Desechos que generan insumos
No se trata solo una apuesta ambiental, también es una operación productiva
No se trata solo una apuesta ambiental, también es una operación productiva. El principio de la simbiosis industrial es sencillo: el agua, la energía o los residuos que una planta ya no necesita pueden entrar al proceso de otra. Colombia acaba de mostrarlo: el 4 de septiembre, en Cartagena, la Onudi certificó a las zonas francas del Pacífico, del Cauca y Parque Central en el nivel más alto de la norma NTC 6720 de Icontec. Solo en gestión de residuos, la industria gastó $219.442 millones en 2025, según el Dane. Parte de ese costo puede reducirse al convertir desechos aprovechables en materiales con valor. La implementación empieza por medir: cuánta agua entra, dónde se pierde energía, qué residuos salen y en qué condiciones. Sin registros y pesaje en el acopio es difícil cerrar acuerdos, pues nadie puede depender de un insumo cuyo volumen o calidad cambian sin control. Se buscan empresas que generan un material y otras que pueden transformarlo. En la Zona Franca del Cauca, por ejemplo, participan ocho compañías: siete entregan residuos plásticos y una los reincorpora a su proceso. Desde 2022 a la fecha, el esquema valoriza 564 toneladas al año, evita 1.015 toneladas de CO2 y genera cerca de US$47.000 anuales en ahorros. Por su parte, la Zona Franca de Occidente recoge 32.000 metros cúbicos de lluvia y los distribuye por el parque. La industria utilizó 281,3 millones de metros cúbicos de agua en 2025: la captación de lluvia aumentó 12,8% y el uso de fuentes alternativas, incluida el agua reusada, creció 13,7 %. Asimismo, en energía, la ventaja aparece al compartir infraestructura. La Zona Franca del Pacífico cubre con una granja solar más del 40% del consumo del parque y proyectos del programa reportan costos 37 % inferiores al mercado. Igualmente, en Parque Central, en Turbaco, una planta solar flotante cubre parte de la demanda. Su gerente, Bernard Gilchrist, comenta la importancia de esta apuesta: "consolidar un ecosistema empresarial sostenible, competitivo e innovador". Nada funciona sin logística colaborativa, es decir, separar materiales desde el origen, almacenarlos en un punto común, coordinar rutas y contratar servicios en bloque. Tampoco hay certificación sin trazabilidad, ya que la norma exige indicadores auditables de toneladas valorizadas, agua reusada y emisiones evitadas. El margen para crecer es amplio. En cifras, la economía circular aporta $26 billones al PIB, pero nueve de cada diez pesos provienen de servicios; la industria representa apenas $2,1 billones. Las fábricas ya aprovechan el 86,8 % de sus 13,1 millones de toneladas de residuos, ahora el desafío será capturar más valor dentro del parque. "La sostenibilidad no es un costo, sino el motor de la nueva competitividad", señala César Barahona, experto líder de parques eco-industriales de Onudi. Caribe portuario La transición de los parques industriales tradicionales hacia ecosistemas eco-industriales está redefiniendo la competitividad en el Caribe colombiano. Cartagena y Barranquilla lideran este cambio de paradigma: la cercanía física entre refinerías, industrias químicas, siderúrgicas y terminales marítimas permite transformar externalidades y costos en ingresos operativos mediante el intercambio de agua, energía, vapor y subproductos. - Clústeres estratégicos y tracción internacional: en Cartagena, la concentración petroquímica y energética impulsó el desarrollo del Clúster Industrial de Transición Energética, iniciativa alineada con el programa Transitioning Industrial Clusters del Foro Económico Mundial. Por su parte, el corredor de Barranquilla aprovecha la alta densidad de manufactura, química y metalmecánica conectada al río Magdalena para reducir costos de transporte en materiales de bajo valor relativo por tonelada, como se evidencia en programas como Impulso Sostenible de la Zona Franca de Barranquilla. - Plataformas de intercambio y gobernanza: a escala global, modelos como la plataforma digital Teda en Tianjin (China) —con más de 1.000 empresas conectadas y 150 relaciones simbióticas— demuestran que la proximidad geográfica es insuficiente sin gobernanza, trazabilidad y medición de flujos. La simbiosis exige contratos de largo plazo, estándares de calidad constantes y plataformas que crucen ofertas de residuos con demandas de insumos. - Competitividad frente al mercado global: el Cbam eleva la sostenibilidad a requisito para competir globalmente, mientras la integración comunitaria transforma los puertos en nodos productivos sostenibles.