Martes, 15 de Septiembre de 2026

Emilia Mazer en Uruguay: de sus villanas en TV a "Las de siempre", su unipersonal con audios de famosas

UruguayEl País, Uruguay 15 de septiembre de 2026

La actriz Emilia Mazer vuelve a Uruguay con "Las de siempre. Un chat de amigas", un unipersonal que combina humor, vínculos, IA, interpreta cinco personajes y cuenta con voces de varias famosas.

Después de pasar por Montevideo en julio con La ballena, junto a Julio Chávez, Emilia Mazer vuelve a Uruguay, esta vez para ponerse al frente de Las de siempre. Un chat de amigas, un unipersonal en el que interpreta a cinco mujeres y se mete de lleno en el terreno de la comedia.

La obra, que tendrá funciones el jueves en el Complejo Cultural Politema de Canelones, viernes en Sala Teatro MAD en Carrasco y sábado en Bastión del Carmen de Colonia del Sacramento, nació de una inquietud personal de la actriz: volver a hacer un unipersonal y, explorar qué significa ser una mujer de más de 40 en un mundo que cambió las formas de vincularnos. Para eso convocó a la comediante Vero Lorca, que escribió y dirige el espectáculo, y armó una historia atravesada por las aplicaciones de citas, la IA y los grupos de chat de amigas.


La protagonista es Mara, quien tiene una cita por primera vez a través de una aplicación y comparte sus inseguridades en un chat de WhatsApp con sus amigas. A partir de ahí aparecen distintas miradas sobre el amor, el sexo y las relaciones: Mazer interpreta los cinco personajes de la obra: la que quiere separarse, la recién enamorada, la que decidió no comprometerse, la que quiere volver a salir después de varios divorcios y una actriz cansada de todo y todos. Varias actrices argentinas forman parte del chat: Mirta Wons, Iliana Calabró, María Fernanda Callejón, Katja Alemán, Luisa Albinoni, Sabrina Carballo y Dalma Maradona, entre otras.

Con más de cuatro décadas de carrera, la actriz también regresa mientras ensaya una nueva versión de Ocho mujeres, que estrenará en octubre en Buenos Aires con dirección de José María Muscari, trabaja en El Camarín, una obra propia, y continúa escribiendo y desarrollando nuevos proyectos.


¿Qué te atrajo de Mara y de Las de siempre?
En principio, son personajes que están como diseñados a mi medida. Un día me agarró una idea: volver a hacer un unipersonal. Antes había hecho Buscando a Madonna, que traje a Montevideo, y tenía ganas de entrar en una temática de mujeres más grandes, desde el humor. También hacer distintos personajes era un desafío, porque son cinco mujeres distintas.

La obra parte de una cita a través de una aplicación y de un chat de amigas. ¿Qué te interesaba contar de esas conversaciones?
Frente a una cita que va a tener por primera vez a través de una aplicación, Mara lo tira a un chat de amigas y todas, desde su punto de vista, empiezan a opinar y a mostrar en qué situación afectiva están.

¿Y cuánto hay de observación de la vida real en esos diálogos?
Muchísimo. Tengo un chat de amigas, con algunas actrices conocidas, nos llamamos Las Lolas. Después tengo uno con amigas del colegio. Y a todas les he dicho: "Miren que todo lo que se hable acá va a ser utilizado". Se los vengo advirtiendo hace tres o cuatro años. Y hay concretamente anécdotas que obviamente no me pertenecen, pero las he escuchado y pedí permiso.

Hay varias actrices que participan del chat. ¿Cómo fue reunir a toda esa comunidad?
Fue muy gratificante. Un día íbamos a hacer una nota, paso a buscar a Vero Lorca y me dice: "Tenés que estar muy orgullosa porque tus colegas te quieren mucho". Y todas se prendieron: "Sí, obvio, contá conmigo, quiero estar". Yo lo sentía, pero expresado por otra persona que me lo transmitiera fue muy fuerte. Lo siento como un acto de generosidad y de amor.

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Interpretás cinco personajes. ¿Cómo es sostener ese desdoblamiento en escena?
Es un desafío. El chiste para todo trabajo, para mí, es hacer creer que lo hacés de taquito. Pero soy muy obsesiva con el trabajo. Esta semana vengo a hacer función y tres o cuatro días antes estoy ensayando. Nunca hay que dar por sentado nada. Digo: "Sé que funciona", pero la próxima tiene que ser mejor.

¿Qué cambió en vos después de más de 40 años de carrera?
Trato cada vez más de sentirme libre y que eso se transforme y se vea en el trabajo. Pero uno también envejece, aumenta la edad o la experiencia. Entonces, cuando pensé que uno podía tener cierta maestría o cierta experiencia y oficio, es donde más hay que entrenar. Entreno más que a los 20. Como actriz y también entreno más físicamente.

¿La experiencia te volvió más exigente?
Antes era más insegura y hoy soy más perfeccionista. Es casi lo mismo, pero con distintas miradas. Salgo de una función y veo qué luz hay que mejorar, qué ritmo hay que cambiar. Incluso en las últimas funciones me he metido en la dirección. Le he dicho cosas al asistente: "Este texto de acá saquémoslo", "esto tiene que ir con más ritmo", "esta música acá me baja". Todo el tiempo estoy cambiando cosas. No me conformo con saber que la gente se divierte. Si tenemos 70 entradas vendidas, quiero tener 140. Porque la gente no tiene ninguna obligación de venir a verte. Vos tenés la obligación de darle algo de calidad.

Te cambio de tema porque en televisión quedaste asociada a las villanas, en ficciones como Nano. ¿Era divertido hacer de villana?
Sí. Era muy divertido, pero era muy duro que la gente se lo creyera. Como siempre me propuse hacer lo que sea con verdad, trato, tanto en la tragedia como en el drama o en la comedia, de no traicionar la verdad.


¿Y con las villanas qué pasaba?
Me creían. Y me divertía porque muchas veces, por ejemplo, en Nano, tenían que cortar porque me tentaba. Tiene algo de sitcom la villana. Estás a un paso de caer en el chiste. Los argentinos somos muy tangueros y tomamos todo muy en serio, pero Nano fue un éxito en Israel. Una vez, en París, me encontré con un grupo de israelíes que me decían que se cagaban de risa con mi personaje. Me pasó en España que me reconocían en la calle porque estaban pasando Nano años después y era una repetición. Solo me insultaban en Buenos Aires. Afuera se reían.

Después de La ballena, obra con la que llegaste a Uruguay, volvés con una comedia. ¿Sentís que hoy el público busca más reírse?
Creo que la gente necesita comedia, necesita reírse. Para mí también fue un desafío animarme al humor. Es muy gratificante descubrir que un chiste que inventaste, funciona. Parece frívolo, pero es un desafío. Me gusta mucho hacer comedia. La gente me tiene más como actriz dramática por la tele, pero en teatro hace mucho que me llaman para hacer comedias.

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