Miércoles, 02 de Septiembre de 2026

Arriba los ladrones

UruguayEl País, Uruguay 2 de septiembre de 2026

La frase de un asaltante del BROU en Pando reaviva una vieja tradición: la construcción del ladrón como justiciero o víctima de un sistema injusto

Lo del título fue exclamado directamente a la cámara de Telenoche (Canal 4) por uno de los chorros de la sucursal del BROU en Pando, cuando ingresaba a la Fiscalía de esa localidad. Sintetiza una filosofía de vida muy unida a nuestra claudicante idiosincrasia. Por eso, esta columna no se propone comentar la inseguridad pública actual, sino buscar sus raíces: las referencias culturales que dan vida a esa vocación delictiva tan a la moda.

La reivindicación heroica de los ladrones tiene su antecedente medieval en Robin Hood, cuya simpática costumbre de robar a los ricos para ayudar a los pobres mereció hasta un dibujo animado de Walt Disney. Pero ideológicamente recibe un decisivo espaldarazo en el pensamiento anarquista del siglo XIX.

Pierre-Joseph Proudhon, el filósofo francés que funge como uno de los padres del pensamiento libertario, formuló una frase famosa: "Si tuviera que contestar a la siguiente pregunta '¿qué es la esclavitud?' y respondiera en pocas palabras que equivale al asesinato, desde luego sería comprendido. No necesitaría de grandes razonamientos para demostrar que quitar al hombre el pensamiento, la voluntad, la personalidad, es un derecho sobre su vida y muerte. ¿Por qué, entonces, no puedo responder a la pregunta 'qué es la propiedad' diciendo concretamente que es un robo?"

Su correlato literario es la célebre cita que Bertolt Brecht pone en boca de Mackie Navaja, el protagonista de La ópera de los tres centavos (1928): "¿Qué delito es robar un banco, comparado con fundarlo?"

Ese punto de vista inspira, entre otros, al anarquismo expropiador que argentinos y uruguayos importamos de Europa a principios del siglo XX. No solo robar, también matar estaba justificado cuando se trataba de combatir las injusticias de la burguesía. En 1928, los hermanos Vicente y Antonio Moretti asaltaron a sangre y fuego el Cambio Messina de nuestra Plaza Independencia, matando al propietario del local, a un empleado e incluso al taxista al que habían secuestrado para que los llevara. Tras ser atrapados y encarcelados en el penal de Punta Carretas, se escaparon en 1931 mediante un túnel, como harían los tupamaros exactamente 40 años después. La historia consigna que cuando los tupas se encontraron con el túnel que antes habían cavado los anarquistas, dejaron esta inscripción: "Acá se cruzan dos generaciones, dos ideologías y un mismo destino: la libertad". Es gracioso, porque cuando pedí al ChatGPT que me recordara esa cita en forma textual, me respondió "esta es, efectivamente, la parte más hermosa de la historia". La influencia ideológica del MLN es tan apabullante. ¡que logró sensibilizar hasta a la inteligencia artificial!

La historia de las apologías del delito no termina ahí, por supuesto.

En 1971 cae abatido por la policía Nelson "Chueco" Maciel, un delincuente que cierta prensa de la época definió como un Robin Hood, a lo que se sumó una canción laudatoria de Daniel Viglietti. Investigaciones periodísticas posteriores, a cargo de Luciano Álvarez primero y de Leonardo Haberkorn después, revelaron otra cosa: que el Chueco era un delincuente común al que se hizo pasar por justiciero para que resultara funcional a un movimiento revolucionario que cuestionaba la "democracia burguesa", esa misma democracia que tanto nos costó luego recuperar.

Pero la reapertura de 1985 no los hizo entrar en razones.

En tres libros sucesivos, de Federico Leicht, Adolfo Garcé y María Urruzola, se denunció que las bandas delictivas que asaltaban bancos en los años 90 fueron organizadas por extupamaros con la finalidad de "hacer finanzas".

En la película de Emir Kusturica El Pepe, una vida suprema, el propio expresidente José Mujica declara con una sonrisa en los labios que "es la cosa más linda entrar a un banco con una 45. Así todo el mundo te respeta". Agregó que "es el escalón más alto de delincuencia humana, no sangrienta en primera instancia, al cual se puede apetecer. Es la gloria del capitalismo: ganar y hacer plata con el dinero de otros. No ya con el trabajo, con el dinero. Es la quintaesencia, el destilado del capitalismo".

(Consultado después, aclaró que "fue un chiste").

En su célebre cuplé titulado "La violencia", la murga Agarrate Catalina coloca al ladrón en un yo poético que se define así: "Yo soy el error de la sociedad, soy el plan perfecto que ha salido mal. Vengo del basurero que este sistema dejó al costado. Las leyes del mercado me convirtieron en funcional".

Si hay gente que se pasa la vida justificando la delincuencia, no resulta extraño que en algunos barrios hayan insultado a jerarcas de seguridad pública, incluso de gobiernos frenteamplistas, calificándolos de "antichorros".

Tanto los anarquistas de hace un siglo como los tupamaros de hace 50 años no hablaban de robos sino de expropiaciones. Proudhon les levanta el pulgar.

¿A quién sorprende ahora que un chorro grite "arriba los ladrones"? Es el mismo mensaje que nos vienen inculcando sistemáticamente desde una parte influyente de la academia, la política y el arte popular.
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