Miércoles, 09 de Septiembre de 2026

Santa Fe no pudo con Vasco y le toca ir a Brasil a buscar su gesta

ColombiaEl Tiempo, Colombia 9 de septiembre de 2026

PABLO ROMERO - REDACTOR DE EL TIEMPO@PabloRomeroET
Si a Santa Fe le gusta la adversidad, sufrir lo que no está escrito y vivir de la angustia para hacer más épicas sus hazañas, el escenario en la Copa Sudamericana le quedó a la medida: empató en casa contra Vasco da Gama 0-0 y ahora le toca ir a Brasil sin ventaja a buscar su gesta, a hacer el esfuerzo en territorio ajeno, a combatir la presión que impondrá esa afición carioca, si es que quiere seguir vivo y meterse en la semifinal

PABLO ROMERO - REDACTOR DE EL TIEMPO@PabloRomeroET
Si a Santa Fe le gusta la adversidad, sufrir lo que no está escrito y vivir de la angustia para hacer más épicas sus hazañas, el escenario en la Copa Sudamericana le quedó a la medida: empató en casa contra Vasco da Gama 0-0 y ahora le toca ir a Brasil sin ventaja a buscar su gesta, a hacer el esfuerzo en territorio ajeno, a combatir la presión que impondrá esa afición carioca, si es que quiere seguir vivo y meterse en la semifinal. Santa Fe sabía que este rival, aunque venía cargado de suplentes, no iba a ser sencillo, que no iba a dar ventajas, y que por lo tanto, el equipo cardenal no podía fallar si alguna opción le quedaba, pero las falló. Vasco, como todo equipo brasileño, llegó a Bogotá a imponer su nombre, como si la altura no les afectara, y si les afectó, lo disimularon bien. Hasta el último minuto corrieron. En todo caso, el primero en acercarse fue Santa Fe, que había salido a la cancha con su once más ofensivo, con Fagúndez, Rodallega, Obrian, Rivaldo... Fue el central Iván Scarpeta el que hizo vibrar el estadio cuando se elevó en el área y conectó un cabezazo con destino a la red. Mientras la afición ya rugía por el golazo de su defensor y el propio Scarpeta lanzaba su grito de gloria, el VAR daba sentencia y evidenciaba un milimétrico fuera de juego que apagó la alegría cardenal. Pero parecía que ese gol anulado envalentonaba a los leones, porque en el primer tiempo también probó Helibelton Palacios, quien apareció por la banda derecha, y encarrilló hacia el arco rival. Se quedó sin piernas y sin puntería y mandó la pelota arriba, lejos, desperdiciando una gran oportunidad, mientras los hinchas se cogían la cabeza y maldecían la opción errada por el lateral derecho. Todos sabían que eso no se podía fallar. Sin embargo, los ataques de Vasco eran algo más peligrosos, llevaban candela. Como ya conocían la naciente fama del portero Asprilla, el que fue héroe contra River, lo probaron por diferentes medios. Es más, el portero Jardim quiso sorprenderlo con un remate de arco a arco, pero Asprilla reaccionó a tiempo, dando pasos hacia atrás para luego estirar su brazo y evitar la humillación que buscaba su colega. Asprilla también reaccionó bien en un remate de Rodríguez con una tajada oportuna que ratificó su buen momento. Para el segundo tiempo, Santa Fe salió un poco mejor, como sacudido, como si Pablo Repetto les hubiera dado cátedra en el vestuario o Hugo los hubiera motivado, porque los leones salieron a jugar como si cayeran en cuenta de que ganar en Bogotá no era negociable, era vital, obligatorio, urgente. Nadie quería ir a Río de Janeiro sin ventaja. El equipo capitalino fue al frente, empezó a tocar y a generar juego, Fagúndez entró en los circuitos a ver si su genialidad hacía presencia. Pero con el pasar de los minutos, ese envión se apagó y Santa Fe otra vez entró en una nebulosa. Vasco, que ya no agredía mucho, parecía un equipo satisfecho con el empate, muy seguro de que en su casa es a otro precio. Y sin embargo, se convirtió en un equipo peligroso al contragolpe, por lo que Asprilla tuvo que mostrar una vez más su capacidad y evitó la caída de su arco cuando Spinelli encaró y por poco anota el gol visitante. En Santa Fe entró a la cancha Lovera a ver si lograba dar una mano ofensiva. Santa Fe mantuvo el dominio, pero le faltaba agresividad. Rodallega tuvo la suya y mandó la pelota afuera. Esas acciones emocionaron, la gente se levantó y afinó sus gargantas y clamó: "vamos, vamos, vamos, Santa Fe...", y en la cancha el que mejor los escuchó fue Fagúndez, el que viene en momento estelar, el que celebra todo lo que patea, y quien esta vez sacó un potente disparo de zurda, un balonazo con fuego, pero que fue a quemar el travesaño, el balón rebotó al pasto: casi es un golazo de esos que se han bautizado, a falta de mejor definición, de picabarra, pero no... Promediando el minuto 70, Santa Fe ya estaba crecido, había recuperado fuerzas, Obrian era el factor sorpresa que enloquecía a los brasileños, hasta los volantes de marca, Jhojan y Daniel Torres se sumaron a la manada ofensiva. Entraron Mafla, Zapata, Bustos. Repetto movía sus últimas fichas y el cronómetro no daba tregua. Cuando el partido ya se acababa, Santa Fe estuvo cerca, tuvo dos acciones ofensivas similares, cabezazo de Fagúndez, luego uno de Rodallega, y en ambos remates a quemarropa el portero Jardim se hizo héroe y evitó el gol cardenal. Santa Fe quedó con la amargura del empate, con la rabia de que esa pelota no quiso entrar, con la angustia de que le toca ir a Brasil sin ventaja, pero Santa Fe, ya se sabe, está hecho para sufrir por sus hazañas.
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