La increíble historia de la niñera de la KGB
La periodista argentina Laura Ramos publica un libro sobre los niños que cuidó África de las Heras, una espía por más de 20 años en Montevideo.
Existen varios libros ya publicados sobre África de las Heras, una española reclutada para ser espía por la KGB durante la Guerra Civil en España y que cumplió increíbles operaciones en los más de 40 años que estuvo dedicada a la doble vida en la agencia soviética.
Pero una nueva crónica sobre ella tiene la singularidad de estar escrita por alguien que la conoció bajo un disfraz digno de una espía de película. En "Mi niñera de la KGB" (Lumen, 2026), la escritora y periodista argentina Laura Ramos (1956) da cuenta de la historia de África, o más bien de María Luisa, como se hacía llamar, la amiga de su madre con la cual ella y su hermano a veces pasaban la tarde al salir del colegio en Montevideo, en espera de que los vinieran a buscar.
"Tuve acceso, por haber sido uno de los niños de María Luisa, a un material que ningún otro biógrafo pudo llegar, porque yo era voz viviente e hija y ahijada de sus amigos más íntimos", señala Laura Ramos a "El Mercurio". "La importancia de mi voz no es tanto en cuanto a niña cuidada por ella como niñera, sino como hija del grupo de amigos de María Luisa", agrega la periodista, autora, entre otros libros de crónica, de "Corazones en llamas" (1991), "Buenos Aires me mata" (1993) y "Las señoritas. Historia de las maestras estadounidenses que Sarmiento trajo a la Argentina en el siglo XIX" (2021), entre otros.
Rebobinando en la historia, África de las Heras nació en Ceuta, en 1909, de una familia acomodada. A los 18 años, en 1928, se casó con un militar. De este matrimonio nació un hijo en 1931, que murió a los seis meses, según pudo descubrir Ramos, porque la futura espía contó diversas historias sobre ese niño a lo largo de su vida. El matrimonio duró poco, y África, separada, y su madre, viuda, terminaron viviendo en Madrid, hacia 1933. Fue allí donde terminó de vincularse con movimientos de izquierda y revolucionarios, y cuando comenzó la Guerra Civil, en 1936, ya participaba activamente como militante comunista, con nueva residencia en Barcelona.
En 1937, África fue contactada y reclutada por los soviéticos, y en los años posteriores recibió adiestramiento como espía y participó en el asesinato de León Trotsky, en México, en 1940. En la Segunda Guerra Mundial, estuvo en la línea de batalla por la Unión Soviética y adoptó su nombre clave de espía: Patria.
Su llegada a Montevideo fue por orden de la KGB, para instalar una red de espionaje en el Cono Sur y transmitir información directa a Moscú. Para hacer creíble la historia, África, ya convertida en María Luisa, se instaló en París como una modista de alta costura, viuda de un republicano español. Ahí debía enamorar al escritor uruguayo Felisberto Hernández, bohemio, pobre y becado en Francia. La artimaña resultó y África se casó con el escritor y en 1949 ya estaba instalada en Montevideo, donde tuvo acceso al mundo cultural de la ciudad. Juan Carlos Onetti, Ida Vitale, entre otros, conformaron un círculo de amistades que poco a poco fue creciendo. La espía se separó de Hernández a poco andar, y luego apareció casada con un italiano, que también era espía de la KGB.
En esos primeros años conoció a la madre de Laura Ramos en Montevideo, Faby Carvallo, quien volvió a la capital uruguaya a inicios de los 60, después de separarse, con sus dos hijos. Fue ahí donde María Luisa/África entró en sus vidas.
La escritora señala que la historia de esta espía se supo a mediados de la década del 90, cuando se abrieron algunos archivos secretos soviéticos, pero justo coincidió con el período de duelo por la muerte de sus padres -trotskistas acérrimos- y ni ella ni su hermano se enteraron de esto. Solo recién en 2018 tuvieron conocimiento de estos hechos. Enterarse de que María Luisa/África estuvo involucrada en la muerte de Trotsky, que para ella "tenía una connotación afectiva, era como si fuera un tío al que no pudimos conocer, que había huido del gran enemigo que era Stalin", le producía un tremendo rechazo.
Pero a medida que fue indagando, dio con otro foco. "Viajé a Montevideo, me encontré con el profundo dramatismo de las víctimas, digamos así, de María Luisa. Me di cuenta de que ahí había pasión, de que había sangre, de que había amor. Y la historia me cautivó. Me pareció que ya no se trataba de una historia política, del comunismo y el trotskismo y de la Segunda Guerra Mundial, como parecía en un primer momento".
Entre las descripciones del libro, resulta impactante cómo De las Heras mentía e inventaba historias, muchas innecesarias a pesar de su trabajo. Para Ramos, quizás "era una mentirosa compulsiva que le gustaba mentir, y esta tarea de espía le calzó perfecto". También se aventura con otra hipótesis, que vislumbró en un viaje que hizo a Ceuta, donde conversó con una sobrina nieta: "Palpé que ella no estaba cómoda con esa familia que tenía, no porque tuviera alguna falencia, sino por su ubicación en esta", explica, sobre una hermana mayor muy atractiva.
En el libro, Ramos describe sus encuentros con los niños de esa época, hoy adultos, que recuerdan para bien y para mal sus vínculos, y los de sus padres, con De las Heras. También tuvo acceso a material desconocido por otras investigaciones que le permite configurar hipótesis sobre la verdadera personalidad de esta mujer.
África de las Heras vivió casi 20 años en Montevideo y salió de ahí para hacer otras acciones de espionaje alrededor del mundo. Murió en Moscú, en 1988.