran muy antiguos, aunque no lo eran tanto". Los discos de pasta dejaron de editarse en la década de 1960. Hoy, para fabricar los cilindros de cera en su estudio usa un material que "no debe ser demasiado duro ni muy blando".
"En la Argentina no hay una institución pública ni privada donde se preserven registros grabados que hayan sido digitalizados o catalogados; yo sé lo que tengo y si alguien me consulta, puedo responder -sostiene-. Hasta 1930, no hay registro sonoro de las voces de los presidentes del país".
Elías tiene más de 17.000 discos de pasta y mil cilindros, con grabaciones que van desde fines del siglo XIX hasta 1929, "cuando Edison, que estaba enamorado de su invención, los discontinúa", puntualiza.
"El disco le pasó como un avión al cilindro porque nació como producción industrial -explica-. Edison, en su laboratorio, para armar el primer fonógrafo en 1877, hace un dibujo donde le sugiere a John Krüsi, el técnico fabricante de su compañía, hacer una grabación en cinta, otro aparato para grabar en disco y otro en cilindro, o sea que ya estaban propuestos los tres soportes. Se decidieron por el cilindro, porque a Krüsi le pareció el más factible".
Las bocinas de fonógrafos y gramófonos de la colección están hechas de distintos materiales: aluminio, madera, cartón. "Era mágico tener un fonógrafo o un gramófono en la casa", imagina sobre la "edad de oro" de estos aparatos. El objetivo de su colección apunta hacia el origen de la fonografía: la paleofonografía. "Tengo objetos rarísimos, como el único ejemplar del fotoliptófono, creado en la década de 1930 por Fernando Crudo, que inventó ese aparato para grabar en papel. Hizo más de doscientas patentes en todo el mundo, puso una fábrica en el país y logró que el Estado le comprara dos estudios. No ha quedado ni rastro de eso. Me lo prestó su familia para que pudiéramos, con otros ingenieros, hacerlo funcionar".
Llega a las piezas de su colección de distintas maneras. "Los anticuarios me avisan cuando aparece algo -señala-. Antes iba frecuentemente a San Telmo, aunque ahora ya no hay nada. Otro de los grandes problemas que tenemos es conseguir aparatos en buen estado. Por la depreciación de nuestra moneda se han llevado todo al extranjero".
Elías se refiere también al tema del avance de lo digital. "Las nuevas generaciones no le dan mucha importancia al soporte físico, que además ocupa mucho lugar. Pese a todo, se han ido armando y recuperando catálogos; como otros coleccionistas que se dedican a una compañía en particular, yo me dediqué a la compañía Tagini, donde Gardel graba los primeros siete discos de los que salen seis a la venta". Armando Tagini fue cantante y compositor de tangos cantados por Gardel y la primera generación de la familia tuvo distintos locales y grabadoras.
Sobre la inteligencia artificial, ve una gran oportunidad en la historia de la grabación del sonido, "en especial para la reconstrucción de grabaciones antiguas -explicita-. A ese pequeño registro de dos mil hercios de un cilindro le puede dar una voz mucho más humana con todos los hercios que le faltan; puede completar la información para tener una voz más actual, sin ruido".
El coleccionista estima que el mayor obstáculo para la creación de un Museo del Sonido en la Argentina es la falta de apoyos institucionales, tanto estatales como privados. "Actualmente, en las academias tenemos un grave problema que es la falta de inversión; en este momento, la Secretaría de Educación hace dos meses que no paga el subsidio de la Academia Nacional del Tango, donde está el Museo del Tango, que se utiliza para pagar sueldos". En la academia trabajan seis personas y los académicos son ad honorem.