Domingo, 13 de Septiembre de 2026

Perdidos en los laberintos del crimen

ChileEl Mercurio, Chile 13 de septiembre de 2026

Los pocos momentos de tensión o ambivalencia que plantean preguntas al lector se ven opacados por una construcción apresurada de los personajes, que prioriza la acción rápida por sobre una mínima complejidad.

Luego de cumplir un encargo de su superior directo, una pareja de carabineros compuesta por el sargento Dracos y la cabo Mansilla se ve envuelta en las redes de una organización clandestina. Él, bruto y temperamental; ella, atormentada y con ciertas reticencias que no le impiden caer en la tentación, se hacen parte de "La Reunión" por petición del capitán Baza, quien les promete protección y, sobre todo, ingresos significativamente más altos. Así, dejan de ser meros policías que persiguen el microtráfico y los delitos callejeros para pasar a integrar una red donde el límite que divide al crimen de la ley se pierde en una majamama de corrupción moral e institucional.
Diligencia , tercer libro del escritor y guionista chileno Pablo Toro -y que sigue a la muy premiada Safari (2021)-, se inserta de lleno en el género negro al narrar las peripecias de los protagonistas en un caluroso día de marzo en Santiago. La novela sigue los pasos de Dracos y Mansilla, quienes recorren distintos puntos de la capital trazando un laberinto criminal del que nadie parece salvarse. Desde los pequeños traficantes que son víctimas de un asesino serial hasta el dueño de un holding financiero en pleno Sanhattan, todos se ven envueltos, en mayor o menor medida, en la ilegalidad.
A pesar de un comienzo auspicioso y de que la arquitectura de la novela demuestra dominio del género policial, Diligencia hace agua por distintos lados. En primer lugar, el coqueteo de los policías con el mal -se pasan el día consumiendo cocaína, abusan de su poder en sus rondas callejeras e incluso llevan algunos muertos a cuestas- no logra esconder el moralismo fácil que atraviesa toda la novela. La mayor parte de los personajes son planos, chatos, buenos muy buenos o malos muy malos (sobre todo abundan estos últimos). Los pocos momentos de tensión o ambivalencia que plantean preguntas al lector se ven opacados por una construcción apresurada de los personajes, que prioriza la acción rápida por sobre una mínima complejidad.
Eso, a su vez, conecta con la radical ramplonería a la hora de construir los personajes de Diligencia : fuera de algunos rasgos de los carabineros de civil -que podrían responder, quizás, a ciertas convenciones de la novela negra o el realismo sucio-, la mayoría de los personajes se reducen a una caricatura que causa a ratos, aunque involuntariamente, hilaridad. Así, Cachito Ortega, periodista de la Radio Agrícola (sic) es un comentarista simplón de la realidad política, tendencioso y fanático al dar cuenta de la actualidad y lanzar sus diatribas contra la izquierda. Luis Toledo, líder secundario desaparecido en medio de las revueltas estudiantiles, no solo busca un futuro mejor; también fue un antiguo residente en los hogares de los servicios de protección de menores -es huérfano de padre y madre- y ahora ha devenido en influencer justiciero. O Ignacio Green, "el senador más joven de la historia de la república", quien se enfrenta al "octubrismo refundacional" con un discurso del todo ridículo y vacío: "Porque soy un hombre de centro. Creo en la justa medida de las cosas. Creo en la centralidad del centro". (Todo eso sin contar a aquel personaje que, convocado con urgencia a una reunión, llega desde un club de golf, proveniente de un almuerzo con unos socios suyos, "con un guante de golf todavía puesto"... ¿quién almuerza con guantes o, ante el apuro de ser convocado por su poderoso padre, se pone el guante de golf para ir a una reunión?).
Una tercera falencia de la novela está en su falta de decisión genérica a la hora de abordar ciertos aspectos de la trama. Bien podría haber sido una novela policial con altas dosis de política, al mostrar los tentáculos de "La reunión" sobre el telón de las protestas estudiantiles y la votación de la reforma a Carabineros -derribada, cómo no, por los oscuros hilos de ese poder omnipresente que se cuida a sí mismo-. Sin embargo, junto con la extrema simpleza de su mensaje político, la inclusión algo forzada de elementos fantásticos termina, más que sugiriendo profundidad o apertura a los abismos del mal, desdibujando del todo una novela atiborrada de elementos que le sobran.
El retrato de un Santiago agobiante, la corrupción del entramado urbano o ciertos personajes sugerentes -como la misma cabo Mansilla o el rapero y delincuente Kid Capone- no logran hacer de Diligencia una buena obra. No cabe duda de que hay talento narrativo en Toro, pero los lenguajes de la novela exigen una mayor elaboración de los personajes, menos engolosinamiento con los fuegos artificiales del espectáculo y una mirada más compleja a nuestro presente. En esta ocasión termina predominando, a fin de cuentas, una trama vertiginosa y rápida de leer. Y rápida, también, de olvidar.
La Nación Argentina O Globo Brasil El Mercurio Chile
El Tiempo Colombia La Nación Costa Rica La Prensa Gráfica El Salvador
El Universal México El Comercio Perú El Nuevo Dia Puerto Rico
Listin Diario República
Dominicana
El País Uruguay El Nacional Venezuela