Los brotes verdes
La llegada de Darío Osorio a Crystal Palace no es sino una gran noticia
La llegada de Darío Osorio a Crystal Palace no es sino una gran noticia. Para él y para el fútbol chileno.
Osorio junto a Marcelino Núñez (Ipswich Town) constituyen el pequeño pero representativo bastión de futbolistas nacionales en la Premier League, la liga profesional más importante del mundo.
Convengamos: ser jugador de un club de la primera división de Inglaterra no es solo un lujo por la espectacularidad estética que ella impone, sino que es, en verdad, un certificado de calidad.
A la Premier League no llegan extranjeros simplemente por ser buenos para la pelota. Menos por habilidad de los representantes. Un futbolista foráneo solo puede acceder a ella si cumple una rígida lista de antecedentes que los ingleses imponen, no solo con el ánimo de proteger la "mano de obra nacional", sino que con el objetivo de preservar el "producto". Es un resguardo.
Es bueno recordar esas exigencias ahora que, durante cada fin de semana, estaremos expectantes sobre el andar de Osorio y Núñez en sus clubes de la Premier.
Desde que entró en vigencia el Brexit (proceso que supuso el retiro de Reino Unido de la Unión Europea y se concretó en 2020), la FA (Asociación inglesa de Fútbol), la EFL (Liga de fútbol inglés) y los clubes de la Premier en su conjunto resolvieron que, para que un jugador extranjero pueda insertarse en alguna institución, debe tener un permiso de trabajo.
¿Cómo se obtiene? Completando una cantidad de puntos (15) que lo habilite.
Esos puntos los va sumando un futbolista por la cantidad de apariciones en clubes, la cantidad de partidos internacionales o con selecciones adultas o juveniles, y con la calidad del club vendedor según la liga en la que juegan, su posición en esa liga y su progreso en una competencia continental.
Pero es preciso hacer una aclaración. Como dice el principio orwelliano, expuesto en su libro "Rebelión en la granja" ("todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros"), los ingleses no valoran de la misma manera a todos. Existe un principio de discriminación. Ejemplo: no otorga la misma cantidad de puntos haber jugado por la selección de Chile que haberlo hecho por la de Argentina; o haber sido figura en la liga de Dinamarca o incluso en el Championship (la segunda división inglesa) que haber destacado en el campeonato brasileño o en la Eredivisie.
Por eso es que hay que no solo aplaudir, sino que también valorar en su justa medida que Darío Osorio y Marcelino Núñez estén hoy en la mejor liga del mundo.
Está clarísimo que ninguno de los dos está en un club con ambiciones más altas que mantenerse en la categoría y que seguramente no serán las estrellas del torneo.
Pero si hacen lo que hicieron para llegar al mayor escenario mundial del fútbol, seguro podrán proyectar sus carreras y, de paso, tirar el pesado carro de la reactivación de la Roja.
Es verdad. Estamos hablando de pequeñas y, quizás para muchos, insuficientes señales. Sí, puede ser. Pero convengamos que son pequeños brotes verdes que, de alguna forma, cambian el sombrío panorama que vivimos hace algunos años.