Operación copiloto: Cómo conseguí que la IA me facilite el día a día
Desde armar un menú semanal hasta organizar las finanzas, los asistentes virtuales pueden simplificar la rutina. Pero los expertos advierten que la clave no está en delegar todo, sino en saber qué, cuánto y cómo.
Millones de personas ya recurren a herramientas como ChatGPT, Claude o Gemini para resolver tareas diarias. Eso sí, la pregunta es cómo hacerlo bien.
Para Gonzalo Álvarez, director del programa Legal-Tech de la U. Central, "la IA rinde mejor en tareas estructuradas, repetitivas y de bajo riesgo, donde el error es reversible y verificable". En esa categoría entran la organización de una agenda, la categorización de gastos, la planificación de un trayecto o el armado de una lista de compras. "La IA aquí no decide por nosotros; comprime tiempo y reduce fricción".
Loreto Bravo, directora del Instituto de Data Science de la UDD, explica: "La relación con la inteligencia artificial no es todo o nada". Es decir, no se trata de delegar toda la tarea o hacerla uno solo por completo. Entre ambos hay niveles intermedios, como usar la IA de apoyo, iterar en conjunto y revisar lo que produjo.
Uno de los errores más frecuentes es escribir instrucciones vagas. Para evitarlo, Álvarez desglosa tres componentes clave: contexto, objetivo y restricciones. Y Bravo aconseja ir ajustando la consulta ya que "ese ida y vuelta suele ser mucho más útil que intentar escribir un prompt perfecto desde el comienzo".
Dar contexto personal mejora las respuestas, pero hay que tener cuidado. "Si un dato no lo compartiría con un desconocido competente, tampoco debería pegarlo sin más en un asistente", afirma Álvarez.
Contraseñas, datos bancarios, números de documentos de identidad, direcciones exactas, información de salud identificable y datos de terceros sin su consentimiento están en esa categoría.
Los expertos agregan que para la mayoría de las necesidades, un solo asistente generalista -ChatGPT, Claude o Gemini- en su versión gratuita es suficiente. A eso puede sumarse un buscador con fuentes como Perplexity, para cuando se necesitan datos actualizados y verificables, y una herramienta como NotebookLM para estudiar a partir de documentos propios.
Ideas para ahorrarQuería ordenar los gastos promedio de un mes para buscar un margen para ahorrar. Siguiendo los consejos expertos subí los estados de cuenta, sin ningún dato personal o bancario: solo los números en un Excel o en un PDF (se pueden borrar esas informaciones). El pedido fue que la IA me ayude a ordenar las cuentas para determinar qué gastos podría dejar de hacer y pasar al ahorro.
Los tres agentes de IA fueron capaces de hacer el análisis más o menos en los mismos términos, pero ChatGPT fue el más amable y consideró que había algunos gastos "discrecionales" que podrían no considerarse superficiales pues ayudaban a mejorar mi bienestar general. Gemini me ayudó a categorizar los gastos y a entender de forma muy clara dónde están las fugas en la billetera. Claude en cambio, juntó todo y pidió respuestas más precisas de mi parte para distinguir en una hoja de cálculo (que quería evitar) donde consolidó los datos que no lograba clasificar. En todos, la conversación y la precisión de algunos detalles fue lo que llevó a la mejor respuesta. Cualquiera de los tres funciona muy bien.
Asesoría de vestuarioHay días en que uno revisa el clóset completo y, aun así, siente que no tiene nada que ponerse. Hace poco tuve uno de esos dilemas. Tenía un vestido que quería usar para un matrimonio, pero no estaba del todo convencida de cómo combinarlo ni de si necesitaba hacerle algún cambio para que se viera mejor. Además de preguntarle a una amiga, decidí hacer algo que hasta hace poco habría parecido bastante extraño: sacarle una foto y preguntarle a ChatGPT.
La dinámica fue bastante simple. Le mostré el vestido y le expliqué la ocasión, el tipo de matrimonio y lo que quería conseguir. No quería que me dijera simplemente "sí, úsalo", sino que me ayudara a pensar qué podía hacer para que el conjunto se viera más armado.
Ahí empezó el intercambio. Le pregunté por zapatos, accesorios y colores que podían funcionar, pero también por pequeños cambios que podían hacer que el vestido se viera más apropiado para la ocasión. La gracia está en que uno puede ir afinando la pregunta. Si una propuesta no convence, se le dice. Si hay que elegir entre dos opciones, se pueden subir ambas fotografías y pedirle que las compare.
No es una función exclusiva de ChatGPT. Gemini permite hacer algo parecido: subir fotografías y pedir recomendaciones considerando las prendas. Claude también puede analizar imágenes y ayudar a pensar combinaciones, aunque, como ocurre con cualquier chatbot , la calidad de la respuesta depende bastante de la información que uno entregue y en el caso de Claude suele ser menos personalizable o "simpático" que ChatGPT.
Pero hay que tener claro dónde termina la ayuda y empieza el gusto personal. Una IA puede detectar colores, formas y proporciones y ofrecer alternativas, pero no sabe necesariamente qué nos hace sentir cómodos. Es que hay una cosa que todavía no puede hacer: ponerse el vestido y mirarse al espejo por mí.
El menú de la semana"¿Qué vamos a comer esta semana?", es una pregunta frecuente en todo hogar. Responderla significa abrir el refrigerador, revisar qué queda, pensar algunas recetas y, finalmente, hacer una lista de compras con lo que falta.
Mi hijo -que se acaba de recibir y que, por ahora, es el único que almuerza en la casa- encontró una solución bastante más eficiente: preguntarle a ChatGPT.
Una vez a la semana toma el celular y le entrega una instrucción detallada. Le pide que actúe como un experto en nutrición en Chile y que prepare un menú de almuerzos de lunes a viernes. Tiene que considerar cuántas personas comerán (a veces está su polola), proponer platos sencillos, variados y nutritivos y, además, privilegiar ingredientes de estación.
Pero no se queda ahí. También le pide que transforme ese menú en una lista de compras dividida en dos. Por un lado, lo que hay que comprar en la feria y lo que corresponde al supermercado.
Finalmente, viene la parte que más trabajo ahorra: ChatGPT escribe las cinco recetas, con las cantidades necesarias, instrucciones paso a paso y tiempos de cocción.
Y tiene algo de ensayo y error. Si hay un plato que a mi hijo no le gusta, se lo dice y modifica el menú. Lo mismo si hay algo con ingredientes difíciles de conseguir. Como tiene una cuenta, la IA ya sabe qué es lo que le gusta y no. Y aunque a veces mi hijo no sigue al pie de la letra esta guía e improvisa, sí le ha servido para ordenarse y comer más balanceado.
Un maestro chasquillaDesde la pandemia me adentré en el mundo de reparar cosas sin llamar a un técnico.
Mi primera fuente de información son los tutoriales en YouTube. Con el tiempo uno se envalentona: empecé a reparar radios a pilas de las décadas de los 60 y 70 y consolas clásicas que compré en el Persa. Y ahí la IA comienza a tomar protagonismo. ChatGPT y Gemini fueron mis aliados.
Mi interacción con los chatbots es más o menos así: primero comienzo con un prompt contando el problema. Por ejemplo, "tengo un ventilador Somela modelo XYZ que no enciende, no prende ninguna luz, ni emite ruidos. Quiero repararlo y necesito una guía paso a paso. Sospecho que es un tema de alimentación de energía".
Así comienza una interacción con la IA, en que el chatbot hace algunas preguntas, que incluye hacer algunas pruebas e ir descartando lo más obvio. Ya desarmando el aparato y sacando fotos a las distintas placas del ventilador, la IA y yo llegamos a la conclusión de que el problema era un transformador.
La IA te hace advertencias de seguridad y, claro, cuando es algo muy complejo mejor recurrir directamente al técnico.
No hace mucho tuve mi reto mayor: reparar una secadora. Fui a YouTube en busca de tutoriales: los síntomas indicaban que se había roto una correa que hacía girar el tambor. La reparación por un técnico: $160 mil.
Con la ayuda de mi hijo, la desarmamos completa sacando el tambor y aprovechamos de limpiar cada rincón. En el intertanto compramos la polea. Pero volver a armarla no era tan sencillo porque necesitaba que el tambor girara perfectamente en el eje. Al sacarlo, los tornillos, tuercas y golillas cayeron y no sabíamos el orden. La primera vez que la armamos no funcionó. Fue ahí cuando la IA nos volvió a dar una mano. Le sacamos una foto a la secadora y a cada una de las piezas que hacían que el tambor se afirmara y girara en su eje.
La IA buscó en internet manuales técnicos y nos sugirió el orden correcto de los componentes. Voilá : después de algunas horas ya teníamos la secadora funcionando.