Los últimos rincones salvajes en América del Norte
Glaciares, ballenas, bosques infinitos y una despensa marcada por las aguas frías del Pacífico. Seguimos el rastro del salmón salvaje y el cangrejo real, a bordo de un crucero que sirve para alcanzar pueblos y ciudades marcados por su entorno natural, y lugares imposibles de ver de otra manera (y sin las incomodidades del caso). Por Estefanía Ruilope .
E n Alaska el paisaje también se saborea. Lo hace en forma de salmón salvaje, de fletán recién pescado, de enormes patas de cangrejo y de sopas calientes capaces de combatir la niebla y el frío. Aquí, el océano no es solo parte del paisaje: desde hace siglos marca la economía, la cultura y la forma de vivir de quienes habitan uno de los territorios más remotos de Norteamérica. Quizá por eso recorrer Alaska desde el mar tenga tanto sentido. Hay lugares a los que no llega ninguna carretera, y pequeñas poblaciones que sobreviven encajadas entre montañas, bosques y fiordos.
Nuestro viaje comienza en Seattle , punto de partida del MSC Poesia, que durante siete noches navega por el legendario Pasaje Interior , un corredor marítimo formado por cientos de islas, fiordos, glaciares y canales protegidos en los que la naturaleza domina completamente todo el horizonte.
Antes de embarcar, merece la pena dedicar al menos un par de días a descubrir Seattle. Durante años fue conocida como la ciudad del café, del grunge o de gigantes tecnológicos como Amazon y Microsoft, pero hoy se ha consolidado también como uno de los destinos gastronómicos más interesantes de la costa oeste estadounidense. Su tamaño, relativamente compacto, permite recorrerla caminando. El itinerario puede comenzar en la Space Needle , la icónica torre levantada para la Exposición Universal de 1962, continuar por el Museum of Pop Culture , donde la historia de la música contemporánea tiene nombres propios como Jimi Hendrix o Kurt Cobain, y seguir hasta Chihuly Garden and Glass , un recorrido por las esculturas de vidrio creadas por Dale Chihuly a lo largo de seis décadas.
La siguiente parada es Pike Place Market , el mercado público más antiguo de Estados Unidos, famoso por sus puestos de marisco fresco, flores y por albergar la primera tienda Starbucks, fundada en 1971.
Seattle también atraviesa un momento interesante desde el punto de vista gastronómico. A los grandes clásicos se suman nuevas aperturas que reflejan el carácter multicultural de la ciudad. El referente continúa siendo Canlis , uno de los grandes templos de la alta cocina del país, que regenta la misma familia desde hace más de siete décadas. Sin embargo, buena parte de la efervescencia culinaria se sitúa en locales más pequeños y desenfadados.
En Capitol Hill destaca Ramie , donde los hermanos Trinh y Thai Nguyen reinterpretan la cocina vietnamita contemporánea. En Pike Place acaba de abrir Baiana , el restaurante afrobrasileño de la chef Emme Ribeiro Collins, mientras que, en el barrio de Fremont, PARAN Korean Grill es uno de los mejores lugares de platos coreanos a la parrilla.
Cuando el barco abandona el puerto comienza otra historia. Los rascacielos desaparecen y son sustituidos por un interminable desfile de islas cubiertas de coníferas, estrechos canales y montañas que parecen emerger directamente del océano.
Las primeras 24 horas de navegación sirven para entender por qué el Pasaje Interior es una de las rutas marítimas más espectaculares del mundo: orcas que acompañan al barco, pequeños icebergs flotando entre aguas tranquilas y mucha calma.
La cara más auténtica
Es el mejor prólogo posible antes de llegar a la primera escala: Ketchikan , conocida como la capital mundial del salmón.
Los hidroaviones aterrizan y despegan sin descanso sobre la bahía, mientras los antiguos muelles de madera recuerdan la época en la que la pesca impulsó el crecimiento de la urbe. Todo aquí gira alrededor del mar. Basta recorrer Creek Street , la calle más fotografiada, para entenderlo. Sus coloridas casas sobre pilotes, construidas sobre el arroyo Ketchikan Creek , evocan el pasado de este antiguo barrio pesquero y conservan intacto el encanto de la Alaska más auténtica.
A pocos pasos se encuentra The Alaska Fish House , donde un sencillo fish & chips resume a la perfección la cocina de la región. Puede prepararse con el apreciado salmón coho o con halibut, el fletán del Pacífico, dos de las especies más emblemáticas de estas aguas frías. El secreto está en una fritura ligera que mantiene el pescado jugoso y lleno de sabor. Conviene venir sin prisas: las largas colas casi forman parte de la experiencia.
La nueva generación de cocineros también está dejando su huella. En Timber & Tide el pescado se transforma en tacos desenfadados, demostrando que tradición y creatividad pueden convivir sin perder identidad. Y para terminar la visita, nada mejor que una cerveza de barril en Arctic Bar , un clásico con vistas al puerto donde resulta fácil imaginar el trasiego de los pescadores que, durante décadas, marcaron el ritmo.
Quienes dispongan de unas horas extra pueden acercarse al Totem Bight State Historical Park , un buen sitio para descubrir la cultura del pueblo tlingit. El parque conserva 14 tótems cuidadosamente restaurados y una casa comunal, un conjunto que ayuda a comprender la historia de los pueblos indígenas del sureste de Alaska.
Muy diferente es el ambiente del Great Alaskan Lumberjack Show , un espectáculo tan norteamericano como sorprendente en el que varios leñadores compiten en unas pruebas de habilidad con troncos, hachas y motosierras.
La navegación hacia Juneau , la capital de Alaska, regala uno de los momentos más espectaculares del viaje. El barco se adentra entre fiordos repletos de cascadas que caen sobre el mar y paredes de roca que escoltan la travesía hasta el glaciar Dawes .
La metrópoli también es una rareza geográfica. Es la única capital estatal de Estados Unidos a la que no se puede acceder por carretera. Solo el avión o el barco permiten llegar, lo que ha contribuido a conservar ese aire de última frontera ligado a la fiebre del oro que, a finales del siglo XIX, transformó para siempre esta región.
Una de las excursiones imprescindibles consiste en remar en canoa frente al glaciar Mendenhall . Acercarse lentamente a una inmensa pared de hielo permite comprender la verdadera dimensión del paisaje, y recordar, una vez más, que en Alaska es la naturaleza la que marca las reglas.
De vuelta a la ciudad, vale la pena parar en Alaskan Fudge Company , donde elaboran uno de los dulces más populares de Juneau, antes de cruzar las puertas del histórico Red Dog Saloon . Suelo cubierto de serrín, madera oscurecida por el paso del tiempo y música en vivo recrean el ambiente de los viejos salones frecuentados durante los años de la gran fiebre aurífera por buscadores de oro y aventureros.
Si Juneau conserva el recuerdo de la Alaska minera, Icy Strait Point representa su cara más indómita.
Este pequeño puerto, levantado alrededor de una antigua conservera de salmón, mantiene un estrecho vínculo con la comunidad tlingit de Hoonah, cuyos habitantes continúan muy ligados al mar. Aquí, cuando comienza la temporada del salmón, los osos pardos descienden a los ríos para pescar y las ballenas jorobadas son visitantes habituales de estas aguas.
La gastronomía vuelve a ser la mejor forma de entender este lugar. En The Crab House el gran protagonista es el cangrejo real de Alaska, servido sin artificios.
También hay que probar el Crabby bloody Mary, una versión del clásico cóctel que incorpora carne de cangrejo, o decantarse por una hamburguesa de halibut o una reconfortante sopa de salmón.
Después de comer, el teleférico Sky Peak asciende hasta la montaña Hoon , desde donde parten varias rutas de senderismo con vistas privilegiadas sobre el estrecho. Los más aventureros pueden lanzarse por una de las tirolinas más largas del mundo.
Tras varios días navegando entre glaciares, bosques y pequeños pueblos pesqueros, la llegada a Victoria , capital de la Columbia Británica, supone un cambio de escenario. La naturaleza salvaje deja paso a una ciudad refinada, de aire británico, donde las fachadas victorianas y los jardines perfectamente cuidados invitan a despedirse del viaje. Su casco histórico se recorre cómodamente a pie.
Entre edificios centenarios, librerías y cafeterías independientes aparece Fan Tan Alley , el callejón comercial más estrecho de Canadá.
La despedida merece hacerse con un Shaft, el cóctel de café nacido precisamente en Victoria y convertido casi en una institución local. Espreso, vodka y licor de café se mezclan en una receta sencilla que se debe servir en frío.
Alaska deslumbra por la inmensidad de sus paisajes, pero termina conquistando por algo más simple: la forma en que el mar condiciona todo. Marca las rutas, alimenta a sus habitantes, explica su historia y llena las mesas de pescado, marisco y recetas que hablan de estas regiones mejor que cualquier guía. Y es que, aquí, el verdadero protagonista siempre ha sido el océano.