Martes, 01 de Septiembre de 2026

Las mujeres que educan la seguridad

ChileEl Mercurio, Chile 1 de septiembre de 2026

Cristina Rojas y Viviana Zapata están al frente de la Escuela de Carabineros y la Escuela de Investigaciones Policiales, respectivamente, donde tienen a su cargo la formación de los oficiales y detectives que enfrentarán las nuevas formas de delincuencia durante las próximas décadas. Hoy hablan sobre cómo preparar a las nuevas generaciones para una criminalidad que cambia, tomar decisiones bajo presión y lo que significa, como mujeres, liderar esa formación.

E n un mismo día, los aspirantes de la Escuela de Carabineros pueden estar en lugares muy distintos. La coronel y directora del plantel, Cristina Rojas (42), enumera algunos: uno está en práctica, otro en Chillán, otros en Curacaví; algunos permanecen en las salas de clases, otros trabajan con una municipalidad, participan en actividades universitarias o se preparan para competir físicamente con otras escuelas.
Rojas está familiarizada con las rutinas de los aspirantes. Ella misma tenía 18 años cuando dejó la Región de Valparaíso para ingresar a Carabineros en Santiago y, seis años más tarde, asumió la instrucción de su primer grupo en la Escuela de Formación de Carabineros en Cerrillos. Cuando recuerda a aquellos primeros alumnos, habla de jóvenes que hoy son suboficiales y oficiales, algunos con familias formadas y desarrollando carreras en distintos puntos del país.
Casi tres décadas después, Rojas es la primera mujer en dirigir la Escuela de Carabineros de Chile y tiene bajo su responsabilidad la formación de una nueva generación de oficiales.
En la Escuela de Investigaciones Policiales (PDI), la subprefecto Viviana Zapata (43) también llegó joven a la vida policial. Tenía 17 años cuando decidió postular a la institución. Hija de un suboficial mayor de Carabineros y nieta de una directora de colegio, en su trayectoria terminaron confluyendo esos dos mundos: fue aspirante, regresó años más tarde como instructora y estudió para ser profesora de Educación Técnico Profesional, antes de ocupar distintos cargos vinculados a la formación y asumir la dirección del plantel en marzo de este año.
Hoy, ambas mujeres lideran las escuelas donde se forman los futuros oficiales de Carabineros y detectives de la PDI. Sus instituciones cumplen funciones distintas, pero comparten un desafío: preparar a policías que ejercerán durante las próximas décadas, en una sociedad y frente a formas de delincuencia que seguirán cambiando.
Educar la seguridad
Cuando Zapata ingresó a la PDI, hace más de 25 años, la formación ya contemplaba áreas como investigación y práctica policial, comunicación, ética y derechos humanos, además de laboratorios de fotografía, balística y huellas. A su juicio, la transformación desde entonces ha estado marcada especialmente por los avances tecnológicos y científicos y por la incorporación de estándares externos de calidad en la formación.
-Ambas dirigen las escuelas donde se forman quienes tendrán a su cargo la seguridad. ¿Qué significa educar sobre esto?
-Como escuela, nuestro principal norte es formar profesionales capaces de enfrentar los fenómenos de la criminalidad, entendiendo que esta es compleja, que cambia, y que debemos estar adaptados para ellos. Esa es nuestra principal función. Educar bajo la base de formar profesionales competentes, expertos, especializados, en enfrentar una criminalidad que va mutando -responde Viviana Zapata.
Para Cristina Rojas, la adaptación también responde a comprender que el escenario delictual es distinto al que generaciones anteriores tuvieron que enfrentar.
-Hay cosas a las que definitivamente ya no nos enfrentamos como carabineros. La delincuencia hace unos 20 o 30 años era distinta: era la sustracción de una cadena, una cartera. Ahora nos encontramos con organizaciones mucho más complejas, que incluso utilizan el secuestro y un sinfín de formas para coartar la libertad de las personas.
Así, dice Rojas, esto obliga a que la propia institución se mantenga en permanente actualización:
-Tenemos que estar adecuados permanentemente a la información, a los cambios, incluso a ampliaciones reglamentarias. Nos tenemos que capacitar, especializar y perfeccionar. Es nuestra obligación.
-¿Cómo se educa para formas de delincuencia que todavía no se conocen?
-Nosotros otorgamos las herramientas necesarias para que ellos puedan enfrentarse a estos nuevos escenarios. Sería pretencioso decir que sabemos qué es lo que va a pasar el día de mañana, pero para eso están estas herramientas y la investigación -dice Zapata y agrega:
-Con el fenómeno del crimen organizado, nosotros pensábamos que nunca iba a pasar en Chile. Pero el delito muta y lo que pasa en el extranjero pasa en un lugar, después en otro, y va cambiando. Y frente a eso tenemos que formar policías, formar detectives integrales, preparados para aprender, desaprender y volver a aprender.
Esa adaptación ya se traduce en cambios concretos en la formación. Zapata cuenta que este año egresará la primera promoción de investigadores policiales con dos especialidades: crimen organizado y robos y mercados delictuales. Los programas de estudio, explica, se van actualizando a partir de la información sobre los fenómenos criminales y de las necesidades que se detectan en el trabajo policial.
Pero adaptarse a nuevas formas de delincuencia no significa que ambas escuelas formen para las mismas funciones.
-¿Cuáles son sus características diferenciadoras?
-Nosotros somos una policía netamente investigativa. Eso es lo que nos caracteriza: investigar para detener, no detener para investigar -asegura Zapata, y enfatiza que la diferencia entre ambas instituciones no implica contraponerlas: el trabajo policial, dice, debe ser colaborativo.
En Carabineros, Rojas pone el acento en la prevención y el vínculo cotidiano con la comunidad.
-Nuestra institución está volcada al servicio a nuestro país con una función muy preventiva, que implica conciliar y trabajar diariamente con las personas.
Esto, explica Rojas, exige prepararlos para responder a escenarios muy diversos: desde incendios e inundaciones hasta evacuaciones y coordinación con alcaldes, bomberos y servicios de salud. Así, Rojas sostiene que el carabinero debe estar preparado para actuar frente a cualquier escenario:
-Cuando pasa algo en este país, en una ciudad, el carabinero es quien debe tener la claridad de cómo abordar las cosas.
Entrenar lo imprevisto
La formación de un futuro oficial no ocurre solo dentro de una sala de clases. En la Escuela de Carabineros, desde primer año los aspirantes observan el trabajo en unidades policiales y, a medida que avanzan, pasan por distintos destacamentos y especialidades, donde aplican lo aprendido y comienzan a tomar decisiones. Para Rojas, es en ese tránsito entre teoría y práctica donde se forma el discernimiento: las dudas y errores se corrigen y refuerzan antes de enfrentarlos en el ejercicio profesional.
-Traer a una persona de civil, ponerle un uniforme y enseñarle a ser carabinero no es fácil -dice ella.
-Cuando tienen apenas segundos para discernir qué hacer, ¿cómo se prepara a los futuros policías para tomar esas decisiones?
-A medida que ellos van recogiendo lo intelectual y lo académico en aulas, paralelamente van ejecutando estas prácticas que los ponen en la toma de decisiones, en cómo lo hacemos de acuerdo con lo aprendido, y se va reforzando. Si hay algo que en definitiva genera alguna duda o no resulta bien, se vuelve a reforzar para enfrentarse en el futuro con las mejores decisiones -explica Rojas. La formación, agrega, también apunta a preparar a los futuros oficiales para ejercer como líderes institucionales. Eso supone desarrollar las capacidades necesarias tanto para comandar a otros carabineros como para orientar y liderar en las comunidades donde desempeñarán sus funciones.
En la Escuela de Investigaciones, esa preparación también acerca a los aspirantes a situaciones que luego encontrarán fuera del plantel. Así, durante la formación se recrean situaciones que los obligan a responder bajo presión, precisamente para que puedan equivocarse y aprender antes de enfrentarlas en terreno.
-Tenemos que construir escenarios donde ellos aprendan a trabajar bajo presión, porque no podemos cometer errores después, cuando ya son detectives. Esta es la instancia donde uno se puede equivocar; afuera, un error le puede costar la vida o puede significar una investigación sin resultados -expone la subprefecta Zapata.
Mujeres al mando
Al comienzo de cada año, cuando los nuevos aspirantes atraviesan su proceso de inducción, Viviana Zapata pide un espacio para reunirse con toda la promoción. Dice que intenta aprovechar esos encuentros para conversar con ellos, motivarlos e inspirarlos.
Este año, algunas de las preguntas vinieron de las mujeres que ingresaron a la escuela: querían saber cómo había llegado a ocupar su cargo, quién la había motivado y cómo había compatibilizado la vida familiar con la carrera policial.
-Les motiva ver a una mujer en este lugar -afirma.
Cuando Zapata ingresó a la Escuela, las mujeres eran una minoría. Recuerda que entre cerca de 300 aspirantes había unas 60, distribuidas en secciones donde podían ser apenas seis u ocho, frente a casi 30 hombres. Este año, dice, ingresaron 318 aspirantes: 191 hombres y 127 mujeres.
-Se han dado más posibilidades a nuestro género; pero siempre con la mirada puesta en las capacidades que puedan tener tanto hombres como mujeres. No por ser mujer van a tener un beneficio adicional; creo que ese no es el norte. La impronta no va por el hecho de ser mujer, sino por las capacidades que tienen esas mujeres.
Por su parte, en la Escuela de Carabineros, las mujeres representan actualmente cerca del 30% de los aspirantes. Para la coronel Rojas, el avance también se observa en los espacios que han ido ocupando dentro de la institución.
-Antes la mujer en Carabineros se relacionaba con los niños y las familias, pero después nacieron otras posibilidades en ámbitos especializados y en el alto mando.
-¿Qué desafíos considera que deberán seguir respondiéndose?
-Como mujeres, tiene que existir una continuidad. Si ya logramos avanzar y derribar ciertos mitos respecto de lo que implicaba la función de la mujer, tenemos que seguir avanzando.
No obstante, donde ambas directoras convergen es en el tipo de liderazgo que quieren ejercer.
-¿Cuál es el sello que quiere que tenga su dirección?
-Mi sello es ser cercana, pero a la vez disciplinada. Un sello formativo, que inspire a las nuevas generaciones. Quiero que sepan que hay alguien que los escucha -responde Zapata. Esa cercanía intenta llevarla a la vida cotidiana del plantel: recorre los pasillos, conversa con los aspirantes y procura que su figura como directora no se vuelva distante. Sin embargo, es categórica a la hora de abordar su nombramiento:
-Yo no quiero que mi sello sea que llegué a la Escuela por ser mujer, sino porque hay una trayectoria detrás.
En la coronel Rojas, el sello también está asociado a la cercanía y en la formación centrada en la persona: conocer a los aspirantes, acompañarlos en sus dificultades y sacar lo mejor de ellos. Dice que ver esa transformación -y cómo desarrollan el compromiso con el país, el uniforme y el respeto por los demás- es también lo que la realiza como formadora.
Por eso, después de años dedicada a la enseñanza policial, considera que llegar a dirigir la Escuela de Carabineros ha sido una suerte de culminación de su trayectoria.
-Es difícil llegar a un lugar donde nunca hubo mujeres liderando, porque siempre fueron mujeres trabajando, instruyendo, educando; pero yo me siento muy cómoda, y creo que si tenía que terminar de alguna forma, es haciendo esto.
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