Los rebeldes y sus causas
Sentado en un rincón de la estación de policía, el detenido Jim Stark (James Dean) mata el aburrimiento mirando alrededor suyo: al fondo se ve a un chico entrando esposado mientras otros están esperando que les tomen declaración
Sentado en un rincón de la estación de policía, el detenido Jim Stark (James Dean) mata el aburrimiento mirando alrededor suyo: al fondo se ve a un chico entrando esposado mientras otros están esperando que les tomen declaración. A unos metros divisa a una adolescente con el rostro compungido, a un tipo con cara de indolente y, claro, no falta el que llora desconsolado. Son los minutos iniciales de "Rebelde sin causa" (1955) y Jim comienza a preguntarse si es casualidad ver a tantos adolescentes como él tras las rejas esta noche, si acaso habrá otra forma de expresar eso que los lleva a ir contra sus mayores, contra la autoridad, contra cualquiera que no sea joven como ellos.
Los rebeldes suelen gozar de buena reputación en el cine, sobre todo como insumo narrativo. Un personaje que va a contracorriente, que combate al resto y se sale de la norma suele ser más interesante que aquellos que marchan con el rebaño sin cuestionarse nada. En la medida que el rebelde cinematográfico se opone, lucha, huye, regresa, gana o pierde, también conseguirá que el relato avance, que el drama se precipite. Y algo más: en días de héroes prefabricados como estos, la audiencia está acostumbrada a que todo protagonista tenga un cierto porcentaje de rebelde dentro suyo, el público invariablemente se sorprenderá -y mucho- si esa rebeldía emerge donde nadie la espera, si surge en lugares donde todo parece bajo control.
Es lo que sucede con Ainara, la joven protagonista de "Los domingos": mientras el resto de sus compañeros de curso planea sus vacaciones, piensa en su futuro universitario o se enamora por primera vez, ella desea regresar un convento que conoció durante un retiro espiritual, pero no para ir de visita, sino como aspirante a monja de clausura. En un mundo cada vez más secular y donde la desconfianza ante las órdenes religiosas se ha vuelto moneda común, la de Ainara es, en efecto, la conducta de una rebelde. ¿Pero rebelde contra qué?
Ganadora del Premio Goya 2025 a Mejor Largometraje y dirigida con mano maestra por la española Alauda Ruiz de Azúa, la cinta registra con delicadeza las emociones de esta escolar que ama a sus dos hermanas, a su abuela y a sus amigos; que perdió a su madre en la infancia y ahora figura algo desorientada en un hogar donde el padre -figura residual, si las hay- tiene una nueva pareja a la que Ainara ni siquiera dirige la palabra. ¿Será que la suya, más que un camino hacia la religión, es otra versión de la "huida de casa"?
Ahora bien, nada de lo que insinúan o sugieren esta y otras conjeturas hacen sombra a algo que, en paralelo al discurrir de la historia, también ocupa intensamente al filme: contemplar de frente el misterio de la vocación religiosa, verlo desplegado en un entorno moderno donde no necesariamente se le entiende o se le acoge. Situada en la España de hace cien y más años, las aspiraciones de la protagonista habrían sido asimiladas y quizás hasta celebradas en el seno de una familia de clase media como la suya; sin embargo, próximos a iniciar la cuarta década del siglo XXI, el deseo de tomar los votos, adoptar el hábito y cerrar la puerta al mundo exterior es visto por algunos no solo como una decisión radical, sino inconcebible. Quien más parece afectada por la decisión de la joven es su tía Maite, retratada por la cinta como una mujer contemporánea y resuelta, quien interpreta las ideas de su sobrina como una suerte de delirio o infatuación temporal que pronto pasará. Solo que no se pasa. Y como Ainara realmente parece decidida, no le queda otra cosa a la tía que defenderla de sí misma, protegerla de este atavismo, de cometer este inmenso error.
Llegados a este punto del relato, uno podría preguntarse, con algo de maledicencia, si acaso parte de la agenda del filme no será la puesta en escena del combate entre cierta ortodoxia progresista (encarnada por la intransigente Maite) versus una pulsión de corte religioso/conservadora (la posición de Ainara) que, por el solo hecho de ir a la contra, podría ser percibida como la postura provocadora.
Pero, claro, reducir la discusión pública de la cinta al nivel de la polémica, la diatriba y la batalla cultural, no solo es un flaco favor a la película misma, sino que distrae al espectador del aspecto más inaudito de "Los domingos", Ainara y su rebeldía: apostar a que algo como la fe -su irrupción, su consagración, su sentido, su invisibilidad- puede ser captado ante las cámaras.
LOS DOMINGOS
(España, 2025). DRAMA. Escrita y dirigida por Alauda Ruiz de Azúa. 115 minutos. Se exhibe en salas.