La cuenta que dejamos para mañana
Luz Magdalena Salas
Quien cotiza cada mes espera algo sencillo: que sus aportes se conviertan en una pensión cuando deje de trabajar
Luz Magdalena Salas
Quien cotiza cada mes espera algo sencillo: que sus aportes se conviertan en una pensión cuando deje de trabajar. Detrás de ese descuento hay una promesa de futuro y, por eso, una reforma no se mide solo por cuántas personas ayuda hoy, sino por su capacidad de cumplir mañana. La Corte Constitucional dejó en pie la mayor parte de la reforma: el sistema de pilares, el umbral de 2,3 salarios mínimos, el pilar semicontributivo y el mayor papel de Colpensiones. Sin embargo, devolvió diez disposiciones a la Cámara, que tendrá 30 días hábiles para discutir. Aunque algunas parecen técnicas, afectan decisiones concretas. Una define cómo se financiarán las entidades que administrarán el ahorro por encima de 2,3 salarios mínimos. Eliminar su comisión puede parecer favorable, pero administrar esos recursos exige equipos, tecnología y controles: ninguna entidad puede prestar ese servicio gratis. Sin una remuneración razonable, desaparecen el negocio, la competencia y la posibilidad de elegir. Otra disposición permite pensionarse con 850 semanas a mujeres con tres hijos. Reconocer el tiempo de cuidado es necesario, pero implica cotizar menos y recibir la pensión durante más años. Con una población que envejece y menos trabajadores por pensionado, hacerlo sin financiación resulta insostenible. Equidad y sostenibilidad deben ir juntas. El Congreso también revisará el artículo 93, que abre la puerta a reducir edades o semanas para algunos grupos étnicos y campesinos. Sus desventajas merecen atención, pero una pensión debería responder al esfuerzo contributivo y a condiciones verificables de vulnerabilidad, no solo a la pertenencia a un grupo. Sin beneficiarios delimitados ni financiación, la medida puede crear costos elevados y nuevas inequidades. Esa protección podría brindarse mejor mediante los pilares solidario y semicontributivo. También regresaron las reglas del Fondo de Ahorro del Pilar Contributivo, que recibirá nuevas cotizaciones y será administrado por el Banco de la República. Esos recursos deben pagar pensiones futuras, no atender emergencias ni financiar otros gastos, porque ahorrar implica resistir la tentación de usar hoy lo que necesitaremos mañana. El principal riesgo fiscal, sin embargo, quedó por fuera de esta discusión. Con el umbral de 2,3 salarios mínimos, la mayor parte de las cotizaciones irá a Colpensiones: el Estado recibirá más recursos ahora, pero asumirá más obligaciones futuras. Es aliviar la caja presente mientras sigue creciendo la cuenta de las pensiones. La reforma tiene avances que deben preservarse: ampliar la protección de los adultos mayores pobres, apoyar a quienes no alcanzaron una pensión y terminar con subsidios injustificados. El Congreso todavía puede corregir las disposiciones que regresaron, proteger el ahorro y establecer reglas claras. Una buena reforma no es la que hace más promesas, sino la que permite que cada trabajador confíe en que la suya será cumplida.
Vicepresidente de ANIF.