"No creo que esté mal que si un profesor hace una pregunta, los chicos la busquen en sus celulares"
Pese a la corriente que llama a prohibir su uso, el experto plantea que el empleo intencionado de móviles puede ser un aliado de la enseñanza, ya que la mayoría de los jóvenes acuden a ellos cuando tienen dudas: "Puede ser una fuente de distracción, pero si los profesores los mantienen usando sus teléfonos para efectos de la clase, puede potenciar aún más su curiosidad y mantenerlos más concentrados, porque no estarán jugando con ellos".
Peter Higgins parece remar contra la corriente. Cuando más de la mitad de los sistemas educativos del mundo prohíben o restringen el uso del celular en las salas de clases, según datos de Unesco, su visión es distinta.
"Los jóvenes son muy buenos para usar el celular para aprender (...). Si tienen una duda, les preguntan a sus teléfonos", explica Higgins, quien lleva más de 25 años estudiando la educación al aire libre y quien ha impulsado gran parte de las políticas de sostenibilidad del sistema escolar de Escocia.
En su visita a Chile, invitado por la Universidad del Desarrollo y Club Bosque Valdiviano, habló sobre diversas medidas en educación, entre ellas, el uso de celulares en el aula.
"No creo que esté mal que si un profesor hace una pregunta, los chicos la busquen en sus celulares. !Están aprendiendo igual¡", dijo a "El Mercurio".
De hecho, el académico de la Universidad de Edimburgo cree que su uso intencionado -es decir, que los profesores dirijan actividades claras de uso, como ingresar a un link o buscar una respuesta específica- puede ser una herramienta para fomentar la curiosidad y el aprendizaje autónomo de estudiantes en distintos niveles: "(El celular) puede ser una fuente de distracción, pero si los mantienen usando sus teléfonos para efectos de la clase, puede potenciar aún más su curiosidad y mantenerlos más concentrados, porque no estarán jugando con ellos".
Higgins recalca que los jóvenes aprenden más cuando "toman en sus propias manos su aprendizaje". Por eso, plantea que hay que fomentar esa curiosidad y autonomía, porque "eso no solo les da más confianza, sino que hace que realmente incorporen lo aprendido".
Para el investigador, el verdadero problema está en el control que ejercen las grandes compañías de la tecnología sobre los menores. Según asegura, esto afecta especialmente a los adolescentes, porque los algoritmos crean comunidades "y los jóvenes solo buscan pertenecer". "Vemos lo que ellos (grandes empresas) quieren que veamos, entonces el problema no son los teléfonos, son los algoritmos".
Aprender afuera
El foco del trabajo de Higgins ha sido mayoritariamente cómo aprenden los escolares al estar al aire libre. Ha asesorado a la Unesco en la materia y a diversos gobiernos. En su reciente visita a Chile se reunió con la ministra de Educación.
Para él, darles "buen uso" a las pantallas y habitar áreas verdes no son estrategias educativas contradictorias, sino complementarias: "Lo importante es enseñar en el mejor ambiente posible según lo que se está estudiando en la clase. Por ejemplo, si están viendo la importancia de cuidar el medio ambiente, lo mejor es que salgan a ver los efectos del cambio climático en su propia calle". Respecto a esto, recalca que es importante que cada profesor utilice su criterio educativo para "ocupar las estrategias necesarias".
En relación con aprender afuera del aula, el investigador recalca que estar al aire libre puede ayudar a activar los sentidos y, por ende, producir que los estudiantes se concentren en una sola tarea. "Estar al aire libre calma a los estudiantes, porque es una experiencia sensorial y eso está respaldado por la evidencia".
Según explica, la teoría se llama "restauración de la atención" y ha sido estudiada en Escocia con niños y adolescentes de distintos niveles escolares.
Higgins asegura que esto es clave para desarrollar una relación de cuidado con la naturaleza: "Los chicos que no han tenido la oportunidad de pasar tiempo al aire libre no generan empatía por la naturaleza y, por ende, después no la quieren cuidar (...). Es importante que no solo les digamos que el mundo se está muriendo, sino que les permitamos conocer ese mundo que está mal para que quieran protegerlo".
En ese sentido, plantea: "¿Cómo puedes amar y proteger algo que no conoces?".
Por último, recalca que no quiere que todos los profesores estén enseñando en los patios, sino que se pregunten cada vez que hacen una clase si están haciéndola en el lugar correcto, donde los estudiantes van a aprender más. "Porque la educación no es solo el traspaso de información, sino el cultivo de una relación con el entorno y las personas".