Domingo, 06 de Septiembre de 2026

Los signos de los tiempos

UruguayEl País, Uruguay 6 de septiembre de 2026

Un número importante de miembros del gobierno salieron a descargar baldes de enojo, frustración y bilis.

La vida política de un país -en este caso Uruguay- es dinámica, fluye, los hechos políticos se suceden, duran poco, se empujan unos a otros. Sin embargo a veces se dan conjunciones de circunstancias que fijan esa sucesión, la condensas, le dan algo así como un marco de permanencia relativa.

Algo así se ha producido en nuestro país a partir de dos acontecimientos que se dieron casi simultáneamente en el correr del mes de agosto: el discurso de Luis Lacalle Pou en el aniversario del Partido Nacional y la publicación en todas las encuestas del registro de una caída pronunciada en la aprobación a la gestión del gobierno: más bien aumento de la desaprobación. La repercusión de estos dos hechos -ambos inesperados (tanto el contenido del discurso como el de las encuestas sorprendieron a todos)- va a ser un telón de fondo para todos los actores políticos que probablemente se vaya a mantener durante cierto tiempo.

En lo que refiere al Frente Amplio el efecto fue inmediato y es perfectamente visible. En el caso de la Coalición Republicana todavía no es visible (entre otros motivos porque la Coalición Republicana en sí misma no es todavía bien visible).

La conjunción simultánea de los dos episodios mencionados -discurso de Lacalle Pou y derrumbe del gobierno en las encuestas- ha generado en el Frente Amplio un estado de ira y de nerviosismo combinados y potenciándose uno al otro. Un número importante de miembros del gobierno y de dirigentes frentistas salieron a descargar, como siguiendo una consigna, baldes de enojo, frustración y bilis. Los dos casos más emblemáticos -y a la vez más repudiables- fueron el de Fernando Pereira, Presidente del Frente, insinuando que el ex Presidente Lacalle es un delincuente, y el de la Subsecretaria del Interior, vinculando a Larrañaga con los suicidios en la Policía. Nunca se ha visto nada igual.

En términos generales el Frente Amplio atribuye a Luis Lacalle la causa de la creciente desaprobación del gobierno y creen, o han sido llevados a interpretar, que el camino para revertir eso y mejorar en las encuestas es insultarlo a él. Ni las causas del derrumbe de la aprobación están allí ni el remedio está acá. Pero no les cabe en la cabeza que ellos hayan hecho algo mal y que haya que buscar por ahí la explicación de lo que recogen las encuestas. Esta equivocación -o incapacidad de ver- marcará, probablemente, la tónica del discurso frentista y de la postura del gobierno, por lo menos por un tiempo.

La fijación de los tiempos políticos, el escenario más o menos estabilizado por la contemporaneidad ya mencionada entre el discurso de Lacalle Pou y el derrumbe en las encuestas, tiene lugar en todo el escenario político: es decir, en ambos lados. Eso quiere decir -por ejemplo para el Partido Nacional- que hay una necesidad de revisar su discurso: no puede, no le conviene al Partido, actuar en espejo respecto al Frente Amplio. Por lo tanto hay todo un cambio de estrategia que merecería, de mi parte, otra página y ciertamente una explicitación de parte de la autoridad partidaria.
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