El deshielo
Chile, 1992
Chile, 1992. En el hotel Vista del Volcán, en algún lugar del sur, se aloja un grupo de adolescentes alemanes que ha viajado a pasar sus vacaciones. Entre ellos, Hanna (Maia Domagala), de 14 años, una esquiadora que está en proceso de convertirse en una deportista de alto nivel. En el hotel también pasa la temporada la niña Inés (Maya O'Rourke), de 9 años, cuyos padres han viajado junto con el iceberg que ocupará el estand de Chile en la Expo Sevilla de ese año. Inés está al cuidado de su abuela Lina (Paulina Urrutia), dueña del hotel.
El confuso envolvimiento de Hanna con otro de los nietos de Lina, el también adolescente Sebastián (Lautaro Cantillana), deriva en la desaparición de la joven alemana. En este Chile pasan estas cosas. También está desaparecido el hermano de una tía de Inés y la televisión exhibe el hallazgo de las fosas colectivas de Pisagua. Es una época en la que nadie dice nada, como nada dice la abuela Lina ante la madre de Hanna, que llega desde Alemania a tratar de encontrar a su hija.
Inés aprende a mentir, manipular y callar. Se excede, por supuesto. Cree hacerse amiga de Hanna y más tarde cree hacerse amiga de su madre. Aún no ha aprendido a ver las fronteras entre niños y adultos, ni tampoco los limites entre otras cosas. Está viviendo en el clima espeso de una transición que también es un deshielo: algunas cosas aparecen, otras no.
Según Manuela Martelli, esta es la segunda película de una trilogía cuya primera parte fue 1976 y la tercera debería ser alguna historia más bien ambientada en los 2000, un conjunto que abarca la trayectoria vital de la directora. Así como 1976 describía el clima de miedo y violencia de los primeros años de la dictadura, El deshielo se esfuerza por traducir la atmósfera confusa de la transición, con su triunfalismo y sus cosas no dichas, desde el punto de vista de una niña que pasa por una experiencia extraña.
Quizás son demasiadas cosas para meter en una sola película. La intriga principal -la desaparición de Hanna- queda perforada por vacíos inexplicados, mientras que la función de la familia hotelera se debate entre el crimen y la supervivencia, encabezada por un personaje -la abuela- melifluo y tenebroso.
De cualquier modo, Martelli confirma que es una cineasta sólida, con una conciencia tan despierta de sus recursos fílmicos, que cada plano y cada movimiento de la cámara extrae diversos niveles de significación de la realidad huidiza que construye. De allí nace tanto la posible saturación como la singular hondura de esta película, su limitación y su relevancia a un mismo tiempo.
Dirección: Manuela Martelli. Con: Maya O'Rourke, Saskia Rosendahl, Maia Domagala, Jakub Gierszal, Paulina Urrutia, Mauricio Pesutic, Lautaro Cantillana.108 minutos.En cines