Martes, 01 de Septiembre de 2026

Tsunami de contenido cultural creado con IA en las plataformas

ChileEl Mercurio, Chile 1 de septiembre de 2026

La ola de productos generados con inteligencia artificial es imparable, pero las plataformas están intentando surfearla. Sus esfuerzos están siendo insuficientes y poco originales.

Imaginemos a quinientos Shakespeare declamando a la vez sus diálogos y peleándose entre ellos por un lugar sobre un único escenario. Poca diferencia hay entre esta imagen y la estampida de una manada de búfalos, ni en las formas ni en el contenido. ¿Qué podrían obtener los hipotéticos espectadores de un espectáculo semejante? Como mucho, un buen dolor de cabeza y la sensación de que el teatro no vale la pena.
Esa es más o menos la situación actual en muchos ámbitos culturales, con el añadido, nada despreciable, de que los que gritan no son en su mayoría genios, sino gente del montón o incluso personas sin ningún interés por lo que producen, pero que han visto la manera de monetizar sus horas perdidas, generando basura casi aleatoria. Sin filtro, todo cuela.
Las redes sociales y las grandes plataformas tecnológicas son el escenario ideal para ese juego, pero saben que deben mantenerse en un término medio que les permita maximizar su tráfico sin cabrear a los usuarios. Por eso hemos echado un vistazo a sus políticas y las distintas actitudes que mantienen frente a los contenidos generados con IA.
Empecemos por los libros. Kindle Direct Publishing (KDP), la plataforma editorial de Amazon, publica alrededor de 7.500 títulos nuevos cada día, pero ha limitado a tres el número máximo de obras que cada autor puede publicar diariamente y exige una declaración sobre si ha utilizado IA para los textos, las traducciones o las imágenes. No obstante, existe un creciente malestar entre los autores con más prestigio por el modo en que ciertos desaprensivos publican resúmenes o imitaciones de sus libros, copiando hasta el nombre del autor, con pequeñas variaciones, y los colores y el diseño de las portadas.
Kobo ha intentado ponerse más seria y ha rechazado en los últimos meses casi la mitad de los libros de su plataforma de autoedición, por considerar que habían sido elaborados con IA, lo que también se ha llevado por delante a autores que se limitaban a usar esta herramienta para corrección de erratas o pequeñas traducciones.
En cuanto a Instagram , la plataforma añade automáticamente una etiqueta visible que dice "Creado con IA" en la parte superior de la publicación, ya sea una foto, un video o un audio. Para ello, analizan metadatos y exigen en sus normas de uso que sea el propio usuario que sube el material quien declare si se ha ayudado o no de una IA para crear los contenidos. El tema ha generado cierta polémica, pues muchos autores afirman que Instagram marca como creados con IA contenidos totalmente manuales a los que se ha aplicado algún programa de edición como Photoshop. Se sigue, por tanto, debatiendo qué filtros son válidos y cuáles no.
En el caso de Spotify , la plataforma no va a etiquetar ni filtrar las canciones compuestas o arregladas con IA, pero va a marcar como sintéticos a los autores que no existan en el mundo real, un fenómeno que está aumentando a velocidades vertiginosas. La política, por tanto, es que se señalará a los autores IA, pero no a los autores humanos que utilicen IA, aunque no está claro aún qué criterio seguirán con los autores electrónicos que imiten o copien voces de personas conocidas, ya que el concepto "similar" es tremendamente resbaladizo.
TikTok , por su parte, exige a los usuarios que activen la etiqueta de contenido creado por IA y amenaza con penalizaciones o borrados de cuenta a quienes no lo hagan. Sin embargo, solo es absolutamente obligatorio hacerlo cuando se creen imágenes de algo que no ha sucedido en la vida real, cuando se sustituyan rostros o voces de personas y, en general, cuando se creen falsificaciones que puedan afectar a terceros.
Finalmente, YouTube exige también a los usuarios que marquen el contenido como generado por IA cuando se creen falsificaciones, se imite o se sustituya a personas, y en general, siempre que el contenido se haya creado principalmente con herramientas generativas.
Las plataformas han optado mayoritariamente por que sea el usuario quien decida si desea o no consumir contenidos generados por IA, y que la demanda dictamine los contenidos más populares.
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